• Conversemos

  •  

Sobre los 'polos' que se toman selfies en el gym

Todos tenemos uno. Esa excompañera del colegio que luego vemos convertida en toda una maratonista gracias a las fotos de la carrera del domingo que, cada lunes, saturan el newsfeed de Facebook. También, ese compañero del trabajo que muestra sus bíceps o esos six pack con los que uno quiere, repentinamente, aprender a jugar ajedrez. Tampoco falta la que enseña cómo logra pararse de manos gracias a las asanas de yoga o el que predica la conversión de grasa en músculo desde los evangelios del CrossFit.  

Es posible que hasta usted sea uno de estos “arquetipos” de las redes. Si lo es, deberá saber que este texto no va para usted. Va para los otros que entran a las redes sociales, lo ven a usted y dicen: qué polo, a mí qué me importa, este mae si que busca llamar la atención, que falta de autoestima.

En algunas ocasiones, tienen razón. El acto de tomar la cámara frontal del celular o un selfiestick para fotografiarse a sí mismo no busca solo una imagen para nosotros mismos, sino para mostrar a los demás. El selfie es una manera de modular como somos percibidos en una era en que la imagen es lo más importante y la información se actualiza cada segundo.

Nadie arroja la foto de sus pectorales a un muro solo para compararse con la persona fofisana que era hace un año. También busca los likes que, a fin de cuentas, buscan todos en las redes sociales: es decir la aceptación, la apropiación a un grupo y la autoafirmación. Es la misma empatía que el ser humano ha buscado desde siempre en las religiones y los equipos de fútbol.

A la vez, el selfie puede convertirse en un arma de doble filo: en una necesidad para buscar fuera lo que no se encuentra dentro de sí y forzar su realidad para encajar. Algunos estudios han demostrado una relación entre la cantidad de likes que recibe nuestro selfie y la satisfacción que sentimos hacia nosotros mismos.

Todo puede reducirse a ser un polo irremediable.

Eso era justo lo que yo veía en cada una de esas fotos: gente urgida por atención. Luego, la vida me mandó a la otra acera y pude ver el reverso de cada imagen “pola”: allí hay constancia y disciplina de meses, madrugadas o desveladas, el invertir tiempo para cocinar más y comer mejor.

Somos la primera generación que está consciente que alimentarse de basura y ser sedentario le hará vivir menos o vivir peor. Por lo tanto, hacer algo para evitarlo no es un mérito digno de ignorar ni un estilo de vida menos “compartible” que la foto del viaje al extranjero, de la boda, de las birras de la noche anterior o las galletas que alguien cocinó. La vida es una colección de momentos y cada uno elige cuales son los suyos y cómo los muestra; de la misma manera, que todos tenemos derecho a escoger cuáles vemos y dónde damos click en “ocultar”.

Finalmente, hay algo de valentía en subir una foto en lycra a Internet. Pocos espacios son más despiadados e inclementes que una red social. Es el lugar donde es más fácil criticar sin consecuencias y quien sube una foto se expone a ello. Si bien algunos se apoyan en las redes para alimentar su amor propio, otros necesitan llegar a un nivel de amor propio digno para mostrarse sin más. Todo depende de la actitud con la que se tome.

Al publicar el selfie frente a los espejos del gimnasio se hace un compromiso público: es una especie de “estoy aquí lleno de defectos pero soy mejor que antes y me comprometo a no volver atrás”. Sí, es cierto, a nadie le interesa un carajo si estamos menos gordos o no. Pero a uno sí.

PUBLICADO: 21 de Marzo, 2016 AUTOR:

La percha

Por Melissa Hernández

Lo que está en tendencia sobre las pasarelas, en el armario, la alacena, el menú de los restaurantes, el gimnasio, los estantes de las librerías y en el torbellino de las redes sociales. Desde los selfie sticks y las leggins tribales hasta la alta costura, en La Percha se guinda todo aquello que valga la pena mencionar.