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Cuando el sushi se convirtió de burrito (y yo me enamoré)

Soy de la firme convicción de que, cuando un occidental cree que ha hecho algo bien, puede estar seguro de que un oriental ya lo hizo mejor, unos diez años antes. Así pasa con la tecnología, la comida, las matemáticas, la halterofilia, la gimnasia... Sin embargo, existe una comida donde la creatividad de nuestro lado del mundo no ha hecho más que mejorar lo que, de por sí, ya era maravilloso: el sushi.

Este plato llegó tarde a mi vida pues, tras ser vegetariana nueve años, lo probé hasta los 22 (perdónenme, no sabía lo que hacía). Al primer bocado lo odié, al segundo lo toleré y al tercero lo amé sin fin. El sushi es un gusto adquirido que se ama o se odia. Quienes lo amamos, morimos de antojo de solo recordar esa mezcla de sabores, bañada en salsa sobre la boca.

Recientemente, los restaurantes buscan darle nuevas formas y las redes sociales son la prueba de ellos. La tendencias es comerse en sushi en forma de hamburguesa, en un cono o como burrito.

En Costa Rica, no son muchos los locales que se aventuran en tal empresa. Tsunami Sushi es uno de esos que, recientemente, introdujo en su menú un sushirrito: lo mejor del sushi en forma de burrito mexicano. Envuelto en un alga nori, mezcla aguacate, camarón tempura, salsa Sriracha y -alabado sea el chef- plátano maduro.

El resultado es dulce-salado-crujiente-cremoso a la vez, en una porción ideal para almorzar sin quedarse con vestigios de hambre. A la vez, es fácil de comer -por aquello de no dominar esa bachata ojo mano para agarrar palillos chinos-.

Previo a su lanzamiento, en Perfil hicimos un Facebook Live para presentar esta receta, se los dejo por acá, por si aún dudan de comerse en sushi en otra presentación.

La percha

Por Melissa Hernández

Lo que está en tendencia sobre las pasarelas, en el armario, la alacena, el menú de los restaurantes, el gimnasio, los estantes de las librerías y en el torbellino de las redes sociales. Desde los selfie sticks y las leggins tribales hasta la alta costura, en La Percha se guinda todo aquello que valga la pena mencionar.