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El reto de dejar el carro para viajar en bici

Desde hace poco más de un año había postergado la decisión de comprarme una bicicleta, una de esas que además de verse bonitas son buenas. Lo barato fue un poco más complicado de encontrarlo.

Como debía literalmente empezar de cero, los foros y cuanta página de bicicletas había en Internet, se convirtieron en mis nuevos artículos de lectura.

Para este punto, la idea de una bicicleta se me metió, como dicen, entre ceja y ceja. Al fin logré comprarla y, ahora, a tirarme a la calle.

Mi primera cleteada fue de 23 kilómetros. Pasé por Ochomogo, subí por la Angelina y bajé el Seminario en Dulce Nombre de La Unión, hasta regresar a Tres Ríos.Todo un logro para ser la primera vez.

Debo confesar que aquellas cuestas que están cerca del parque de Bicicletas y El parque Río Loro definitivamente pusieron en la cuerda floja aquella decisión de tener una bicicleta.

La fuerza, la resistencia y la decisión se vieron en jaque. Pero todo vuelve a su lugar cuando se termina el recorrido.

Luego de muchos "aún es muy pronto, es muy peligroso, y usted está media loca", me animé a ir al trabajo en bici, dejar el carro de lado y romper de una vez por todas el mito de no poder hacerlo.

Tenía un poco de temor: no me preocupaba tanto si mis piernas aguantarían la ruta, sino el mar de carros que se confabulan a hora pico.

En total son 13 kilómetros entre Tres Ríos y Tibás, que los logro terminar en 31 minutos de venida y casi 50 de regreso.

Llegar al trabajo temprano, ejercitada y sin estrés justifica el pedaleo.

En la tarde, se me unió el aguacero casi a la mitad de la ruta. Las gotas de agua se empezaron a colar por la ropa. Sin pensarlo, pasé al primer establecimiento en ruta, pedí una bolsa para el celular y me volví a montar en la bici. Opté en llamar para que me recogieran, así como cuando uno estaba en el cole y se queda botado, pero luego pensé que tardarían más en llegar por mí que lo que yo duraría yendo con más cuidado.

Este fue el día de las cosas nuevas pues también se me cayó la cadena. No estaba muy segura de cómo colocarla, pero ya había visto un par de tutoriales en internet, creo que sí funcionan.

Siguiendo el camino, las frases alentadoras no faltaron: "Muchacha, usted realmente está loca", me animó un motociclista.

Una hora después de que había salido del trabajo ya estaba en mi casa. Sí empapada, pero sin estrés y con un montón de mensajes de mis compañeras de trabajo haciendo porras de lo que para mi es toda una novedad.

Andar en bici es todo un éxito: ahorro de gasolina, tiempo, hago ejercicio mientras me traslado y, lo mejor de todo, es que no acumulo estrés.

Este día por la noche me encontré un grupo que se llama BiciBus, una idea muy chiva para motivar a otros a viajar en bici al trabajo. Pero este será otro post.

¿Alguien más está dispuesto a cambiar el carro por la bici?

PUBLICADO: 01 de Septiembre, 2016 AUTOR:

#Lochivadelavida

Por Andrea González

Construir la vida cada día a punta de experiencias. Cada mañana me levanto pensando en que cosas buenas van a suceder porque de algo estoy segura uno la vida es lo que uno decide que sea. Salir de la rutina, atreverse a probar cosas nuevas, romper miedos, descubir nuevos talentos, disfrutar de las pequeñas cosas, salir de paseo... hacen que la vida se llene de giros de energía y que nos impulsan a lograr metas. Precisamente de estas dosis de energía es que se trata este blog, un espacio para contar experiencias y retos.