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Una recreativa de ciclismo de montaña, ¡quién dijo miedo!

Cuando Alejandro Fernandez, un amigo y no el cantante, me dijo que fuéramos a una carrera recreativa no lo pensé dos veces, de buenas a primeras dije que me apuntaba.

Ya había salido a dar una que otra vuelta, pero el hecho de llamarse recreativa genera una sensación de que uno debe terminar a como de lugar.

A las 7:00 a. m., llegamos al Parque Nacional Volcán Turrialba, desde donde salía la MTB Eco Clásica Entre Volcanes, con una ruta de 32 kilómetros hasta la meta.

Como buenos ticos, esperamos hasta esa misma mañana para registrarnos. La verdad soy de las que no apoya mucho este tema de lucrar por una carrera. Al menos en atletismo, que era donde tenía más experiencia; pero bueno, ni modo.

El asunto es que en esta no me iba a ir de mojada. Era la primera en mi vida y, además, no es lo mismo andar en lastre que sumergirse en media montaña para desafiar ante la naturaleza mis propias habilidades.

La mayor parte del recorrido fue de bajada. Al salir del parque, entramos en una carretera de lastre que nos llevó en medio de paisajes únicos. Lugareños sacando a sus vacas para el ordeño, casas antiguas y hasta fincas abandonadas por los estragos que desde hace un par de años viene haciendo el coloso.

Ese día estaba un poco frío y, aunque recorrimos las faldas del Turrialba, la neblina impidió poder ver al gigante.

Se puede decir que esta fue una ruta "técnica", que según los expertos es cuando no se exige tanto fisicamente, pero sí se ponen a prueba las capacidades para maniobrar. Yo debo trabajar un poco más en este último punto.

Los primeros 14 kilómetros se pasaron en un abrir y cerrar de ojos. De aquí en adelante es cuando entra a prueba todo lo que en algún otro momento pude haber escuchado, aprendido o visto sobre cómo bajar adecuadamente una pendiente.

En el momento, y por más que me lo digan, creo que es dificil digerir nuevas instrucciones y ponerlas en práctica, pero no es imposible, los consejos de quienes tienen más experiencia siempre son de gran ayuda. 

Que el trasero lo más atrás posible, bajar el asiento, rodillas y brazos un poco flexionados pero no tanto para no lesionarse y tampoco tan firmes para permitir que amortigüen, andar sin dudar, ver primero la ruta y sobre todo "saltar de la bici si se ve venir una caída".

Bueno, yo no vi venir la caída. ¡De verdad que no la vi! Cuando me di cuenta, estaba ahí en el suelo, con la bici enredada en la pierna izquierda y la derecha toda golpeada contra una piedra.

Lloré, eso no me cuesta, pero el dolor era fuerte. Creo que quienes venían cerca sí se asustaron más de lo debido y fue el "agua bendita", de esa que le echan a los jugadores de fútbol, la que me calmó los nervios más que el dolor. Por suerte no pasó a más.

Luego no faltó quien me dijera que en ciclismo de montaña no se llora, jajaja... Bueno, tendré que prácticar frente al espejo para la próxima. 

Es divertido cómo este continúa siendo un deporte dominado por hombres,  y cómo les causa asombro ver a una que otra mujer bajando por la misma ruta. Por cierto: ¡súper cargas todas! 

"Mirá la guila bajando", escuché por ahí, seguido de un "uy mi próstata" luego de un fuerte golpe contra la barra. 

Aunque ando con las rodillas moradas y un poquito raspadas, la verdad es que estoy muy feliz de no haberlo pensado dos veces y de haberme dicho: ¡quién dijo miedo!

¿Quién más se apunta para otra recreativa?

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PUBLICADO: 28 de Junio, 2017 AUTOR:

#Lochivadelavida

Por Andrea González

Construir la vida cada día a punta de experiencias. Cada mañana me levanto pensando en que cosas buenas van a suceder porque de algo estoy segura uno la vida es lo que uno decide que sea. Salir de la rutina, atreverse a probar cosas nuevas, romper miedos, descubir nuevos talentos, disfrutar de las pequeñas cosas, salir de paseo... hacen que la vida se llene de giros de energía y que nos impulsan a lograr metas. Precisamente de estas dosis de energía es que se trata este blog, un espacio para contar experiencias y retos.