• Conversemos

  •  

MODULE:PERAdvertisementEspecialLoadMO

De barbies posibles y reivindicaciones del espejo

Las barbies se fueron de fiesta antes de que yo supiera lo que significaba irse de fiesta. Las barbies se casaron y durmieron con Ken antes de que yo supiera cómo se hacían los bebés. Las barbies, modelo de vida, cintura diminuta, cabello hasta las nalgas. Las barbies, lo único (y lo máximo) a lo que se podía aspirar en la vida.

Barbie real.
FOTO: ampliar

Mis papás unían aguinaldos para comprar la del momento. Mis papás no sabían que yo había dejado de comer chocoletas porque la vecina decía que me iba a poner gorda y ser gorda era el antónimo por excelencia de ser Barbie. No sabían que me amarraba un trapo en la cabeza para simular su pelo largo, que me apretaba las fajas a la cintura hasta quedarme sin respiración para imitar sus medidas imposibles. Mis tías no sabían que cuando me llamaban "rollito de canela" a mí y "barbie de repisa" a mi prima, me estaban metiendo una estaca en el vientre que yo me sacaba dejando de comer maduros con queso después del almuerzo.

Era lo normal. Lo normal era que uno quisiera parecerse a Barbie. Lo normal, pensaría la creadora de Barbie, Ruth Handler, era que a su hija le gustara j ugar con muñecas que aparentaran más edad que ella, que fueran más bonitas que ella.

De aquella creación ya pasaron 54 años. De aquel día en que mami me vio botar la chocoleta entera y decidió llevarme a un sicólogo, casi 20. Hoy es julio, es 2013 y alguien publicó la noticia de que había creado un modelo en 3D de una barbie basada en la mujer real americana. Una barbie regordeta, de cara plana, culona, de piernas gruesas. Una mujer, digamos, posible.

Nickolay Lamm, creador de este modelo, sabe lo que una de estas muñecas puede significar para una niña y lo cita con estudios: insatisfacción con su cuerpo, hábitos alimenticios dañinos para la salud y mala alimentación por el deseo de ser delgada.

Barbie real.
FOTO: ampliar

A simple vista, el modelo en 3D está feo. "Le pusieron los hombros demasiado arriba, tiene la cara rara, es demasiado culona", dijimos en la redacción. Claro, porque está a la par de Barbie Imposible (aunque en realidad sí está fea).

Pero si nos quitamos un ratito el velo, nos damos cuenta de que nos cuesta vernos representadas como somos. Nos cuesta vernos al espejo sin maquillaje, desnudas, sin cremas, sin cera. Nos da vergüenza con nosotras mismas. No nos parecemos a Barbie. No somos Barbie. Y no lo somos, porque no hay tal.

La iniciativa de Lamm tiene su antecedente en una serie de imágenes de Barbie y Bratz que, aún sin maquillaje, las mostraba hermosas. Y responde al nuevo fenómeno de retratarnos así con panza, así con estrías, así con celulitis, así con ojeras, así arrugaditas.

¿Por qué no queremos vernos al espejo como somos?

Respondemos a lo que quieren ver los hombres, o lo que ellos creen que quieren ver de nosotras. A un modelo inexistente. A unos estándares sin sustento.

Y sí, las verdades se nos apuñan violentamente en la cara sin maquillaje y nos remiten al mismo cliché de siempre "quererse tal y como uno es", pero ahora con un poquito más de razones. Ahora la barbie también puede tener panza.

PUBLICADO: 24 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Perfiles

Por María Fernanda Cruz

La bruja, la que luchó por votar, la que cuida a su bebé en África, la que dirige un país, la que saca suspiros con canciones. La que nos sulfura, nos noquea, nos enamora. Un blog de todas para ver el mundo a través de ella, de sus ojos. Y de nosotras, las protagonistas de esta historia.