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Las esferas: promesa de una identidad

Cuando Maritza nació, la bananera todavía estaba allí. Lo malo, para ella, es que se fue poco después. Maritza es de apellido Jiménez. Cuando la conocí, el año pasado, me sorprendió ver lo peleona que era. Una señorota, mamá de una nieta, hija de una bananera; cejas tatuadas, ojos pequeños, mirada nerviosa. Vive en Palmar Norte, cuida de una viejita rubia que no la ayuda en nada más que en la nostalgia y le da posada a periodistas e investigadores que vienen a conocer las esfera de piedra, ahora mundialmente famosas. 

Osa es un cantón heterogéneo porque la Compañía Bananera había atraído a hombres de Nicaragua, Panamá, Honduras, el Valle Central. Había desplazado, además, a los indígenas y había buscado a capataces de pelo amarillo y ojos verdes.

Finca 6-Palmar Sur. Las famosas esferas de piedra, creadas por nuestros antepasados entre el 300 a.C. y el 300 d.C., tienen su lugar en el sitio Museo Finca 6 en Osa. Un terreno de 10 hectáreas contiene los dos únicos alineamientos originales de esferas, convirtiéndolo en uno de los destinos más importantes para conocer el pasado precolombino de Costa Rica. También podrá encontrar un espacio para visitantes donde es posible informarse sobre estos tesoros arqueológicos.
FOTO: GN Studio ampliar

A los habitantes de Osa, la bananera les daba estudio, zapatos, trabajo, comida. Les daba identidad. Pertenecían a un mundo seguro en el que todo estaba dado. Había que trabajar, pero la paga estaría ahí al final de la semana y el techo también. Quizás por eso, cuando la United Fruit Company partió definitivamente del país, los pobladores se sintieron desamparados. A Maritza, por ejemplo, le habría encantado morirse sabiendo que todavía quedaba bananera hijos y nietos.

En cambio, al pueblo le tocó buscarse otra forma de sobrevivir. Los hijos de la arquitectura inglesa, de los rituales anglosajones, de la estabilidad proveniente del norte siguieron a su ritmo, costeándose su propia vida. Siempre tuvieron en frente unas piedras redondas que la gente empezó a llevarse para los parques de otras partes del país e incluso para las casas. Las consideraban mágicas, misteriosas, dueñas de alguna verdad oculta, pero nada más. Los antropólogos comenzaron a preguntarse, desde hacía muchos años, qué hacían esas piedras tan redondas y perfectas ahí. 

Los habitantes de Osa se enteraron de que las esferas tenían una historia precolombina para contar y que eran buenas para atraer curiosos (curiosos con plata). En la década de los 80 el turismo se volvió su principal fuente de ingresos, las playas, los delfines y aquellas piedras redondas y misteriosas atraían a la gente. Entonces el pueblo comenzó a cuidar lo que era suyo.

En medio de un desempleo creciente y una ecomonía deprimida, las esferas han sido su propio rayito de luz.

Lo que la gente añora de los años de la bananera es el trabajo, dice Alberto Cole, alcalde de Osa. En otras palabras, si en las esferas se encuentra esa fuente de orgullo y trabajo, la gente podría dejar de añorar. La gente quiere sentirse parte de algo pero también necesita comer todos los días.

Ahora, no solo son parte de una lucha por cuidar las esferas y dejarlas en su sitio, sino parte de un orgullo nacional cuyo mérito se derrama sobre sus cabezas. El título de Patrimonio Mundial no hubiera llegado sin esa gente que regaña al chiquito por subirse a la piedra con los zapatos sucios, la que se amarra a las esferas si intentan llevársela, la que reclama hasta que le expliquen por qué no pueden devolver las que están afuera.

Doña Maritza, una de esas dirigentes que es capaz de exigirle cosas al alcalde, cruza la pata frente al tele y ve Combate diciendo que "qué chiquillos más chingoretos, ¿no se resfriarán?". Su nieta baila al lado y la viejita a la que cuidan duerme en su cuarto. Después de un rato me cuenta sus peripecias tratando de defender las esferas que hay en Palmar Norte y los cuidados que debería tener la municipalidad antes de que llegue el tumulto de gente que viene a verlas. Más adelante dirá una frase cliché que, sin embargo, es capaz de resumirlo todo: "las esferas son nuestro tesoro".

Tenemos un nuevo tesoro, costarricenses. ¡Felicidades!

PUBLICADO: 23 de Junio, 2014 AUTOR:

Perfiles

Por María Fernanda Cruz

La bruja, la que luchó por votar, la que cuida a su bebé en África, la que dirige un país, la que saca suspiros con canciones. La que nos sulfura, nos noquea, nos enamora. Un blog de todas para ver el mundo a través de ella, de sus ojos. Y de nosotras, las protagonistas de esta historia.