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Las feministas. Las que cumplen 90 años.

Eran los 1900 tempranos y esa que escribía era una mujer que proponía la descabellada idea de que las mujeres votáramos. Ángela Acuña Braun, primera abogada de Centroamérica y Costa Rica y una de las pioneras en la lucha por el voto femenino, suscribía aquella publicación y muchas otras que parecían sacadas de contexto: ¿a quién se le ocurriría que la mujer podía votar, si eran seres humanos inferiores?

Ángela Acuña Braun.
Ángela Acuña Braun fue una de las feministas más determinantes en la lucha por el voto de la mujer. FOTO: ampliar


Lo decía la Ley Electoral, en su Artículo 3, Inciso C. “ No pueden votar los inhabilitados por razones políticas, los criminales, los locos, los imbéciles, los dementes, los sordomudos, los analfabetos, los insurgentes y las mujeres”. No creo que haga falta explicar más.

Pero lo que sí hace falta es contar cómo es que llegamos aquí, a ser ciudadanas dignas de sufragar.

Para poder votar, las mujeres se reunieron primero en un movimiento que se llamó la Liga Feminista, creada hace 90 años por maestras como Carmen Lyra, que eran las principales insurgentes de la época.

El voto les fue negado durante 30 años porque a los diputados les parecía que las mujeres eran “demasiado puras” como para meterse en ese mundo sucio de la política. Creían, por ejemplo, que las mujeres del trópico eran “muy apasionadas” y que enredarían su vida sentimental con la vida pública. Aseguraban, además, que su mayor orgullo en la vida debía ser la maternidad. ¿Qué más podrían pedir?

Las explicaciones se repitieron una y otra vez. En tres ocasiones, Ángela Acuña presentó la solicitud ante el Congreso de la República, que respondió con negativas o con requisitos imposibles para la mayoría de la población de la época: contar con una propiedad a su nombre, tener bienes escritos por ¢3000, ser madre de más de cuatro hijos (o en su defecto, ser viuda, pues no tenía hombre que la representara), ser educada hasta la primaria. Y otros etcéteras absurdos.

Carmen Lyra.
FOTO: ampliar

La rebeldía tenía distintos matices. Algunas mujeres también querían votar para que sus hombres dejaran de ser adúlteros: nos reuniremos –publicó una anónima– y votaremos por quien se vuelva hacia nuestros fuegos. Exigimos independencia económica, facultad de los derechos del amor y (muy importante) ¡castigo para los infieles!

No necesariamente todos los hombres eran "enemigos". Algún pretendiente de Ángela Acuña, por ejemplo, le diría que él no estaba de acuerdo con su lucha, pero que la dejaba hacer, con tal de que fuera su novia. La dejaba. Porque en aquel momento, las mujeres que no pedían permiso eran raras.

Antes de 1950, cuando la primera mujer votó, el movimiento feminista se plantó contra la dictadura de los Tinoco, participó en la promulgación del Código de Trabajo, peleó por el el derecho a ser juezas y alcaldesas en el poder judicial y hasta dicen que quemaron un periódico.

Revolucionarias, sí. Pero que nadie diga que el derecho al voto fue un regalo. Ellas –nosotras– nos lo ganamos en tres décadas de luchas.

Ojalá no lo olvidemos nunca porque podrían pasar otros treinta años para ganarnos, por ejemplo, el derecho a decidir sobre nuestro útero como lo hacemos sobre nuestro voto.

Fuentes: Marta Eugenia Solano, Teresita Ramileni y Ana Lorena Flores, panelistas de "La liga feminista y los derechos políticos de las mujeres: 90 años de luchas".

PUBLICADO: 24 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Perfiles

Por María Fernanda Cruz

La bruja, la que luchó por votar, la que cuida a su bebé en África, la que dirige un país, la que saca suspiros con canciones. La que nos sulfura, nos noquea, nos enamora. Un blog de todas para ver el mundo a través de ella, de sus ojos. Y de nosotras, las protagonistas de esta historia.