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Espiar y fisgonear

Dilma Rousseff, Ángela Merkel, Francois Hollande… presidentas y presidentes y altos funcionarios de gobiernos de todo el mundo y hasta el Papa Francisco, están indignados con los gringos por el espionaje despiadado que han hecho de ellos y del que nadie se hubiera enterado de no ser por Edward Snowden, antiguo empleado de la Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) que lo denunció globalmente. O sea, no hay peor cuña que la del propio palo…
Pero lo que me causa gracia es que, en el fondo, lo que han hecho los estadounidenses es d arse una gran fisgoneada de todo lo personal e íntimo de todas y todos estos líderes mundiales.
Imagino a los “espías” escuchando, alelados, las intimidades de Ángela Merkel o las del francés o el español, Mariano Rajoy… O las decisiones delicadas de alto gobierno de Dilma Rousseff y, supongo, que del mismo Vladimir Putin, tal y como lo pintan las películas estadounidenses que han abordado este tema mostrando a l os espías como unos fisgones con actitud vouyerista, complacidos, disfrutando del morbo…
Ah! Pero eso de espiar es un acto “inteligente”, aunque sea un descarado fisgoneo, pero si somos las mujeres las fisgonas, ahí cambia la cosa. De hecho, esa etiqueta de “viejas de patio”, “vinas” –encarnado por el legendario personaje de doña Vina, de Carmen Granados--, refuerza ese estereotipo vil y cruel, que nada tiene que ver con nuestro sexo, ya que el fisgoneo está ligado a la condición humana.
Y si a las pruebas nos remitimos, la mayor institución del fisgoneo es precisamente, el espionaje, impulsado principalmente por instituciones patriarcales controladoras de todo, como el Gran Hermano que no puede dejar de verlo todo. No en vano, este destape le ha costado muy caro al presidente Barack Obama, cuya popularidad está en el nivel más bajo de su administración.
Pero retrotrayendo a nuestro país el fisgoneo, la muestra más patética de que no somos más “vinas” las mujeres sino, los hombres, se da cuando hay un accidente de tránsito por más nimio que sea. El denominado por las autoridades de tránsito “efecto mirón”, es básicamente masculino. ¡Observen! Cuando eso sucede, quiénes son los que aminoran la velocidad para “observar” el recuento de los daños…
Fisgonear es una condición humana, no es de “viejas de patio”, no. Hay personas, sin importar su sexo, que les encanta husmear en la vida de los demás –para ellas, el Facebook es un platillo exquisito--, mientras que a otras les importa poco.
Cabe recordar la primera definición de “espiar” de la Real Academia Española: “Acechar, observar disimuladamente a alguien o algo”; y la de fisgonear es: “fisgar, husmear por costumbre”.
O sea, que eso de espiar “por costumbre” a todo el mundo, se convierte en el fisgoneo más grande del mundo.

PUBLICADO: 30 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Vuelta de hoja

Por Thais Aguilar

Para explicar cómo funciona y para qué sirve la perspectiva de género en la vida cotidiana... Es muuucho más que hablar de “los” y “las”, les aseguro que se sorprenderán al darle vuelta a la hoja y aprender a mirar con otros ojos...