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No juzgar el abandono materno

Ocurrió la semana pasada. Una persona escuchó un llanto de bebé salir de un basurero, en una calle de un barrio de clase media, una húmeda y fría noche. Era de una bebé que, al parecer, aún tenía adheridos la placenta y el cordón umbilical. Llamaron a Emergencias y rescataron a la criatura, quien ya está totalmente recuperada.
Una noticia de esta magnitud impacta, si, por la indignación que provoca en cualquier persona semejante abandono.
Sin embargo, se han preguntado alguna vez ¿qué puede llevar a una mujer a realizar semejante acto de abandono?
Resulta que, aparentemente, la bebé es de una chica de apenas 16 años, según indica la prensa nacional, que ha centrado la cobertura en el acto vil del abandono y en que a la muchacha no se le impusieron medidas cautelares.
Pero esa bebé no se gestó sola. Hay padre y por ellos nunca nadie pregunta, ni siquiera nos lo cuestionamos.
Esta situación viene a engrosar la cifra que se mantiene intacta desde hace casi 30 años, y es que el 21% de los nacimientos de primerizas en Costa Rica corresponde a mujeres adolescentes, la inmensa mayoría, embarazadas por hombres adultos, muchos bastante mayores que ellas en edad –y experiencia, obviamente--.
Compadezco a esta joven madre y me la imagino profundamente angustiada por la mezcla de sentimientos de culpa, por el juzgamiento y ridículo que ha de estar viviendo, el infierno de ser señalada como una deshumanizada, mala madre, monstruo, desalmada, vil, cruel, etc, etc, etc.
Ojo, nada de esto se le achaca al padre biológico, insisto. Porque a estas alturas del siglo XXI y de los avances en materia de derechos e igualdad, a las mujeres se nos sigue responsabilizando, casi en un 100%, del cuido de la prole, se nos sigue machacando con el mandato de entregarnos a los otros, de lleno, sin egoísmo, de “puro amor”, como si estuviéramos del todo solas en este planeta.
Y por otro lado, me pregunto si el embarazo, sin duda angustioso y no deseado de esta muchacha, no será producto de una violación, una violación en cita –muy común y de lo que poco se habla, porque suelen ser perpetrados por parte de novios o conocidos de la joven mujer--, de un abuso sexual de algún pariente, o simplemente del escaso y nulo acceso que tienen nuestros adolescentes a métodos de protección contra infecciones de transmisión sexual (ITS) y embarazos no deseados.
Con el fortísimo mandato de la maternidad como imposición, y no como una opción libre y deseada en el momento en que una quiera y pueda, --mandato que también aplica a la paternidad y recae, aunque no tan fuerte, sobre los hombres--, sumado a la explosión hormonal normal y humana, propia de los seres humanos en la adolescencia, es hora de que nuestra sociedad erradique de raíz la ridícula idea de querer controlar esa rica sexualidad adolescente, recetando control, castigo y rezos, sin acompañar a la población adolescente en este proceso de crecimiento con comprensión, afecto, mucha información y acceso libre y de calidad a los mejores métodos de contracepción y protección.
Por otro lado, también es hora de ponerse en los zapatos de estas madres que, en un acto desesperado, llegan a un abandono de semejante magnitud, por las razones menos sospechadas y, para rematar, terminamos juzgándolas.
Detrás de un hecho así suele haber una historia de abuso, profunda violencia, verdaderas historias de terror que no solemos ver ni preguntarnos.
Y, lo peor, es que nadie pregunta por el primero en abandonar a esa bebé: su padre biológico.

PUBLICADO: 30 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Vuelta de hoja

Por Thais Aguilar

Para explicar cómo funciona y para qué sirve la perspectiva de género en la vida cotidiana... Es muuucho más que hablar de “los” y “las”, les aseguro que se sorprenderán al darle vuelta a la hoja y aprender a mirar con otros ojos...