La revolución de la cocina: ¿Cómo combatir al consumismo desde nuestra propia cacerola?

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L, esta soy yo: una profesional que ha  trabajado en proyectos de investigación tecnológica en toda América Central que tomó la decisión de cocinar. No porque eso es “lo que me toca por ser mujer”, sino porque esto es lo que me apasiona. Quien habla es Adriana Sánchez: 33 años, filóloga, chef empírica. Una mujer a la que le gusta meter las manos en la masa y ponerle ese nombre a sus pasiones; Manos en la Masa es su popular blog de recetas y consejos culinarios y también su nuevo restaurante, en Barrio Escalante. Lo de ella es el trabajo artesanal, ese que se hace con las manos y con levadura natural, sin meterle químicos. Son, también, los resultados distintos, la experimentación, el laboratorio en que se ha convertido su cocina. Lo de ella es cocinar desde los ocho años, cuando aprendió a encender la cocina de gas y supo cómo se amarraba un tamal.

Adriana Sánchez es chef de Manos en la mana.
Adriana Sánchez es chef de Manos en la mana. FOTO: Foto de Germán Fonseca. ampliar


Adriana, la filóloga cocinera, es parte de una revolución moderna que consiste en volver a las raíces sin que ello implique una regresión en derechos humanos.

Quizás sin saberlo, es parte de un movimiento al que se le ha dado el nombre de Nueva Domesticidad, un fenómeno que abruma por el peso histórico que carga sobre esa simple palabra: domesticidad, el trabajo de casa, de la cocina, asignado a las mujeres por definición; porque sí y ya.

Esa dedicación a la casa y la cocina que nos impedía estudiar, ser profesionales, votar, ser presidentas de congresos y repúblicas es ahora una forma de liberación y satisfacción para mujeres y hombres alrededor del mundo.

-¿Por qué una mujer que trabaja con su cerebro, con su título profesional y su intelecto decidiría que quiere cocinar para vivir?

- ¿Y por qué no? No es por mandato, por necesidad o porque no sé hacer otra cosa. Es porque yo lo decidí.
Y esa es la clave: tener opciones para decidir.

Decisiones políticas, por ejemplo.

Para Adriana, sus manos son el último eslabón en una cadena de producción que involucra muchas más como las suyas. Manos de gente que cree parecido a ella, que ama la comida y le dedica tiempo a cosechar los productos sin agroquímicos; que respeta los procesos naturales y engorda la agricultura amigable con el ambiente. “Saber que esto que yo le estoy sirviendo a la gente es el resultado final de un proceso en el que participaron muchos más, es muy apasionante”.

Pero a ella lo que le calienta el corazón es hacer la comida; hornear, mezclar, picar, revolver, hervir, diseñar, crear.

Y saber que con esa creación se enfrenta a un sistema consumista insostenible que dicta que para ser feliz hay que comprar, comer frituras y hacer paseos... “al mol”.

El autor del blog El Comidista, del diario El País de España lo deja claro en su artículo titulado “Cocinar es revolucionario”.

“Cocinar por el puro placer de hacerlo y dedicar parte de nuestro tiempo de ocio a ello es declarar nuestra independencia de las corporaciones que buscan convertir cada momento en una ocasión para consumir. Es rechazar la debilitadora idea de que, al menos cuando estamos en casa, producir es un trabajo que debemos dejar a otros, y de que la única forma legítima de ocio es el consumo”.

En ese pequeño espacio lleno de gavetas y sartenes se mezcla todo, desde un tomate licuado con hongos y maicena hasta el interés por el calentamiento global (¿reciclo? ¿qué aceite uso? ¿limpio con aerosoles?) con la preocupación por el maltrato animal (¿este ternero vivió lo suficiente?) y el dolor por la destrucción del medio ambiente. “Una nueva forma de ver el mundo a través de la cocina”, dice Adriana.

Lo malo es que no todo el mundo puede acceder a un consumo responsable. Como nos educaron en medio de fiestas de la alegría con pollo frito y hamburguesas, difícilmente vamos a ver a las verduras como algo feliz. Y para ser justos: muchas veces una hamburguesa llena más y vale lo mismo que una manzana orgánica.

De hecho, los productos orgánicos son más caros que los contaminados con plaguicidas y tóxicos de todo tipo y las ferias verdes se establecen en pocas zonas del país. Sin embargo, cada vez son más.|

PUBLICADO: 20 de Diciembre, 2013 AUTOR: