Aventúrese sola para descubrirse a usted misma

  • Conversemos

  •  

Posiblemente la mayoría ha escuchado hablar de los encierros de San Fermín en Pamplona, España. Sí aquellos donde cada mañana, durante cerca de dos semanas, cientos de personas corren delante de al menos seis toros en medio de un estrecho vallado que rodea el casco antiguo de la capital de Navarra.

Las actividades no se quedan en eso. Visitar Pamplona a inicios del mes de julio es sinónimo de fiesta. De amigos que simplemente deciden acampar en donde haya espacio. De tapas, vino y cerveza. De bares repletos de propios y extraños, eso sí, todos vestidos de blanco y con su típico pañuelo rojo amarrado al cuello.

San Fermín
Carolina Ruíz asegura que viajar sola le permitió conocerse a sí misma y a descubrir más sobre su personalidad. FOTO: ampliar

Ir a un evento así, sin compañía, suena un poco arriesgado. Carolina Ruiz asegura que no es una persona extrovertida, ni fiestera, pero sí decidida. Mientras hacía una pasantía en España, ella quiso ser testigo presencial de un encierro, el no tener alguna amiga cerca -todas estaban en Costa Rica- no fue excusa para no quitarse las ganas.

Arribó la mañana de uno de esos días de julio. La ciudad aún estaba dormida, se podía ver los despojos de la noche anterior, almas intentando descansar donde primero podían y un par de negocios abiertos.

Ahí todo es bastante costoso, por ello, Carolina se preparó con antelación: dos emparedados grandes y dos botellas de vino para ella sola serían suficientes para pasar despierta hasta el siguiente encierro. Faltaban casi 18 horas.

Según dice el no estar ligada a nadie, ni a nada, le dio libertad para conocer lo que aún quedaba de la ciudad, recorrer caminos y regresar cuando los sobrevivientes de la noche anterior empezaban a levantarse.

"Estar sola es perfecto para aprender a administrar adecuadamente todo. Da libertad en sus planes. Si salen mal simplemente no salieron y si funcionan se convierten en un logro personal".

El tan esperado sentimiento de soledad apareció horas más tarde al ver a la mayoría –por no decir que a todos– en grupos de amigos.

San Fermín
Durante su paso por San Fermín Carolina Ruiz aprovechó para entablar nuevas amistades. FOTO: ampliar

"Es aquí cuando uno debe tomar carácter y entender que una sola sí puede pasarla bien. Entrar al bar que guste, pedir una mesa y comer lo que una quiere. Es entender que una tiene el control, una es la que importa".

Y así fue. Ahí en medio de la plazoleta conoció a un grupo de mexicanos con quienes disfrutó de un par de bebidas en un bar cercano. Sin embargo, era imposible que esa pregunta faltara: ¿Con quién anda? La respuesta era simple, pero definitivamente causaba sensación.

"Decir que andaba sola era toda una atracción. La gente se acercaba, se interesaba en saber porqué y preguntaban si en Costa Rica se acostumbra a viajar solo".

Para la sicóloga Sandra Ayales es natural que las personas se sientan sorprendidas al ver a otros aventurarse solos, debido a que estamos "programados" para vivir en comunidad. "Más aun las mujeres", reconoce.

Tanto Carolina como Ayales coinciden en que el estar solos, disfrutar de los paisajes, cultura y música, permite conocerse a uno mismo.

"Cuando uno está en un sitio donde nadie lo conoce y uno toma la decisión de divertirse, de disfrutar es increíble. Es aquí cuando se puede ser uno mismo o si quiere fingir otra personalidad", comentó Ruiz, y no lo dice solo por decirlo. Esa misma noche decidió unirse –así sin invitación formal– a la fiesta de un grupo de jóvenes.

"Ellos estaban ahí en la barra, subidos, bailando. Se veían demasiado divertidos, yo quería ir y solo me acerqué y me subí a la barra y bailé, quizá mejor que ellos –era música latina–", cuenta entre risas.

Ayales avala que entre los temores que guardan las mujeres es el miedo a la soledad y no es el hecho de estar solas, es temor a descubrirse a ellas mismas en esos momentos.

"Es importante que la mujer entre en contacto con sus propios pensamientos y se pregunte qué quiere hacer, no la familia o lo amigos, sino ella misma. Luego es necesario identificar las barreras que le impiden hacerlo, por lo general son barreras emocionales: como la seguridad. Le tememos a la soledad porque es un espacio para estar con nosotros mismos, da miedo lo que se puede encontrar ahí", comenta la sicóloga.

Durante la madrugada nada quedaba, de nuevo cayó el telón de las fiestas y a Carolina le faltaba lo más duro: resistir el cansancio de la fiesta, la tentación de dormir en el zacate y por lo menos un par de horas para ver a los ansiados toros.


Ayales argumenta que es importante empezar a construir una vida sola, aprender a disfrutarla, eso no significa que no pueda socializar o estar en compañía. Pero lo importante es que la compañía no se convierta en un factor para dejar de hacer las actividades que nos interesan.

Quienes no se atreven a aventurarse solos están perdiendo la oportunidad de enamorarse de ellos mismos, de aprender a disfrutar de su propia compañía. Se pierden de un buen momento de auto conocimiento, de reflexión, de romper obstáculos y de reforzar su autoestima.

Llegó la hora, Ruiz estaba en primera fila junto a la valla. Fueron instantes, se escuchaban los gritos del pasillo por donde venían los cientos de hombres huyendo de las bestias. La corrida duró instantes, lo que duraron en pasar frente a su rostro fue cuestión de minutos, pero eso fue suficiente. Logro cumplido. ¡Ahora sí, el que sigue!

Fuente:

Sandra Ayales, pisicóloga. (sandraayales@gmail.com)

PUBLICADO: 18 de Febrero, 2015 AUTOR: