Sitio Hilda: Educación sin muros pero con barreras

  • Conversemos

  •  

El poblado de Sitio Hilda está relativamente unido, se podría calcular que a unos dos kilómetros lineales siempre sobre el borde del río Chirripó. En toda la comunidad habitan cerca de 40 menores, y pese a que hay dos escuelas no todos asisten a clases.

Roy Brenes, profesor de la escuela Jamö, explicó que debido a que el río crece por temporadas se requirió de la construcción de dos centros educativos para garantizar la educación en los dos sectores de la comunidad.

Roy Brenes es el profesor de las materias básicas que se imparten en la escuela de Jamö.
Roy Brenes es el profesor de las materias básicas que se imparten en la escuela de Jamö. FOTO: Alonso Tenorio ampliar

Este año Jamö (aguacate en español) reportó al Ministerio de Educación Pública la matrícula de 18 alumnos, 13 menos que el periodo anterior.

Brenes se encarga de impartir las materias básicas; mientras que Herbáceo Sanabria enseña la escritura y lectura de la lengua cabécar. Ellos se turnan las semanas para estar al frente de la escuela, esto les permite salir de Sitio Hilda sin interrumpir lecciones.

Brenes explica que la barrera idiomática le impide apegarse al programa. "Es difícil porque se cree que entendieron el concepto pero no es así. El programa uno no lo termina nunca, si los niños no han entendido algo cómo vamos a pasar al tema que sigue, es imposible. La barrera idiomática es complicada. Pero eso no impide que ellos sean muy dóciles, más complicado es allá afuera. Son muy educados, hay aspectos de cultura que se deben respetar", comentó Brenes, mientras unos cuantos niños se reían hasta más no poder durante el receso.

La asistencia y puntualidad pasan a un segundo plano. Ahí la vida es más relajada y simplemente no existe prisa alguna. Los niños llegan a eso de las 7:15 a. m. y se van pasada la una de la tarde, una vez que han desayunado y almorzado.

Algunos estudiantes se ausentan con más frecuencia, ya que sus familias suelen salir hasta por cinco días a buscar alimentos; igual sucede cuando las alumnas menstrúan, ya que este periodo es visto como señal de impureza y algunas prefieren no salir de sus casas.

"En estos días muchas de las muchachas se ausentan, las que vienen usted las ve por ahí comiendo con la mano, porque no les permiten usar los mismos utensilios que los demás, aunque al igual que al resto se les sirve en el plato. Es cultural", menciona el profesor.

A pesar de que ambos sectores de la comunidad deberían beneficiarse por igual, Zacarías Jiménez, vecino de la escuela Jakjuä (piedra en español), asegura que no es así, sus hijos reciben lecciones únicamente cinco días al mes.

"Me gustaría que mis hijos fueran allá, pero por río no se puede", lamentó el padre de ocho menores.

Ambas escuelas tienen una estructura básica y están en buen estado. La de Jamö tiene dos aulas, un comedor y una oficina con espacio para que el maestro duerma, además de conexión a Internet, electricidad abastecida por un panel solar, y teléfonos públicos. La de Jakjuä permaneció cerrada durante nuestra estadía.

La timidez se los niños desaparece conforme pasa la mañana.
La timidez se los niños se aleja conforme pasa la mañana. FOTO: Alonso Tenorio. ampliar

"Por ahora estoy tranquilo porque sí hay comunicación con la familia. Esto (la comunicación) fue una lucha con el ICE, pero al fin lo logramos. Hemos crecido, el baño era una manguera y había que taparse con bolsas plásticas, el servicio (sanitario) era a pulso y el comedor era una galera donde estaban los chanchos y gallinas", recuerda el profesor, aun así asegura que es necesario mejorar detalles relevantes como el acceso al agua e impedir que los animales ronden el área de juego de los menores.

Herbáceo Sanabria, dice que pese a la falta de elementos básicos para la enseñanza el proceso sigue su ritmo, más cuando se educa a niños deseosos por aprender.

PUBLICADO: 11 de Junio, 2015 AUTOR: