Experiencia en el fondo del mar

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Desde niña, mi mayor curiosidad se nutría con las revistas National Geographic, con El Planeta Azul y con los documentales de David Attenborough. Me fascina la fauna y los “bichos raros”. Recuerdo que los programas de las profundidades del mar eran mis favoritos, por eso siempre pensé que estudiaría biología marina o veterinaria.
Pero finalmente preferí apreciar y capturar la naturaleza en imágenes en vez de los meticulosos procesos de datos y muestras... igual las fórmulas nunca fueron mi fuerte.

Bucear es relajarse, respirar y dejarse sorprender por la naturaleza.
FOTO: Ana Lucía Rodríguez ampliar

Estar presente en el bosque, admirar su fauna en espacios abiertos, sentir el contacto con todos los seres vivos y la sensación gratificante del esfuerzo físico de una caminata, enriquece el espíritu. El siguiente paso para potenciar la aventura del constante asombro es explorar lo inexplorado... y es que sabemos más de la luna que del océano.

El buceo permite encontrarse con sitios únicos.
FOTO: Ana Lucía Rodríguez ampliar

La inmersión en el mar reta nuestro instinto más primitivo: respirar. Pero al mismo tiempo nos regala la ingravidez, esa sensación de ligereza casi vaporosa que nos permite entrar en contacto con nuestro principal componente: el agua.

Bucear es relajarse y respirar, es suspenderse en ese ambiente etéreo: el azul profundo... y es que la dimensión subacuática nos cautiva, la mente en modo alfa, contempla este mundo poco explorado y misterioso. 

Todo el entorno es único: cardúmenes en perfecta sincronía, el fitoplancton bioluminiscente para quienes olvidaron la magia, el sueño lúcido de poder volar... esas son solo algunas de las sensaciones de este escenario onírico.

Es consciencia pura, es meditación profunda, es la esencia de estar presente, es vivir, y aunque las inmersiones tienen un tiempo limitado, se quedan en el subconsciente... se vuelven recurrentes en sueños y pensamientos ... Por eso me olvidé de la televisión y limito las pantallas, no quiero que nublen mi constante asombro, mi escenario submarino.

Es una experiencia que recomiendo sin dudar, pero siempre con la advertencia que aprendemos de nuestros profesores de buceo: nunca lo haga sin compañía.  


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