Mar, bosque seco y manglar: Descanso, gastronomía y vistas paradisíacas

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En esta edición nos fuimos al Golfo de Papagayo, donde el desarrollo turístico permite disfrutar un masaje con el sonido ambiente de un manglar y saborear platillos de cocina internacional con la riqueza de los ingredientes locales.

Anclado en un manglar en playa Panamá, Guanacaste, se encuentra el hotel El Mangroove, nuestro anfitrión en esta oportunidad. El nombre Mangroove es un juego de palabras entre manglar y groove, que en inglés se refiere a una sensación tranquila y relajada -sin duda la mejor descripción de lo que se siente en sus instalaciones-. Y es que tanto sus huéspedes como el personal respiran una tranquilidad contagiosa.

"El Golfo de Papagayo se encuentra a 30 minutos de Liberia, cabecera de Guanacaste y a 20 del aeropuerto internacional Daniel Oduber. Por lo que una muy buena opción es llegar por aire. "

Lo primero que uno nota es que el complejo de 85 habitaciones estilo boutique tiene un aspecto moderno que hace uso de colores grises y madera. Ya en el interior la historia es otra, sus habitaciones tienen tonos cálidos: arena y blancos, además de pequeños detalles de colores y una coqueta hamaca con vistas a árboles verdes todo el año.

Esta combinación llama la atención de huéspedes. Por ejemplo, a Andrea Ávila (turista nacional) le gusta el lugar por el concepto, los materiales que utiliza de la zona y además del uso del verde. Considera que es un hotel que se necesitaba en el país.

Tanto ella como Joselyn Mora, también turista nacional, sacaron un momento de sus agendas para descansar en este rincón de bosque seco, manglar y mar. Mora además, considera que la comida es excelente y un punto digno de destacar.

Gastronomía exquisita

El hotel tiene dos opciones de restaurantes con conceptos diferentes que permiten una variedad de platillos para todos los gustos. En Makoko puede disfrutar de un desayuno tipo bufé con opciones como omelettes, preparados al momento; si gusta una alternativa más típica, puede elegir una deliciosa chorreada con natilla, batidos de frutas, o bien desayuno a la carta.

En Makoko también se sirve la cena, liderada por el chef del lugar Cristian Báez -argentino, quién ha sido reconocido en varios certámenes de cocina-. No puede perderse la costilla de res de este lugar, que tiene una salsa inglesa y un puré de manzanas asadas con canela y jalapeños que recordará por siempre. Además del tartar de atún, con una mayonesa de comino y unas deliciosas berenjenas marroquíes.

La otra opción es el Matiss, de comida y ambiente más relajado y playero. Aquí se pueden pedir platos para boquear tan casuales como pizza, sándwiches y hamburguesas. Pero de repente puede sorprenderse con su ceviche de pulpo y la orden de patacones que son de otro mundo.

Manglar de paz y relajación

El sonido de la naturaleza se funde con los aromas de su preferencia en un masaje único en medio del manglar en uno de los cuatros bungalows. La experiencia resulta un contacto de lleno con el ecosistema y un momento de paz que desearía que nunca se acabara, esto forma parte de los tratamientos que ofrece el Bearth Renaissance Spa.

El spa utiliza productos orgánicos de empresas nacionales (Biosfera, Monteverde, Roll Botanica) que le dan una opción diferente al turista con envolturas de ingredientes como café, algas, arcilla volcánica, coco, entre otros.

No es necesario hospedarse en el hotel para recibir un tratamiento. Solo debe tener la intención de desconectarse un poco del ajetreo diario, realizar una reservación y sacar el rato para disfrutar. Los precios van de los $100 a los $235, dependiendo del tratamiento.

Los deportes del golfo

Para los más aventureros y dispuestos a conocer algo diferente, se cuenta con diversas actividades acuáticas. El hotel tiene dos lanchas que permiten a sus huéspedes pasear alrededor del golfo.

Ver delfines, peces coloridos y monos es cosa de todos los días en este sitio. Un plus es hacer un tour por las playas y escoger alguna para quedarse. Hacer esnórquel es una de las actividades favoritas porque se pueden ver peces de todo tipo y corales. Además, El Mangroove cuenta con equipo para hacer wakeboard -esquí acuático- y surf de remo, inclusive hay tablas que tienen luces LED que brillan en el agua en la quietud de la noche.

El Mangroove propone un escape lleno de matices, desde las vistas playeras y paseos emocionantes en lancha hasta el manglar siempre verde y la reflexión junto con la naturaleza.