¿Cómo proponernos metas y no morir en el intento?

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El fin y principio de año suele ser un momento en el que nos proponemos metas, sueños y propósitos para mejorar cosas en nuestra vida o erradicar y modificar otras; sin embargo, a veces dejamos botados esas metas.

Cada año que inicia es una buena oportunidad para realizar un inventario de los logros alcanzados durante el año anterior y replantearnos lo que nos gustaría concretizar en el que inicia.

Entre los propósitos de Año Nuevo más populares encontramos los deseos de bajar de peso, dejar de fumar, ganar más dinero y salir de deudas.

Otros, también muy frecuentes son adquirir casa propia o arreglar la que ya se tiene, terminar una carrera, iniciar un negocio propio, empezar o terminar una relación, mejorar la práctica de una religión, acercarse a un ser querido, tener un hijo y superar un complejo o un problema personal. Podríamos resumir los propósitos de Año Nuevo en seis grandes áreas: salud física, apariencia personal, trabajo y estudio, bienestar material, relaciones interpersonales y espiritualidad.

Ofrecemos varias ideas para trazarnos metas realistas y no morir en el intento de alcanzarlas. Haga una lista real.
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Aprendamos a trazarnos metas realistas. En este mes tenemos la gran oportunidad de plantearnos nuevas perspectivas de lo que anhelamos en los diferentes ámbitos de nuestras vidas. Pero es esencial que aprendamos a distinguir fantasías irrealistas de las metas realizables.

Por ejemplo, una persona con un sobrepeso de más 60 k podría sentirse muy frustrada si planea perder todos esos kilos en un año. Si bien muchas lo logran, lo hacen gracias a enormes dosis de sacrificio personal poniendo en riesgo, a menudo, la salud física y mental. Es más realista proponerse una pérdida de unos 2,5 k por mes, lo que significaría una pérdida total de 30 kg en un año.

El apoyo emocional y espiritual, junto con cambios básicos en el estilo de vida, llevarían a alcanzar dicha pérdida de peso de una manera gradual y no traumática para el cuerpo. Aunque aún habría un sobrepeso de 30 kg, la persona se sentiría satisfecha con una meta realista que le ayudaría a verse y sentirse mejor.

A continuación, ofrecemos varias ideas para trazarnos metas y no morir en el intento:

  1. Tomemos seis hojas y, a cada una, le vamos a escribir el título que corresponde a las seis áreas mencionadas anteriormente: salud física, apariencia personal, trabajo y estudio, bienestar material, relaciones interpersonales y espiritualidad. En cada hoja vamos a escribir una lista de las metas que tenemos en el área correspondiente.
  2. A cada meta la evaluamos según los siguientes criterios: estado actual, meta anhelada y método para alcanzarla. Determinamos el grado de prioridad de cada meta: 1 para las más importantes, 2 para las que valen la pena pero no son esenciales y 3 para aquellas que son un simple anhelo. Además, les agregamos una evaluación según el grado de dificultad: fácil, regular, difícil, muy difícil y aparentemente imposible.
  3. Nuestra lista debe ser lo más detallada posible. Por ejemplo, en el área de salud, si queremos bajar de peso, debemos especificar cuántos kilos, en cuánto tiempo y cuáles serán los pasos a seguir. En el área laboral, si nos proponemos lograr un ascenso, debemos especificar el tipo de tareas que nos gustaría realizar y el tipo de capacitación de debemos obtener a fin de calificar para el ascenso.
  4. Una vez que hayamos completado nuestras listas, podríamos consultar la opinión de otras personas, ya sean amigos, colegas o profesionales de las áreas correspondientes. ¿Hay aspectos que hemos pasado por alto? ¿Son metas realistas? ¿Podemos realizarlas por cuenta propia o necesitamos del apoyo de otros? Por ejemplo, si tenemos la meta de correr una maratón, deberíamos contar con la opinión de profesionales correspondientes como entrenadores físicos, médicos y nutricionistas.
  5. Recordemos que la vida está llena de imprevistos que pueden obligarnos a replantearnos los propósitos de Año Nuevo. Sigamos con el ejemplo de la persona que desea correr un maratón. Gracias a la asesoría profesional, decide que es una meta realista e inicia el entrenamiento en enero para prepararse a correr una maratón en octubre. En agosto, la trasladan de trabajo a otro país, con un clima muy diferente al nuestro y con una carga laboral mucho mayor. Aunque hace el mejor esfuerzo para continuar entrenando, empieza a sentirse exhausta y a enfermarse frecuentemente. Decide que ya no es realista entrenar para una maratón, por lo que ella decide que va a continuar corriendo con fines recreativos.
  6. Debemos distinguir muy bien entre flexibilidad e inconstancia. La flexibilidad se refiere a nuestra capacidad de acomodarnos a las circunstancias de la vida. En cambio, la inconstancia se relaciona con falta de disciplina, baja tolerancia a la frustración e inestabilidad emocional. La flexibilidad nos permite efectuar replantearnos las metas de manera que continúen siendo realistas y satisfactorias. Pero la inconstancia nos lleva a una sensación de fracaso con nosotras mismas.
  7. Eliminemos la autosuficiencia de nuestra vida. No podemos hacer todo por nuestra propia cuenta. Si deseamos retomar los estudios universitarios, por ejemplo, debemos pedir ayuda con los quehaceres de la casa para tener el tiempo y la energía que requiere el estudio. Si nos proponemos ascender en el trabajo, debemos tener la humildad necesaria para hacer preguntas a quienes saben más que nosotras.