Christiana Figueres, guardiana del mundo

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Una costarricense tomó todas las fuerzas que la naturaleza le ha dado para luchar ferozmente contra el cambio climático. Su optimismo y terquedad implacables hicieron posible que 195 países se unieran al clamor de salvar el mundo.

Las más grandes muestras de terquedad de Christiana Figueres fueron dos: la primera ocurrió a los 4 años frente a su padre y la segunda, a sus 59 frente al mundo.

Enraizada en la plazoleta donde don Pepe jugaba croquet con sus invitados los fines de semana, una Christiana de 4 años se negaba a quitarse del camino para que su padre pudiera golpear la pelota. El enojo de don Pepe Figueres la lanzó por los aires tras reiteradas súplicas para que saliera del terreno de juego. La terquedad no la dejó.

Ese momento le quedó grabado en la memoria.Con la misma terquedad de aquella travesura infantil, la tica logró el acuerdo más importante y ambicioso de la historia en materia climática.

"Era pura terquedad. Al ir creciendo, todos los miembros de la familia me decían que yo era muy terca y me lo criticaron muchísimo, que era muy testaruda y eso me iba a costar muchísimo en la vida. Pero lo que he aprendido en los últimos seis años en Naciones Unidas es que a veces es importante ser tercos. Yo he sido muy terca y testaruda, pero por el bien común. Yo no he aceptado que nadie me diga que no hay una solución al cambio climático", recordó Christiana durante una llamada vía Skype que conectó Bonn con San José.

Sus ojos tienen los colores de la tierra: uno es marrón como los surcos de las montañas y el otro azul como el océano implacable. A ambos recursos se aferra con todas las fuerzas que la naturaleza le ha dado. Una verdadera guardiana del planeta nacida en Costa Rica.

Enrumbar al mundo.

Christiana Figueres Olsen es una mujer que ha estado en los dos extremos del cambio climático. Por un lado, ha negociado con los tomadores de decisiones de Arabia Saudita, envuelta en una burka negra; una mujer en una cultura dominada por hombres y una ambientalista en medio de poderosos petroleros. Figueres abogó con vehemencia por la transición hacia las tecnologías limpias a un país cuya economía se basa en hidrocarburos. Contra todos los pronósticos, obtuvo resultados.

Por otro lado y en otro rincón del globo terráqueo, conversó con representantes de las islas del Pacífico; las tierras más vulnerables al alza del mar y cuyos pobladores son los más afectados por la quema de combustibles fósiles.

Su vida es de dicotomías y su misión es darles un solo rumbo. Así lo ha hecho siempre y así le tocó conciliar con 195 culturas distintas durante 6 años, mientras fungió como Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

Figueres es una fuerza más de la naturaleza, una que junta manos y mentes en pos de la salvación del planeta. Tiene claro que debemos actuar como ciudadanía para proteger al mundo de la ciudadanía.

The Guardian la nombró como la mujer con la tarea de salvar el mundo. Además, fue reconocida como una de las 100 personas más influyentes por la revista Time y encabezó el top 10 de científicos más importantes del 2015 de la revista Nature. Formó parte de la revista Vogue, en la que la señalaron como una costarricense que "juega un papel fundamental en la que probablemente sea la negociación del clima más exitosa en la historia".

Ha figurado en cientos de titulares, portadas y editoriales en el planeta entero y a pesar de ello, sentarse a conversar con ella es tan agradable y cercano como con una vieja amiga. La humildad y una sonrisa la acompañan a todas partes.

Verla dirigir una discusión que marcó los pasos para el futuro del clima y de los seres humanos y saber que nació en un pedacito de tierra de 51 mil kilómetros cuadrados en el centro de América hincha el pecho de orgullo. También invita a reflexionar sobre lo que cada uno de nosotros como individuos hemos hecho en pos de un cambio positivo a nivel global.

Mediadora de sangre verde.

Figueres es conciliadora de familia; lo trae en la sangre. No se espera menos de la hija del fundador de la Segunda República de Costa Rica, José Figueres Ferrer. Christiana nació y creció rodeada de poder, política y un gran interés por la preservación de los recursos naturales.

Su madre, Karen Olsen Beck, fue embajadora, diputada y activista por los derechos civiles que buscaban poner fin a la discriminación racial en su natal Estados Unidos. Además, se destacó por su profunda dedicación a las causas sociales, la justicia social y la naturaleza.

Hablar de los Figueres en Costa Rica tiñe la conversación de verde y blanco político. En el caso de Christiana, prefiere que el tinte sea solo verde; el color de la naturaleza.

"Yo he sido muy terca y testaruda, pero por el bien común. Yo no he aceptado que nadie me diga que no hay una solución al cambio climático. "

Es hija de quien fue tres veces Presidente de nuestra nación, hermana de figuras como José María, ex Presidente de la República y aspirante nuevamente a este cargo para el 2018 o Mariano, la actual cabeza de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS).

Proveniente de una familia en la que ostentar cargos públicos es un estilo de vida, Christiana creció en La Lucha sin Fin, la finca emblema de los liberacionistas, ubicada en San Cristóbal de Desamparados.

Asegura que su madre le pasó la capacidad de manejarse en un mundo internacional con todas las experiencias y exigencias que eso trae. De ella, admira el haber sido siempre un motor potente de trabajo. Su madre siempre tuvo muy clara la importancia de la educación y de los recursos naturales y nunca vio estos temas como un lujo, sino como una parte esencial de la base de cualquier Estado. Christiana lo ve igual.

Además de la influencia de unos progenitores poderosos, decidió dedicar su vida al cambio climático gracias a la extinción de una sapo dorado (Incilius periglenes), que solía ser común en Costa Rica y dejó de habitar el planeta en 1989.

Sus hijas nunca pudieron conocerlo. Ese anfibio, que hoy ilustra las paredes su despacho en Bonn, Alemania -oficina que Christiana está por dejar- es el símbolo con el que explica su dedicación.

"Mis hijas nacieron cuando esa especie dejó de existir. Fue un gran impacto darme cuenta de que les estaba dejando un mundo afectado por nuestra irresponsabilidad e insensatez", contó.

Como su hermano José María, Christiana también se ha dedicado a hacer carrera internacional trabajando por el medio ambiente. Ella fue partícipe del equipo negociador de Costa Rica sobre cambio climático por más de 14 años. Luego, encabezó la CMNUCC.

Raíces de liderazgo.

A sus trece años, Christiana supo que quería ser antropóloga. A esa edad ya lo tenía todo claro. La decisión la tomó tras haber pasado unas semanas con los Brunca, en Boruca y descubrir que quería aprender más sobre culturas y formas de vida distintas a la suya.

"Cuando me fui a la universidad a estudiar antropología, decidí irme a Talamanca, a un pueblito que se llama Katsi, en donde viví un año entero. No tenía agua, no tenía electricidad, nos bañábamos en el río y lavamos los platos allí", contó.

"Me sirvió para muchas lecciones, pero quizá la más profunda fue el llegar a experimentar en mi propia piel la diversidad humana que tenemos en este mundo. Llegué a admirar, a querer y a respetar tanto esas diversidades para ver la vida. Eso me ha ayudado muchísimo en Naciones Unidas porque aquí tenemos 195 países y muchísimas más culturas y ese respetar y honrar las diferencias y costumbres hizo mi paso por Naciones Unidas mucho más agradable porque me enriquecí", añadió.

De protocolo auténtico.

Christiana nunca titubea; responde a las preguntas de inmediato. El conocimiento le brota por las venas y dan ganas de escucharla por horas. Además, es una diplomática poco convencional: durante las negociaciones en la Cumbre de París era fácil verla reír a carcajadas. En conferencias es común también que se emocione hasta las lágrimas, especialmente al hablar sobre el especial cariño que siente por Costa Rica.

Pasó 72 meses viajando por el mundo para conseguir apoyo de gobernantes, empresarios y ambientalistas: los involucró a todos para comprometer a 195 países a mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados Celsius.

Logró vincular al sector comercial y al industrial para que en conjunto colaboren con el freno de la contaminación ambiental pues desde hace mucho quedó claro que no puede ser solo un compromiso gubernamental.

Fue quien juntó las migajas y se propuso, casi como un reto personal, llevar al mundo a un acuerdo indispensable, tras los desastrosos resultados de negociación en Copenhague en el 2009.

Implacable, Christiana Figueres logró poner a todos de acuerdo y aunque está consciente de que lo firmado en París no garantiza una solución definitiva al calentamiento global, sí traza la ruta correcta.

Lo primordial.

Sus hijas siempre están primero. No viven en el mismo continente, pero Christiana nunca le pierde la pista a sus retoños Naima y Yihana. Les escribe entre reuniones y conferencias y hace lo imposible por cuadrar horarios y poder disfrutar de una videollamada.

"La conexión más profunda de la vida la tengo con mis hijas. Representan para mí todas las futuras generaciones y el futuro de este planeta. Además, cada vez que hablo sobre mis hijas en público me pongo a llorar (ríe), porque ellas definitivamente son lo más importante en mi vida", contó.

"Las pulguitas, como yo les digo a pesar de que ya no lo son porque tienen 27 y 28 años, son dos mujeres muy especiales que tienen un alma transparente y preciosa, son inteligentes y dedicadas, trabajadoras. Tienen todos los valores que una madre quisiera que tuvieran y van caminando por la vida con independencia, sabiduría y alegría y siendo cada una de ellas una luz", agregó.

Corazón de tiquicia.

Mucho de lo que Christiana ha logrado en materia de cambio climático, y de la mano del robusto equipo que la acompaña en Naciones Unidas, lo obtuvo gracias a sus raíces costarricenses.

"Todos los que nacemos en Costa Rica sabemos que es un enorme privilegio haber nacido con con esa historia, con esa trayectoria económica, política y de recursos naturales sostenibles. Me parece que Costa Rica es un país milagroso, es una joyita la verdad", recalcó orgullosa.

Christiana apuntó que mientras se está dentro de Costa Rica, no se aprecia lo único y especial que es nuestro país:

"Me parece que el haber nacido y crecido y trabajado tantos años en Costa Rica pues me dio un modelo, una inspiración, que yo continúo en Naciones Unidas. Esa convicción que tenemos todos los ticos por la protección de los recursos naturales, eso me acompaña muchísimo", compartió.

Destacó la capacidad tica de experimentar y liderar con proyectos de gran envergadura como el pago de servicios ambientales que ahora es un instrumento financiero que han adoptado muchos países; o el establecimiento de las primeras transacciones del mercado de carbono en la época de los años 90. Es una manera de trazar inspiración para que otros países hagan lo mismo.

"Costa Rica cuenta con la gran virtud de tener un recurso humano sumamente preparado y una educación media muy superior a otros países. Estamos aprovechando esa capacidad profesional de punta que tenemos para lograr concebir respuestas a problemas muy grandes y vamos haciendo camino al andar, inventando medidas que no existen e inspirando a otros países. Eso me parece una maravilla de Costa Rica que me ha acompañado mucho", celebró Figueres.

Lo que viene.

Christiana está consciente de que para ella y su equipo la negociación fue dura y que ahora que el acuerdo fue firmado lo que viene para su sucesora es aún más complejo: velar para que 195 países cumplan su palabra.

"En momentos en los que sinceramente no sabía qué hacer recurrí a mi padre (ríe). Siempre ha sido mi inspiración. No sé otras personas qué tipo de conexión tienen y no sé si la conexión que yo tengo de mi padre es en mi cabeza, en mi corazón o en mi imaginación. Otros dirán que no es una conexión con mi padre sino conmigo misma y uno usa al padre para contestar sus propias preguntas, como una excusa. También tienen razón. Independientemente de cómo sea la cosa, el tener conversaciones con mi padre me agrada y ahora son más fáciles, porque cuando él vivía no nos poníamos de acuerdo tan a menudo. Ahora ya nunca me contradice (ríe)".

"Figueres es una fuerza más de la naturaleza, una que junta manos y mentes en pos de la salvación del planeta. Tiene claro que debemos actuar como ciudadanía para proteger al mundo de la ciudadanía."

Figueres descarta los rumores que la postulan como una de las candidatas para ser Secretaria General de Naciones Unidas: "Me parece que hay que respetar la rotación geográfica y le tocaría a Europa Oriental esta vez y hay varias mujeres que ya están de precandidatas ahí. Me parece hasta una falta de respeto y de tacto pasar por encima de varias mujeres muy capaces que están ahí de la región", apuntó.

Algunos medios incluso hablaron de una nominación al Premio Nobel de la Paz para la tica. Ella, respetuosa y hermética, solo señaló que los nominados a estos galardones son el secreto mejor guardado.

Christiana no puede esperar para darse un rato de descanso. Miles de proyectos se le vienen a la mente cuando le consulto lo que planea hacer con su vida una vez que oficialmente ponga un pie fuera de las Naciones Unidas.

Alejarse de los protocolos para teñirse el pelo rojo y hasta hacerse un pequeño tatuaje son ideas que merodean su mente antes de su cumpleaños 60.

Recuerda lo mucho que le gustaba hace años tomar fotografías y tocar la guitarra y lo incluye en una larga lista de pendientes. Allí se despliega también su hobby de correr: ha finalizado tres medias maratones y retomar el entrenamiento es parte de sus añoranzas.

Christiana es también estudiante de budismo y confiesa que medita mucho para lograr centrarse en el quehacer y la vida ajetreada que lleva todos los días.

Cocinar es otro placer del que su vida de negociadora internacional la ha privado y desea recuperar. Christiana es vegetariana y fanática de la comida tailandesa. Un curso de cocina vegetariana encabeza el listado de prioridades.

Volver a Costa Rica no le cabe en la agenda de momento. Una breve visita a su tierra natal durante abril del presente año le permitió ver a familiares y amigos, ofrecer una conferencia sobre el cambio climático a más de 500 invitados en el edificio del Consejo Nacional de Rectores y hasta tener una divertida sesión de fotos para revista Perfil.

Incluso, estiró el tiempo para recibir el máximo galardón por su liderazgo ambiental: el Premio Guayacán, otorgado por el Ministerio de Ambiente y Energía y la Presidencia de la República.

Lo más significativo de su breve paso por este pedacito de tierra centroamericana fue sin lugar a dudas su visita a La Lucha sin Fin, donde yacen los restos de su padre. Allí, de pie en la famosa plazoleta donde don Pepe jugaba al croquet, Christiana recordó sus orígenes y su terquedad: un duo que la ha llevado lejos.

PUBLICADO: 15 de Junio, 2016 AUTOR: