Lola Fernández

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Lola afirma que es en Costa Rica donde milita y siempre se presenta como pintora costarricense. Sus padres, oriundos de la hermosa ciudad de Cartagena de Indias, Colombia se trasladaron a vivir a nuestro país cuando ella tenía apenas 4 años. Aquí se crió, estudió y sentó las primeras bases de su notable y prolífica carrera plástica, en una época que, como ahora, afirma que vivir del arte es imposible.

¡Imagínense ese comentario determinante en los 40, cuando el deber femenino era casarse, reproducirse y ser ama de casa!

Lola es la modernidad de la abstracción en pleno siglo XXI
FOTO: Rodrigo Montoya ampliar

Ese no era el destino de Lola; por el contrario, pese a sus 86 años, esta modernísima mujer, con el apoyo de sus padres y por herencia materna, escogió ser pintora, sí, del lienzo en blanco, óleo y acrílico como instrumentos de comunicación e inspiración, dispuesta a dominar las técnicas más clásicas de la pintura –la anatomía–, para romper moldes e inclinarse por el abstraccionismo, a pesar de sus profesores de la Academia de Bellas Artes de Florencia, Italia.

Conversar con ella devela la modernidad de su pensamiento, el fuero de su creatividad, la innovación de su edad cronológica, la vastedad de su temática, infinita en su factura pictórica que no cupo en el amplio espacio de la galería temporal de los Museos del Banco Central.

Para  Perfil, es un honor y un orgullo compartir con vos, esta relajada entrevista con Lola Fernández, en medio de su exposición retrospectiva, debajo de la Plaza de la Cultura, en los Museos del Banco Central. 

  El oficio de pintar

P: Cuéntenos, ¿cómo es su oficio, qué días y a que horas pinta? Suena obvio, pero, ¿por qué pinta?

L: Porque nací para pintar. No tengo horario fijo, sino cuando puedo y cuando tengo deseos de pintar o tengo una idea que necesito plasmar inmediatamente. Pinté mucho de noche, ahora un poquito menos, porque daba clases de noche, y por los hijos y la familia. 

P: ¿Cuál fue la reacción de su familia cuanto les comunicó que estudiaría pintura?

L: Ellos me apoyaron inmediatamente, más bien fueron las personas del entorno las que decían ‘para qué va a estudiar eso, si no deja’, como se decía antes. Pero ellos me decían que sí, si eso era lo que me gustaba. Mi mamá, sobre todo, me apoyó mucho y hasta me llevó donde una profesora de la universidad para conocer cómo era el asunto. 

P: ¿Cómo siendo tan joven se interesó por el abstraccionismo?

L: Bueno, no era tan joven… Estaba en el ambiente de la época, en Europa, y fue simultáneamente en una academia que yo escogí, muy estricta, para aprender a pintar como se debe, y por otro lado estaba toda la influencia del arte abstracto, especialmente en París. 

P: ¿Cómo ha modificado sus sentimientos alrededor de la pintura?

L: Creo que la pintura refleja mucho lo que una es y lo que siente… Experiencias, el contacto con otras culturas como Japón e India, modifica los sentimientos. 

P: ¿Cómo enamoraría a alguien que no sabe nada de pintura, para que se acerque al arte?

L: Le diría que aprendiera a ver, porque una pasa por el mundo como mirando, pero hay que aprender a ver y ver el sentido de las cosas, porque cada una, la más insignificante, está diciendo y expresando algo. 

Siempre he dicho que si una persona está inmersa en el arte, va por un camino y ve una rama, pero ya no es una rama, porque le sugiere una escultura, por ejemplo. 

P: ¿Y cómo le surgen las ideas? 

L: No sé, me vienen y las voy madurando, no boceteo, con esa idea yo me lanzo a hacer series –yo fui de las primeras en hacer series, porque antes no se usaba–, me basaba en una idea central que siempre tenía una razón de ser. No he hecho nada gratuito, todo tiene una razón de ser.  

P: ¿Qué quiso decir en su cuadro: “Nada es más arbitrario que la vida”?

L: Una pintura puede ser tan arbitraria como la vida… si es que la vida está llena de imprevistos y de cosas contradictorias, nada es blanco, nada es negro, no hay una felicidad completa –sería muy aburrido–, además, todo eso salpicado de la misma tristeza… La pintura es como la vida…

Talento local

P: ¿Qué artista local (o artistas) le han impresionado más a lo largo de su vida como profesora y colega?

L: ¡Ah muchos!, muchos, han salido muy buenos pintores; hay algunos que he seguido más su trayectoria porque se han acercado mucho a mí, como el caso de Luis Chacón y Blanca Fontanarrosa; pero no nombro más porque quedaría mal con los otros y en estos días no ando con la memoria fresca.

P: ¿Cómo se percibe el talento en un estudiante?

L: Yo siempre he dicho que el artista nace, no se hace… La prueba son las escuelas de Bellas Artes del mundo, miles de personas pasan por ellas y son solo unos pocos los que trascienden. 

P: Como profesora y pintora activa, ¿cómo analiza el arte plástico costarricense del siglo XXI?

L: La pintura costarricense contemporánea tiene un gran movimiento, una abre el periódico y ve una o dos exposiciones diarias, muchísimas galerías, pero con un gran fallo, que ya no son galerías del Estado, las ido cerrando una a una, y eso es gravísimo para el desarrollo de las artes plásticas, es como que de pronto ya no haya teatros ni orquestas, que se han desarrollado de manera increíble en el país.

Pero se ve que hay un interés por la música, pero por las artes plásticas se ha bajado muchísimo”.

Una de las grandes excepciones son los Museos del Banco Central y es un honor estar aquí, porque tiene mucha categoría, un gran profesionalismo, la organización y todo el equipo es serio y está muy bien, pero no es suficiente para todos los pintores que hay actualmente. 

P: ¿Qué papel debe jugar el artista plástico en el siglo XXI  y ante una sociedad globalizada, acelerada y altamente intercomunicada como la actual?

L: Como siempre…, como a través de toda la historia, lo queramos o no, siempre reflejó la sociedad en que se estaba desarrollando en ese momento; los conflictos, la manera de vivir, a veces sin quererlo el mismo artista. Ahora, lo que llaman ‘contemporáneo’ ya no se puede llamar pintura, porque casi no se pinta, ahora son instalaciones, video o fotografía que son más mecánicas. Pero sí, el arte refleja la sociedad actual… 

P: ¿Cuáles han sido sus temas predilectos a lo largo de su vida como pintora?

L: No hubiera soportado pintar siempre lo mismo, porque una no es igual a los 20, los 30 o los 40… Una cambia a lo largo de la vida, entonces usted tiene que cambiar la pintura, porque la pintura es, en cierto sentido, reflejo de una, aunque los temas no tengan nada que ver y yo no esté pintando a mi familia, pero sí es reflejo de lo que una esté sintiendo en este momento y de lo que ya absorbió de su vida, de sus amigos, de su visión de mundo… 

P: ¿Trabaja un cuadro a la vez o en varios proyectos al mismo tiempo?

L: Depende, a veces en varios, cuando ya lo veo un poco agotado, que me empieza a cansar, empiezo otro y después lo termino. Generalmente la serie, a veces tres, cuatro o cinco de una misma serie que los dejo aparte, para no verlos, así cuando los retomo veo los defectos. Los cuadros también se reposan, como los textos de los escritores. Yo nunca he hecho un cuadro de un solo tirón, siempre tienen sus procesos. Superpongo colores…

Familia y pintura

P: Sin duda, usted fue una madre poco tradicional para su época que le tocó criar a sus hijos ¿Cómo fue esa combinación de maternidad, docencia y producción pictórica? ¿Cómo lo logró?

L: A todos les gusta la pintura y vivieron palmo a palmo eso conmigo. Me dicen mis hijos (Daniel y Cristián), mamá es que me acuerdo el ruidito de las tachuelitas cuando pegabas el lienzo en el marco, ahora no uso eso, sino los engrapo, y recibían a toda la gente que me iba a visitar, se vestían con corbatín y todo. 

P: ¿Cómo ha influenciado el arte a sus hijos?

L: Todos pintan, y los nietos. Uno es arquitecto y otro es diplomático, es embajador adjunto ante las Naciones Unidas. Como mi marido es suizo y era de Ginebra, ellos tienen mucho vínculo con ese país. Jean Pierre tenía su taller en Ginebra desde hace 60 años y no era solo donde pintaba sino era su refugio, su mundo y con una vista lindísima del lago de Ginebra. 

P: ¿Son autocríticos entre ustedes?

L: Él es tremendo para criticar, pero nunca se ha metido mucho. Encuentro como que ahora le gusta más lo mío, él es más tradicional y clásico.

PUBLICADO: 26 de Diciembre, 2013 AUTOR:

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