Sofía Protti. Travesía sobre cuero

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Para Melina Protti, el estado actual del negocio de su hermana Sofía - Cueropapel&tijera- es similar al de una madre que lleva por primera vez a su hijo a la escuela. Sin embargo, la madre, Sofía, observa que ese niño no llora ni siente miedo, si no que se va decidido a aprender y jugar.

La maestra, Melina, cuida al niño y sabe que gran parte del tiempo es capaz de manejarse por sí mismo pero debe tener la sapiencia para recurrir a la madre cuando sea pertinente.

Su observación no es casual, pues Melina es, de profesión, educadora. A pesar de ello, desde hace un par de años acompaña a su hermana en el proceso de logística y ventas de esa marca que llenó el cuero de color y le da en cada temporada múltiples formas. En el 2016 se enfrentan a su mayor reto: realizar tres colecciones para la cadena de tiendas estadounidense Antrophologie.

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La historia de Cueropapel&tijera tiene su origen mucho antes de su nacimiento. El "meollo" del asunto, cuenta Alejandra Coto, la madre de Sofía, yace en el trabajo de José Rafael Coto Hernández, quien era mejor conocido en Cartago como El Cholo Coto.

"Él era encuadernador y ahí está la raíz de todo. Ella se crió alrededor de mi papá porque en la familia vivimos todos juntos. Desde chiquita pasaba del patio al taller", recuerda su madre. De ese oficio de forrar manuscritos con letras metálicas, ese creativo nato pasó a trabajar el cuero en billeteras o llaveros, conocimientos que, con el tiempo, le transmitió a esa nieta mientras estudiaba diseño industrial.

Sofía no se imaginó estudiando diseño en el Instituto Tecnológico de Costa Rica para prolongar esa tradición familiar. Más aún, cuenta su madre que de adolescente ni siquiera se visualizó estudiando esa carrera. Su deseo era estudiar periodismo. Siempre fue creativa, más dada a jugar con un lápiz o con libros que con una muñeca.

"Le fascinaban los rompecabezas y poseía una habilidad increíble para armarlos. Me parece estarla viendo en el suelo del cuarto de ella con una canasta donde los echaba todos desarmados. Ahí podía separar cada uno entre el montón", recuerda Alejandra.

"Nunca lo vi como fracasos, siempre lo veía como un proceso más. Nunca he sentido que mi proyecto haya fracasado, ha pasado por diferentes etapas, reinventándose"

Melina, por su parte, ve la influencia del abuelo y la madre -quien trabajó como costurera- en el interés de su hermana por el diseño. Encuentra en el primero la tradición y en la segunda la originalidad. Desde pequeña se distinguió por buscar lo único y no el juguete de moda. "Por ejemplo, los zapatos de escuela costaba un montón encontrarlos porque ella no quería tener lo que todo el mundo llevaba. Mi mamá en eso siempre nos benefició un montón, nunca tuvimos cuadernos ordinarios porque ella nos forraba cada uno con su papel. Nos hacía recortar una revista para que hiciéramos nuestra propia decoración", relata.

Es en ese constante interés por lo diferente donde la originalidad de Sofía se transforma en la innovación de su marca: en el cuidado meticuloso de la confección de cada pieza, en el detalle inesperado y colorido que adorna un bolso, en la tienda que coloca en plena capital, en la feria internacional a la que lleva su trabajo. Pero para todos esos pasos, aún faltaba un gran trecho por recorrer, con los baches y subidas con las que se topa cualquier emprendedor.

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Tras años de soñar con estudiar comunicación o periodismo, la vida de Sofía cambió cuando no alcanzó el corte de ingreso a esa carrera en la Universidad de Costa Rica. Aceptó, entonces, que su papá la llevara a visitar el Instituto Tecnológico de Costa Rica, donde conoció el programa de diseño industrial y encontró que eso era lo suyo.

"Había hecho el examen de admisión del TEC pero ya había pasado el proceso de matrícula. Entonces fui a la escuela a hablar con el director de carrera y recuerdo que le dije que tenía que abrirme un campo pues eso era lo que quería y no estaba dispuesta a desperdiciar un año de mi vida", dice Sofía al rememorar la que llama "primera gran negociación de su vida".

Todo se resolvió cuando le pidieron demostrar su aptitud para el diseño. "En el escritorio él tenia una grapadora. Así que saqué muchas de las ellas, las desarmé e hice unos aretes. Le dije 'Tenga, hice algo con lo que usted tiene disponible, esto es lo que hay y lo que le ofrezco'", añade.

Su abuelo enfermó pero, a la vez, la nieta se acercó más a él. Se involucró con los procesos y las herramientas más que nunca. Cuando José Rafael falleció, compró todas las máquinas y se instaló en el taller junto con Alex Leitón, el asistente de su abuelo que siete años después aún la acompaña en su travesía.


"Ella lo veía como un oficio de los de antes y me decía que era una lástima que estaban dejándose de dar. El interés para que estos no murieran fue, en parte, lo que su abuelo había representado para ella; más una formación con la que, muy inteligentemente, logró desarrollar el manejo del cuero porque mentira que se puede vivir actualmente de un oficio. Difícilmente ahora compramos zapatos en las zapaterías o los llevamos a arreglar donde un zapatero", asegura Esteban Álvarez, esposo de Sofía.

Fue por esa época cuando Esteban y ella se conocieron. "Yo trabajaba en la Cervecería de Costa Rica y fui a una presentación de material publicitario para el punto de venta. En ese momento, Sofía trabajaba para una empresa llamada Dar Kolor", cuenta Esteban.

" ¿Quién me compraría un bolso si existen tantos en el mundo? No veía ninguna posibilidad, tampoco una oportunidad real de negocio. "

Sofía, que para ese entonces cursaba la maestría en Administración de Negocios en la Universidad de Costa Rica encontró algo en común con el administrador de empresas que, con el tiempo, se transformó en una relación, en convivencia, en cuatro perros que cuidan en conjunto.

De los primeros trabajos de Sofía surgió, a la vez, el dinero para invertir en una primera tienda y renunciar a su anterior trabajo. "Gran parte de lo que emocionaba a Sofía era tener una tienda, no tanto su producto. También tenía ese convencimiento de tener una tienda muy bonita donde la gente llegara y se sintiera bien; sin embargo, se ubicó en Cartago, un lugar que no reunía el tránsito para que compensara el tener un establecimiento por si solo", comenta Álvarez. En esa tienda se realizaban libretas de cuero, el primer producto que llevó la marca Cueropapel&tijera, se vendía papelería y artículos en tela. Los bolsos empezaron siendo de tela y paulatinamente se les agregaron detalles en cuero. El primero fabricado 100% con cuero fue un encargo de un amigo, un bolso de cruzar estilo mensajero que hizo luego de dudar muchísimo y mucha insistencia. "¿Quién me compraría un bolso si existen tantos en el mundo? No veía ninguna posibilidad, tampoco una oportunidad real de negocio", escribió Sofía hace un par de años en Meraki, el blog de su página web, cuando recordaba ese momento.

"Todo se le vino abajo. Por eso a ella le tengo un respeto increíble porque es muy difícil salir adelante a como ella está sin haberle pedido un cinco al banco y de una condición económica modesta", afirma su madre.

Protti decidió vender sus bolsos en Heredia, en una tienda que llevó el mismo nombre de uno de los primeros modelos que creó: Sunday Morning. Esa iniciativa tampoco prosperó y la emprendedora volvió a su casa, con la convicción de vender los bolsos que le restaban.

"Nunca lo vi como fracasos, siempre lo veía como un proceso más. Nunca he sentido que mi proyecto haya fracasado, ha pasado por diferentes etapas, reinventándose", dice Sofía.

Sin embargo los pedidos empezaron a llegar: los de tiendas de diseño, los personales... "Ella iba con su carrito a entregar bolsos. Unos por aquí, otros por allá hasta que llegó el momento en que me dijo 'Mami, te podré parecer muy necia pero yo no descanso si no tengo mi tienda. Yo quiero mi negocio' y fue en enero del 2012 cuando ella abrió en Paseo Colón".

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La tienda de Cueropapel&tijera nació el 16 de febrero del 2012 en lo que antes fue una casa vieja en Paseo Colón, a pocos metros del parque Maria Auxiliadora. Durante ese tiempo su hermana, Melina, viajó a los Estados Unidos, donde trabajó por dos años. Al regreso, se topó con una empresa más sólida que no se limitaba a vender productos sino que se convertía en un estilo de vida para los clientes y cambiaba la de los colaboradores. Ese desarrollo va de la mano con la creatividad imparable de Sofía, la capacidad de delegar labores que le reconocen sus allegados; y también, la de ser clara con las cosas que le gustan y las que no. "Sofía no muere de empacho porque lo que tiene que decir, lo dice", advierte su madre.

"Para mí Cueropapel&tijera ha sido ver a mi hermana trabajar mucho, sacrificar muchas cosas pero ver también cómo ha podido ayudar a otra gente. Este es un proyecto que ha beneficiado la vida de todas las personas que han pasado por aquí, en la que han podido surgir, pagar sus estudios, viajar por primera vez, tener contactos con personas de otros países que vienen a la tienda... se vuelve un mundo de oportunidades", explica Melina.

Una vez asentado el negocio en Costa Rica, Sofía volvió la mirada a un nuevo mercado. Ya se había acercado a él a través de las ventas por internet de sus productos y de la venta en las Tiendas Britt en hoteles y el aeropuerto Juan Santamaría. Ya existía un grupo de afortunados turistas que preferían un diseño con tradición de Cueropapel&tijera en lugar de un simple souvenir. Al correo de la tienda llegaban peticiones y mensajes de clientes de Estados Unidos, Europa o lugares más "exóticos", como Camboya.

Ahí empezó la participación en las ferias en los Estados Unidos: Chicago, San Francisco en California, Austin en Texas. En todas, el reto de hacerse ver en un territorio extranjero, con un idioma que no es el propio, en medio de marcas con una trayectoria y en un mercado gigante.

"La última vez que estuvimos en Chicago todos los stands tenían toldo. Nosotros éramos el único que no. Algo como alquilar un toldo para nosotros es, primero, carísimo, y segundo, difícil porque llegamos dos días antes de la feria a ver el espacio. Nosotros llegamos con lo que tenemos y de alguna manera, eso se vuelve en un arma de doble filo: Si querés podés verlo como 'ay que pecado ellos no tienen toldo' pero en realidad eso hizo que la gente nos viera más", recalca Melina quien asegura que el ser de Costa Rica es un imán para el público: este resulta el país que sueñan visitar o si, lo han conocido, el escenario de experiencias que anhelan revivir.

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La última página en el desarrollo del proyecto de Sofía llegó a la bandeja de entrada del correo electrónico, inesperadamente. Un mensaje de la tienda en la que Protti y muchos otros pueden pasar horas entre artículos bellos e inspiradores. Creada en 1992, Anthropologie cuenta con 216 tiendas en los Estados Unidos, Canadá y Europa. Sus productos son cuidadosamente seleccionados entre lo industrial y lo artesanal, entre lo vintage y lo moderno.

Cuenta Esteban que cuando Sofía le comentó de ese primer contacto, reaccionó con reserva. "Cuando te llega una noticia de ese tipo querés que se dé ya para confirmarlo. Dejé de preguntarle porque podía que no ocurriera hasta que la volvieron a contactar", rememora. Tras enviar varias muestras, recibir comentario y enviar las nuevas versiones se confirmó una primera colección que se empezará a vender en la primavera del 2016. Otras dos, estarán en la tienda en verano y otoño. "En pocas palabras, para mí, el momento en que estamos ahorita en Cueropapel&tijera significa que se han cumplido todos mis sueños", cuenta la madre de ese niño de cuero multicolor, que parte emocionado a la escuela.

PUBLICADO: 23 de Marzo, 2016 AUTOR: