Zarela Villanueva

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La única vergüenza que Teresita Monge dice haber sentido por culpa de su hija Zarela fue a causa de un corte de pelo mal hecho. Era uno de esos sábados de mitad de los 60s cuando Teresita salía al cine con Jorge Luis y dejaba a las niñas con una de las empleadas del bufete. “Era una señora tan buena, que se dejaba hacer lo que ellos quisieran”. Entonces Zarela le dijo que le iba a cortar el pelo y la señora se quedó sentada y se durmió. “Cuando la vamos viendo, con un montón de picos. Ay mujer, yo no sabía dónde meterme. Uno o dos meses tuvo que usar pañuelo”.

Teresita Monge cuenta la anécdota, sentada frente a un niñito Jesús de yeso en esta casa esquinera del centro de Cartago, mientras advierte que Zarela no solo tenía aptitudes para ser abogada, sino también para ser profesora y para ser madre. Y también para cortar pelo.

“Yo le decía, ¿será que vos vas a tener un salón de belleza cuando seás grande?”

La familia de Zarela Villanueva tiene más de 60 años de historia política.
FOTO: Germán Fonseca ampliar


A finales de los 60’s, cuando la familia ni siquiera había empezado a vivir en esta casa, Zarela comenzó a tener novios. Muchos novios, o al menos muchos pretendientes. Teresita proporciona los detalles más pintorescos: había un reglamento. El novio tenía que ser muy trabajador y estudiante. A la casa no podía entrar si no era con la propuesta de matrimonio en la mano. “Pobrecita Zarela”. Podían salir, como novios que eran, pero tenían que llevar a Circe, a Luis Guillermo, a Djenane o a Lucía. O a veces a dos de ellos. “¿No te contó Luisito que él le servía de chaperón a la hermana? El bandido fue a ver un montón de películas así”.

“Zarelita” fue matrícula de honor en la UCR. Se graduó un 31 de julio y el primero de agosto ya la estaban llamando para ser alcaldesa en Turrialba. ‘Mamita, que Dios me acompañe’, me decía ella. Es que salió como yo ¡rezona y con una fe!” No duró mucho, porque de una vez la nombraron agente fiscal en Heredia. Luego alcaldesa en Paraíso. También trabajó en el Covao. “Y yo le decía: eso es para tu pensión. Y ya ve, tan cerca de la pensión y con esos bríos para coger una cosa de estas”.

-¿Y usted no sufrió mucho en este proceso de la elección, tan larga y tan complicada?
-Claro. Yo no quería ni abrir el periódico. Yo decía: si dice algo, mejor no lo veo.
-Cuando le dijo que se iba a lanzar ¿usted qué le dijo a ella?
-Que Dios te acompañe, mija. Zarela es una mujer fuerte.

Zarela es la primera hija de Teresita Monge y José Luis Villanueva.
FOTO: Germán Fonseca ampliar

La familia multiplicada se reúne todos los domingos a las 9 de la noche en la casa amarilla del jardín. Es una familia con más de sesenta años de historia política, tres abogados, dos comunicadoras y un montón de argumentos encontrados. Que si sí o si no al TLC, que si Fernando Cruz fuera de la Corte, que si Crucitas, que si el gobierno. Discutir es sano, dice Teresita. “Es motivador, pero ellos saben mantener sus distancias, gracias a Dios”. Eso sí, a veces hay que callarlos, porque luego la gente en la calle cree que se están peleando en serio.

Zarela se crió entre leyes y campañas políticas en una familia conservadora y estricta. De valores muy cristianos. Valores como servirle el plato de comida a los hombres de la casa. Valores que a veces las hermanas mayores repudiaban y desobedecían:  “Yo no voy a criar vagos”, decía, por ejemplo, Teresita Eugenia.

A veces, cuando salía de viaje, le decía a Luis Gerardo, en secreto, que se arrimara al papá para que las hermanas también tuvieran que servirle a él, pero nunca dejó que las empleadas le subieran el desayuno a la cama. “Eso nunca”.

Teresita, la madre, es una maestra de escuela que ejercía su carrera a pesar de los siete hijos y del esposo. Uno de esos maridos “de los de antes, que dios guarde bañar un bebé”. Pero también un marido que la ayudó a impulsar a todas las hijas a estudiar. “A mí Zarela ya me había contado que se iba a matricular en derecho, pero viera qué susto cuando le contó al papá. Es que aquí en Cartago solo había una mujer abogada”.

Hoy, entre risas y lluvia de mes de octubre, Teresita me dice que por suerte Zarela no se hizo peluquera y sí abogada, porque eso de andarle cortando el pelo a la gente era un puro conflicto: una vez Luis Gerardo tuvo que dejar de ir al colegio como dos semanas mientras le crecía el pelón que Zarela le había dejado en el cráneo.

PUBLICADO: 19 de Diciembre, 2013 AUTOR: