A mis 20 y 10

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Nadie me dijo que había que tener una lista de propósitos por cumplir cuando llegara a los 30 años. El tercer piso me recibió con una serie de preguntas para las que no tenía respuestas: no sabía que tenía que haber “logrado algo en la vida”, no sabía que tenía que tener algo resuelto o simplemente nadie me dijo que tenía que sentirme diferente de un día para otro.

Cumplir 30 se ha convertido en un fin en sí mismo, como si hubiera un corte en la vida de una persona al llegar la fecha indicada y hubiera que cumplir con una evaluación de cuán exitosa he sido en la vida.

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FOTO: Shutterstock.com ampliar

Mis 30 son diferentes a los de mi amiga, los de mi hermana, los de mi mamá y los de una mujer al otro lado del mundo.

A mi edad mi mamá ya tenía un matrimonio y tres hijos preescolares. Al día de hoy, no tengo una relación ideal y ni he establecido mi límite biológico para tener el primer hijo; somos mujeres diferentes, con 30 años diferentes pero bien vividos.

Los 30 son una época hermosa para cualquier mujer: ahora nos equivocamos diferente (no se si menos) y nos damos permiso para hacerlo cada vez más sin resentimientos, sin dolor y sin culpa. Nos damos ciertas licencias que solo la edad condiciona, al sentirnos dueñas de nosotras mismas establecemos nuestro ritmo, nuestras reglas y cuándo romperlas --como a los 20 pero con algunas cicatrices--.

Ahora me doy el lujo de escoger mis cariños, mis batallas y a quién le regalo mi amistad. Amo y trato de no llevar la cuenta, a menudo me ilusiono como antes, pero diferente porque los años pesan.

Claro, no todo es alegría, cada vez empiezo a interesarme más por las cremas antiarrugas en los catálogos, mi cuerpo se resiste a las madrugadas, a las trasnochadas y al ruido de algunos bares de moda. Los kilos que llegan no quieren irse y algunas prendas se han convertido en piezas vitales.
Me siento independiente porque pago mis cuentas y me doy mis lujos, pero en ningún lugar me siento más segura que recostada en el hombro de mi mamá, a quien cada día comprendo más.

A los 20 y 10 no tengo todo resuelto, ni se todo lo que quiero para los años que siguen, lo que sí se es lo que no quiero y con eso ya es suficiente.

Creo que lo único con que “debería” cumplir al dejar los 20 es tener una buena historia para contar y energía suficiente como para vivir, al menos, otros 50 más.

Los 40 llegarán y ni me daré cuenta, porque lo más probable es que estaré muy ocupada, viviendo.

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