Cacica Silvia Carrera. "El desarrollo debe venir de nuestra propia gente"

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Son las tres de la tarde y estamos en medio de la nada. La nada es una montaña tropical envuelta en barro de olla, entre el distrito chiricano de Tolé en Panamá y la Comarca Ngäbe-Buglé. Hemos caminado casi tres horas, bordeando el río Tabasará, subiendo y bajando rocas con musgo y guindos con piedras sueltas. Todavía falta una hora para volver a ver una carretera. “Podemos caminar hasta Tolé o esperar a que venga alguien en carro de doble tracción. Eso puede tardar tres horas más”. La advertencia viene de la cacica Silvia Carrera. La lengua afuera y la lluvia amenazante nos impiden pensar en caminar todavía más, pero todos, incluyendo a los que no somos indígenas, lo tomamos como una orden: ¡a caminar!

Silvia es la cacica general de toda la comarca. La jefa de 150.000 indígenas ngäbe que viven en pueblos distanciados a lo largo del país. Nosotros, en cambio, somos un puñado de observadores en derechos humanos, citadinos con poca práctica en la montaña, que hemos venido a conocer el problema más inmediato de los indígenas de la comarca: la construcción de la represa hidroeléctrica Barro Blanco en la cuenca del río Tabasará.

Cerca de la construcción de la represa hidroeléctrica Barro Blanco se evidencia la tala de árboles. Los indígenas ngäbe culpan a la represa Barro Blanco de la destrucción del paisaje
Cerca de la construcción de la represa hidroeléctrica Barro Blanco se evidencia la tala de árboles. Los indígenas ngäbe culpan a la represa Barro Blanco de la destrucción del paisaje FOTO: María Fernanda Cruz ampliar

-¿Cuántas veces al mes hace usted estos recorridos?, le pregunto a la cacica.
- ¿Ah? Yo todos los días hago esto. De aquí me voy y subo y bajo otra montaña igual porque siempre paso visitando pueblos. Y donde hay indígena, no hay carretera, entonce hay que caminar.

Silvia es ngäbe, su idioma es ngäbere y, cuando habla español, se come las últimas letras de las palabras. Silvia es su cabello negrísimo, su rostro manchado de sol, sus labios en línea recta; un sombrero de paja, un nieto colgando de las enaguas. Silvia es, por sobre todas las cosas, esa que calza unos crocs y carga un bolsito tejido lleno de libros con leyes indígenas que se sabe de memoria.

Las leyes dicen que el Estado debe proteger los recursos naturales y la cultura de los indígenas, que la tierra de las comarcas es inembargable y que cualquier tipo de explotación debe consultarse con los pueblos. Hace un par de años, el Estado panameño le otorgó a Generadora del Istmo S. A la potestad para generar energía hidroeléctrica en el río Tabasará.

Ayer, Silvia dijo que este río es de Michego, su nieto. De él y de todos los ngäbe. De los ngäbe y de todos los panameños. Caminábamos a la orilla del río, mirando los árboles cortados, la montaña cada vez más ausente, Michego cada vez más inquieto. A menos de un kilómetro del sitio en que se construye la represa, la montaña vuelve a existir y, en medio de ella, un grupo de familias indígenas acampa para vigilar y defender a su río. “Por Tabasará, la vida”, reza una manta que cuelga de los árboles.

"“Lo único que los indígenas tenemos para defendernos, es la lengua y la inteligencia que nos puso dios”"


La montaña es hacia arriba

En medio del campamento, con una taza de café chorreado en una mano y un pedazo de guineo asado en la mano, Silvia hablaba sobre la forma en que defienden sus derechos y los problemas más inmediatos de los indígenas, además del papel que cumplen las mujeres en estos procesos.

-Los pueblos indígenas, desde la colonización, han sido desplazados, ¿Qué características han ido fortaleciendo a los Ngäbe-Buglé para ahora sí ganar la batalla?

-Nosotros tenemos la ley nuestra y nuestra constitución y ambas garantizan que una empresa privada no se puede venir a apropiar de nuestros recursos. La ley 11 nos costó vidas y sacrificios, y ahí se prohíbe la minería, pero también se regula a las represas hidroeléctricas. El artículo 1 habla de que esa ley es aplicable a las comunidades anexas. Por eso el pueblo está en pie, porque tiene una ley. Pero en este momento la ley está violada.

La empresa decía: no, que te vamos a dar beca para tus hijos, que te vamos a dar plata. Yo les dije: si usted quiere dar beca, que le den beca a todos. Se prepara primero todos y después ellos mismos van y ponen la represa. Ahí sí estamos de acuerdo, porque esos recursos se quedan acá.

¿Cuál es el rol de las mujeres en todo este proceso?

Las mujeres aquí son protagonistas. Usted ve que en todo evento y en toda acción y en toda lucha está la mujer. Pero ¿por qué la mujer no es representativa para la opinión pública? Porque muy poco se le da ese espacio. Cuando usted ve un cierre de calle, la mayoría son mujeres. Gracias a Dios, la mayoría de nuestros hermanos saben que las mujeres deben tener iguales oportunidades. Ellos por eso me apoyan a mí. Somos como tímidas porque desde el principio el hombre ha sido machista y la mujer no habla, no decide. Ese ciclo se va a romper con la educación.



-¿Las mujeres tienen igualdad de educación a lo interno de la comarca?

-Sí. Van a la escuela, a charlas, a capacitaciones sobre valor y autoestima. Que si yo soy mujer y no me valoro a mí, otra persona no me va a venir a valorar. Pero si doy a conocer eso, los demás van a ir aprendiendo.

-¿Por qué solo ellas usan traje típico?

-Bueno, (alza un poquito la voz) Dios quiso vestirnos así.

-¿Pero a los hombres no?

-Sí. Usan camisa pintada. Pero la usan menos que nosotras.

-Me habían dicho, antes de venir al campamento, que ustedes funcionan como un matriarcado...

-¿Matriar qué?

-Hay una tradición en occidente que es el patriarcado: los hombres dirigiendo siempre, siendo los líderes. El género masculino, el machismo. En la comarca nos decían que las mujeres son las que mandan.

-Bueno, la mujer educada sí tiene ese espacio. El hombre de aquí está dando espacio a la mujer porque ambos valen igual. Pero el hombre siempre quiere mandar más. Cuando converso digo que la discriminación no viene solamente de los terratenientes, de los altos jerarcas. Viene de nosotros. Nos discriminamos entre nosotros.

Por ejemplo, el hombre es el jefe de familia, decide. Pero eso no debe ser. Entonces, gracias a Dios ya ahora la mujer decide. Yo soy la única mujer electa como cacica general electa por voto popular. Tenemos una mujer presidenta del congreso general de mujeres, una del congreso regional, ya también una presidenta de coordinadora estudiantil. Hemos avanzado.

PUBLICADO: 19 de Mayo, 2014 AUTOR:

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