Mujeres migrantes: rumbo desconocido

  • Conversemos

  •  

Silvia es una inmigrante salvadoreña que busca olvidarlo todo y comenzar de nuevo en Costa Rica. Ella no se llama realmente así, pero a sus 18 años sufrió abusos sexuales reiterados por parte de tres integrantes de las maras. Debió quedarse callada pues los violadores amenazaron con matar a sus dos hermanos pequeños.

El año pasado, migró a Costa Rica con su familia para huir de las extorsiones de los mareros, quienes pedían renta a su padre para dejarlo trabajar como taxista. Silvia no quiere contar lo que le ocurrió a las autoridades migratorias, aunque sabe que así será más fácil que les otorguen condición de refugiados. "Si un juez lo lee delante de mi papá me daría mucha vergüenza", dijo la joven en una entrevista con Karina Fonseca, del Servicio Jesuita para Migrantes.

Dejarlo todo en el país que las vio nacer no es fácil. Experiencias trágicas como la de Silvia y su familia obligan a las mujeres centroamericanas a enrumbarse por un camino incierto hasta llegar a un país donde esperan volver a comenzar con dignidad. Antes, deben sobrevivir a la ruta de los migrantes por Centroamérica.

Mujeres de riesgos

Los riesgos se elevan exponencialmente cuando son mujeres las que cruzan fronteras: recorren rutas que las exponen a todo tipo de abusos: las violan, las matan y les roban lo poco que tienen. Durante el camino, se aferran a su fe pues no tienen información suficiente y lo único que quieren es llegar con vida a un mejor lugar.

De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), uno de los cambios más significativos que se han producido en los patrones migratorios durante la última mitad de siglo es que nunca antes habían emigrado tantas mujeres solas.

Actualmente, las mujeres representan prácticamente la mitad de la población internacional de migrantes y en algunos países llegan hasta el 70% o el 80%.

El Pew Research Center estima en un estudio del 2014 que el número de mujeres centroamericanas que migran hacia Estados Unidos sin compañía - y son en su mayoría menores de 18 años- ha aumentado en un 77%.

Destinos en tránsito

La migración acompaña a la humanidad a lo largo de la historia. Se trata de un fenómeno socioeconómico, político y cultural muy complejo. Una persona migra de su hogar hacia otro lugar por diversas razones. Las más frecuentes son las económicas: buscan mejoras en condiciones de vida y de trabajo. También, las personas migran por seguridad o protección o por reencuentros con familiares.

Hace décadas, la mayoría de los migrantes de Centroamérica hacia los Estados Unidos eran hombres que salían en busca de trabajo y enviaban dinero de vuelta a las mujeres y niños que los esperaban en sus patrias. Hoy, las mujeres y los niños y niñas se unen a los flujos migratorios hacia el norte.

Las mujeres en tránsito son blanco fáciles para todo tipo de delitos: maltrato, robo, golpes, violaciones sexuales, secuestros con el objetivo de prostituirlas e incluso homicidio y femicidio.

En Nicaragua, por ejemplo, una de cada cuatro mujeres abandona su país por violencia en la familia o en el matrimonio, según datos de ONU Mujeres del 2013. Lo hacen sin la certeza de conseguir refugio.

Es esencial examinar la migración femenina desde la perspectiva de la desigualdad entre los géneros: no hay duda de que existe un marcado desequilibrio en el mercado laboral y existe una imposición de las funciones tradicionales para la mujer. A esto se suma la feminización de la pobreza y la violencia machista.

Ahora, con las políticas migratorias endurecidas del nuevo Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, la ruta del migrante es aún más peligrosa pues la participación de grupos criminales hace del viaje hacia el norte un baúl de corrupción e ilusionismo migratorio del que solo logran salir ilesos quienes consiguen dinero suficiente para pagar a los coyotes y oficiales corruptos.

Casa en tierra ajena

Debido a la relevancia que ha cobrado el tema, el mes pasado se estrenó en Costa Rica el documental Casa en tierra ajena, sobre el trayecto migratorio de los centroamericanos que buscan comenzar de nuevo en Estados Unidos. En el audiovisual se relatan los sueños e historias de diversas personas en su trayecto de migración forzada hacia este país del norte.

Casa en tierra ajena nace a partir del libro del investigador Carlos Sandoval, " No más muros. Migración forzada en Centroamérica".

A lo largo de 80 minutos, se procura responder a tres interrogantes: ¿Por qué los centroamericanos siguen migrando hacia Estados Unidos si cada vez existen más peligros en el trayecto?, ¿por qué continúan endureciéndose las políticas migratorias, poniendo más trabas? y ¿por qué, a lo largo de la ruta migratoria, la gente más humilde es la más solidaria con los migrantes?

Allí, se retratan historias como la de Elizabeth, una mujer trans oriunda de Honduras. Ella logró cruzar la frontera de los Estados Unidos, fue deportada a Honduras e intenta nuevamente llegar al "sueño americano".

También, se cuenta la historia de doña María, una mujer indígena de Ixcán, Guatemala, quien junto a muchas otras mujeres y sus familias tuvieron que refugiarse en la montaña para sobrevivir en el contexto de la guerra. Ella formó parte de las Comunidades de Pueblos en Resistencia (CPR) que sirvió como puente para el paso de migrantes que buscaban refugio en México o Estados Unidos.

Este proyecto audiovisual es de altísimo valor para conocer más a fondo las migraciones centroamericanas, pues muestra algunas de sus causas estructurales.

Una de las entrevistadas, Yolanda Oquelí, formó parte de la resistencia al proyecto minero La Puya, y es un reflejo de que la minería es uno de los principales factores que despojan de sus tierras a los guatemaltecos y los llevan a la migración forzada.

Además, a través de la hondureña Norma Quijoto, el documental nos narra el proceso de despojo de tierra por parte de los megaproyectos turísticos que fuerza a muchas personas de la costa atlántica de Honduras a migrar.

Favores sexuales al mejor postor

Entre los polvorientos caminos de la ruta migratoria se encierran historias de violación y de favores sexuales a cambio de protección.

Un 80% de mujeres migrantes centroamericanas que intentan cruzar hacia Estados Unidos son violadas en México, según Amnistía Internacional.

Las violaciones se dan a manos de bandas criminales, traficantes de personas, otros migrantes u oficiales corruptos. Estos datos no están comprobados pues, dada su condición irregular, las mujeres no denuncian las violaciones y no admiten haberlas sufrido pues las pone en riesgo de una deportación.

La violencia sexual es tan común que las migrantes suelen "tomar precauciones" y antes de emprender su camino toman anticonceptivos de larga duración para evitar un embarazo en caso de ser violadas. Muchas veces son los mismos "coyotes" quienes aconsejan a las migrantes que ingieran anticonceptivos como el Depo-Provera (de 3 meses de duración). Este "arreglo" para dejar a las migrantes cruzar tiene incluso una jerga en la que lo llaman "cuerpomatic", en alusión a la firma de tarjetas Credomatic, que significa que deben usar su cuerpo como método de pago para cruzar la frontera.

Otro de los riesgos es terminar en redes de prostitución al hacer cruces ilegales entre frontera y frontera, donde son engañadas en muchas ocasiones. Esto, porque es muy normal que las migrantes se queden sin dinero a lo largo de su travesía y se ven obligadas a aceptar trabajos en bares mexicanos que son burdeles encubiertos. Muchas se quedan allí por años y nunca llegan a Estados Unidos.

Las organizaciones no gubernamentales que trabajan para la protección de los derechos de los migrantes aseguran que existen rutas de violencia. Estas se ubican principalmente en el corredor entre Huehuetenango, Guatemala y Chiapas, México. Se estima que cada mes en este paso se cometen entre cuatro y cinco asesinatos de mujeres.

Tráfico de vidas ajenas

Una de las situaciones que más experimentan las mujeres durante el tránsito migratorio es la violencia sexual. La trata de personas, en palabras sencillas, es el despojo de la libertad de una persona, en función de sacar provecho de ella, generalmente de forma sexual -como prostitución o esclavitud- o con fines de explotación laboral.

De acuerdo con la Organización Internacional de Migraciones (OIM), entre el 2011 y el 2015 se documenta que 69 personas fueron víctimas de trata en nuestro país. De estas, 56 fueron mujeres. Sin embargo, estos son los casos documentados, en la realidad se estima que son muchos más.

Violencia laboral

Está claro que quienes migran de manera ilegal son los más pobres. Se trata de personas que, generalmente, tienen un nivel socioeconómico y educativo bajo, poseen pocos estudios y, por lo tanto, se dedican a labores informales o que requieren de poca preparación.

Con frecuencia, las mujeres migrantes acaban en trabajos productivos y de servicios de bajo estatus social y escasa remuneración. Llegan a laborar en sectores de la economía no regulados y segregados por géneros, como el servicio doméstico, y se ven expuestas a un riesgo mucho mayor de explotación, violencia y abuso.

De hecho, según la organización Mujeres Migrantes, el 50% de aproximadamente 800.000 nicaragüenses que viven de forma legal e ilegal en Costa Rica son mujeres, y la mayoría se dedica a labores domésticas.

Visualizar la realidad

Los estudios de organizaciones que trabajan con migrantes permiten que se de atención, protección y prevención en aspectos claves para ayudar a esta población. El objetivo es poner en la mesa las evidencias y que se visualicen estos acontecimientos violentos, desconocidos para muchos.

Costa Rica, Nicaragua y El Salvador presentan los índices más altos de violencia intrafamiliar, según un estudio realizado en el año 2015, y son los países que más presentan denuncias de este tipo. Generalmente, los perpetradores de violencia en el hogar son los hombres. En estos tres países, el 32% de los hogares tienen jefatura femenina. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que esta violencia en las casas obliga a las mujeres a migrar.

Según la Encuesta Nacional sobre Población Migrante, cerca del 32% envía dinero mensualmente y solo en nuestro país las mujeres migrantes llegan a casi 200.000, en su mayoría nicaragüenses.

Por las condiciones económicas, cercanía, estabilidad política y otras características de nuestro territorio y también de Panamá, hace que ambos países sean apetecibles para los migrantes.

Una de las condiciones que también está presente, es el desconocimiento de sus derechos, por lo que cuentan con un alto nivel de exclusión política, económica y social. Esta combinación hace que sean fácilmente agredidas en diferentes niveles.

Otros de los casos más comentados por las migrantes, es el abuso que viven por parte de personas de las que han confiado, de las cuales han recibido un trato inapropiado. Muchas han sido agredidas, abusadas o extorsionadas por funcionarios, coyotes, compañeros de viaje y mareros. También, existe una agresión por parte de las autoridades, ya que muchos no brindaron información o ayuda a las mujeres en su etapa de migración.

Con estas referencias, podemos deducir que la situación empeora y que el miedo es el principal detonante para tomar la decisión de huir de sus países natales. Sin embargo, la realidad muchas veces llega a ser peor durante el recorrido al país de destino.

Aunque se trabaja constantemente por reducir los porcentajes de mujeres migrantes afectadas, la labor es compleja. Los estudios de actualización sobre la situación de la violencia en mujeres migrantes declaran que, aunque los estados centroamericanos poseen normas para la prevención para este sector, se deben establecer espacios de diálogo entre países, implementar buenas prácticas de integración laboral para los migrantes.

Apps, programas y albergues

La OIM creó "Migrant app", esta aplicación en nuestro país permite que las personas puedan conocer los lugares e información correcta, y a la vez, encuentren de manera fácil, sencilla y segura albergues. Para Roeland De Wilde, jefe de misión de la OIM, este servicio tecnológico es una asistencia, en donde el migrante puede ingresar a un país desconocido y le es mucho más rápido y seguro encontrar un refugio. Esta aplicación no necesita de conexión a internet pues está pensada para usarse en lugares remotos para facilitar el trayecto de ruta del migrante.

Por su parte, Guatemala cuenta con " Miguate App" y Colombia desarrolló " Maule Migrante", aplicaciones que también ayudan a este sector de la población. Son recomendadas por la OIM, y permite que los ciudadanos cuenten con un apoyo del Estado y de esta institución en su recorrido.

Además, existe el programa comunitario " InformArte en Movimiento", que integra a las personas al trabajo y permite ayudar de diversas maneras a los migrantes. Este proyecto tiene como objetivo concientizar a la población sobre el tema. Es importante resaltar que estas acciones fomentan un concepto diferente y a la vez positivo sobre las migrantes.

Refugios

Durante su trayecto, las personas migrantes requieren de asistencia, un lugar donde los puedan aconsejar, donde puedan comer y encontrar un techo.

No existe un conteo que permita determinar cuántas casas de migrantes o albergues pueden encontrarse en el camino. La mayoría de estas son clandestinas y se ubican en sectores fronterizos, como el límite entre Guatemala y México y el trayecto de Chiapas, principal zona de ingreso de los migrantes a Estados Unidos.

Algunos de estos refugios ofrecen atención a los migrantes en tránsito o deportados, programas de atención a víctimas de trata y atenciones básicas como alimentación, servicios médicos y posibilidad de dormir allí por un número limitado de noches.

En Costa Rica, por ejemplo, existen algunos refugios e instituciones que ayudan a las personas en tránsito. El Servicio Jesuita para Migrantes, así como otros seis centros de refugio y ayuda, ponen en servicio talleres, acompañamiento y capacitación para mejorar la calidad de vida de estas personas. Entre ellos, el Centro Feminista de Información y Acción, la Asociación de Trabajadoras Domésticas (ASTRADOMES), la casa de las hermanas Scalabrinianas, entre otros. Además, se han hecho esfuerzos para prestar una atención especial en el área laboral de las mujeres domésticas migrantes con asesoría legal.

Sueños que migran

Todo indica que existe una urgencia de crear mecanismos para resguardar las vidas de las mujeres migrantes centroamericanas. Faltan acciones para visibilizar y frenar los abusos que sufren las mujeres que deciden dejarlo todo atrás e irse por el rumbo de lo desconocido.

Nadie sabe a ciencia cierta por qué explotó la migración masiva hacia Estados Unidos desde Centroamérica y tampoco se tiene certeza del momento en el que más mujeres que hombres se comenzaron a aventurar en el polvoriento camino para convertirse en migrantes ilegales.

Existen historias individuales, un puñado de estadísticas y miles de testimonios, como el de Silvia, que recogen ONGs e instituciones dedicadas a alivianar, de algún modo, la carga de los migrantes, pero no hay quien dé una respuesta definitiva.

PUBLICADO: 26 de Abril, 2017 AUTOR: