Redes de cuido: ¡Más que contentas!

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Saber que pueden dejar a sus hijas e hijos en un lugar seguro, bonito, a cargo de personal especializado y donde hacen cuatro comidas de calidad al día, le ha cambiado la vida a estas mujeres y hombres costarricenses. Sus experiencias son los resultados de la existencia de la Red Nacional de Cuido y los encademientos que el mismo programa ha generado.

1- Natalia Villareal, beneficiaria y trabajadora del Centro de Cuido Semillitas de vida.

Joven madre de 21 años, bachiller y vecina de Barba de Heredia, comenzó a trabajar en setiembre pasado y a llevar a sus hijos de 10 meses y de 3 años al centro de cuido.

“Para mí ha sido un alivio no depender de nadie que cuide de mis hijos, sino que estén en aquí, cerca de mí, y que yo pueda atenderlos tranquila cuando llego a la casa. Ahora sí me animo a estudiar preescolar en la universidad”, cuenta Natalia, quien goza de ayuda por parte del IMAS para que sus hijos estén en el centro.

2- Gabriela Arce, vecina de Guararí y madre de tres hijos de 8, 3 y 2 años. Beneficiaria del Hogar Escuela Episcopal.

“Este lugar es una bendición y la ayuda también”, cuenta emocionada esta mujer de mediana edad, quien por años ha laborado en varios oficios, desde salonera en bares hasta como servidora doméstica en casas. Como son tres y seguidos, trabajaba en bares hasta muy tarde de la noche y los veía poco. Ahora, labora por horas limpiando casas y puede estar más tiempo con sus hijos.

“Viera cómo le ayudan a estudiar al que está en tercer grado y han aprendido mucho a desenvolverse. Aquí –en el Hogar Escuela--, los estimulan mucho y hasta les puedo pagar una buseta para que los lleve y los traiga. Ahora me siento más descansada y menos presionada, todos estamos felices”, añade con una gran sonrisa.


3- Xiomara Urbina, vecina de Guararí y madre de dos hijos de 7 y 2 años. Beneficiaria del Hogar Escuela Episcopal.

“Trabajo como servidora doméstica y antes tenía que andar jalando con mis hijos de casa en casa porque no tenía quién me los cuidara y el barrio donde vivimos no es bueno”, señala esta madre sola que reconoce el alivio que siente con este servicio, el cual utiliza desde que se abrió el centro a mediados del año pasado.

“Mis hijos han mejorado mucho sus hábitos de higiene, pasan lavándose las manos, son más independientes y educados y yo ahora puedo llegar a la casa después del trabajo y atenderlos mejor porque estoy menos estresada y disfruto más departir con ellos”, concluye.

4- Miguel Ángel Rodríguez, vecino de Fátima de Heredia y padre de un hijo de 10 años. Beneficiario del Hogar Escuela Episcopal.

Miguel Ángel llegó al Hogar Escuela Episcopal desesperado por encontrar adonde dejar a su hijo de 10 años, después de la jornada escolar. A cargo del retoño desde hace año y medio y trabajador de construcción, le preocupaba dejarlo solo en el galerón que les sirve de casa. Fue su patrón el que le sugirió que acudiera al IMAS para ver si podía acceder a una Red de Cuido. Y esa fue su salvación.

“¡Han sido como ángeles!”, afirma entusiasmado. “Fue una salvada, estaba desesperado y muy cansado”, cuenta a Perfil.

Dice que su hijo está tan contento, que a veces no quiere regresar a la casa. Y el IMAS le financió, además, la compra de una bicicleta con la cual va a recoger a su hijo al Hogar Escuela, a eso de las 5 p.m. Y Miguel Ángel reconoció lo cansado que es hacerse cargo, solo, de su hijo.


5- Marina Argüello, vecina de Guararí de Heredia, madre de dos hijos de 9 y 2 años. Beneficiaria del Hogar Escuela Episcopal.

“Tengo 10 hijos más y hasta soy abuela, pero con este servicio y la ayuda que me han dado, he podido, por fin, retomar los estudios para terminar el sexto grado”, relata esta nicaragüense de 48 años y 14 de vivir en Costa Rica.

Para Marina, el apoyo de la Red de Cuido para dejar allí a sus hijos pequeños y la ayuda para poder obtener el sexto grado le ha cambiado la vida. Ella trabaja como servidora doméstica.

“Ahora no me canso tanto, ni preocupo tanto. Ellos no quieren llegar al rancho porque le gusta más el Hogar Escuela. Y viera cómo han aprendido modales y hábitos de higiene y orden, hasta a mí me corrigen”, nos cuenta orgullosa.


6- Rosibel Díaz, vecina de Nicoya y madre de una niña de 3 años y medio. Beneficiaria del Cecudi de Nicoya.

“Además de la salvada que ha sido este servicio, mi hija, que es única, ha aprendido a socializar, está bien cuidada y alimentada y hasta está aprendiendo inglés”, afirma emocionada.

Esta vecina de Nicoya que trabaja “polaquiando”, dice que tener un sitio donde su hija quede bien protegida, le ha permitido estar más descansada y trabajar mejor, especialmente en una zona del país donde las largas distancias dificultan más el trabajo a las mujeres.


7- Isabel López, vecina de San Martín de Nicoya y madre de un niño de 4 años. Beneficiaria del Cecudi de Nicoya.

Isabel es servidora doméstica y madre sola que vela, además, por sus papás que no gozan de buena salud. Como trabaja desde los 11 años, tampoco pudo concluir la escuela primaria. Por todas esas condiciones, ella goza del apoyo del IMAS para que su hijo, Sebastián, lo cuiden en el Cecudi de Nicoya y ella pueda, además de trabajar y atender a sus padres, seguir estudiando.

“Mi mamá me cuidaba a Sebas para ir a trabajar, pero como ella está un poco enferma, me quedaba muy preocupada. Ahora, con el centro, estoy más tranquila y mi mamá, también”, explica.

Isabel traslada a su hijo en bicicleta y comenta que él ha aprendido mucho, a socializar, hábitos de higiene y aseo, y hasta las vocales y los colores en inglés. “Voy a tener que ponerme las pilas, porque no le entiendo nada”, reconoce, risueña.

PUBLICADO: 09 de Abril, 2014 AUTOR: