Redes de cuido: además ofrecen trabajo

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El sistema de Red de Cuido no solo ha generado posibilidades de apoyo a las mujeres con menos recursos, también es una oportunidad de empleo y creación de nuevas fuentes de trabajo.

Cuando arrancó oficialmente el proyecto de Redes de Cuido, miles de maestras de preescolar desempleadas acudieron a las oficinas del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) a ofrecer sus servicios, cuenta la viceministra de Bienestar Social, Isabel Brenes.

Parte de la oferta de este sistema estatal de servicios es brindar educación y cuido a cargo de personal especializado, de ahí la presencia masiva de las maestras. Empero, ante tal oferta, el IMAS decidió capacitar y entrenar a un porcentaje con el fin de conminarlas a abrir ellas mismas su propia empresa de cuido para esta población menor de 12 años.

Algunas no se animaron, otras sí y Linette Brenes fue una de ellas. Hace tres años, sin saber más que de educación y como especialista en sicopedagogía, gestionó un préstamo, el IMAS le ayudó a cumplir con los requisitos que demanda esa institución para este de servicios y los que se requiere por parte del Ministerio de Salud; obtuvo un primer crédito de la Caja de ANDE y abrió el centro privado de cuido Semillitas de Vida, en Santa Lucía de Barva de Heredia.

“Primero tuve cuatro alumnos, dos de mis hijos y los de otra de mis empleadas, poco a poco fueron llegando más personas demandando servicios de cuido, así como los infantes que subvenciona en IMAS”, cuenta Linette a Perfil.

"¡Cuando ellos y ellas están bien, todo está bien!"

En una casa amplia, con mobiliario alegre y de buena calidad, diseñado para estas niñas y niños, Semillitas de Vida atiende de lunes a viernes, de 6 a.m. a 6 p.m. a 150 infantes en edades entre los tres meses y los 12 años; el 75% de ellos son de familias de escasos recursos de Barva y sus alrededores, así como de otras familias de clase media que encontraron en esta institución una opción ideal para dejar a sus hijos e hijas.

En este centro, al igual que en cualquiera de la Red de Cuido, cada maestra debe contar con una persona que la asista en cada clase, cuyo número de alumnos es limitado, y en el caso de los menores de año y medio, se exigen dos asistentes y grupos más pequeños aún.

Los alumnos tienen cuatro tiempos de comida, cuyo menú debe ser aprobado por el personal técnico de la Red de Cuido y diseñado por una persona especialista en nutrición.

Según explica Brenes, su centro debe contar con un plan de trabajo académico y apoyar en métodos y técnicas de estudio para el alumnado que está en primaria y que reciben para cuidarlo, luego de la jornada escolar.

Semillitas de Vida  imparte a su alumnado, además, clases de educación física e inglés y cuenta con 27 empleadas, entre profesoras, asistentas, cocineras y encargadas del aseo, así como con servicios de sicología y sicopedagogía.

“En esta aventura he aprendido mucho, mucho. No sabía nada de administración y con acompañamiento y ayuda de Banca Mujer del Banco Nacional –al que solicitó un segundo préstamo para acondicionar la enorme casa donde está ubicado el centro--, he aprendido de contabilidad y otros aspectos de adminitración”, admite Linette.

Tampoco olvida el apoyo del IMAS en este proceso. “Trabajé en un centro privado y siempre quise poner mi propio negocio y esta fue una gran oportunidad”, insiste.



Encadenamiento de empleo

Como el 75% de las madres que dejan sus hijos en Semillitas de Vida son beneficiarias de la Red de Cuido, algunas de ellas trabajan como asistentas de maestras en esa institución. “Prácticamente, el 50% del personal de Semillitas goza del subsidio de la Red y trabaja aquí”, explica Linette.

Una de ellas es Evelyn Cruz, de 29 años y madre sola de dos hijos de 5 y 6 años que son cuidados en el centro. “Conocí de este proyecto y averigüé qué tenía que hacer porque, por tener dos hijos tan pequeños, me costaba encontrar un trabajo”, cuenta.

Ahora, Evelyn logró independizarse de vivir con su madre y encontró una casita donde habita con sus hijos. “Para mí ha sido una gran oportunidad y ahora quiero aprovechar la ayuda del IMAS para terminar de estudiar y montar mi propio negocio de diseño y confección de ropa”, confiesa con evidente tranquilidad.

También admite que sus hijos han cambiado mucho desde que asisten al centro de cuido, están más estimulados, han mejorado muchos hábitos y están más felices.

Buena dupla Cecudi en San Pablo

La Red de Centros de Cuido no solo abarca los ya conocidos CEN-Cinai, sino amplía la oferta con hogares comunitarios, centros privados, organizaciones no gubernamentales y Municipalidades. La de San Pablo de Heredia es una de las que apostó por ofrecer a sus vecinas y vecinos, esta opción de servicio.

En medio de cafetales, con un diseño agradable, abierto, alegre y pensado especialmente para esta población menor de edad –el diseño arquitectónico de este y otros centros de cuido fueron donados por especialistas del Colegio de Arquitectos de Costa Rica--, está el Cecudi de este Gobierno local, junto a la escuela de música y las canchas de fútbol y basquetbol del municipio.

Dirigido por Paola Arroyo y abierto desde agosto del 2013, esta institución se levantó en asociación con el IMAS, que puso el dinero para la construcción y equipamiento, mientras que la Municipalidad facilitó el terreno y se encarga de dar en administración el centro de cuido.

Actualmente, atiende 79 niñas y niños entre los 4 meses y los 7 años, de lunes a viernes de 7 a.m. a 5 p.m. y tiene capacidad de velar por 100 infantes, explica Paola.

En este centro todos los infantes gozan del subsidio del IMAS y hasta se atiende a dos personas menores de edad con síndrome de Aspeger. “Hemos recibido muchos niños con problemas de nutrición y de socialización, pero con el plan nutricional, los cuatro tiempos de comida y la estimulación temprana, han mejorado notablemente”, señala Paola Arroyo.

En efecto, al entrar a esta y otras instituciones visitadas por Perfil, la alegría y placidez de esas criaturas, la educación y buenos modales saltaban a la vista. “¡Buenas tardes, cómo están!” era el coro de vocecitas que nos recibía a Germán Fonseca y a mí, esa tarde de verano que recorrimos tres centros de cuido de Heredia.

Barriada marginal Cecudi de Guararí

Muy cerca de la comunidad de Guararí de Heredia está el Hogar Escuela Episcopal, fundado en esa zona en julio del 2013 y en un barrio popular y bonito del área. Todo se ve nuevo, con amplios ventanales, un diseño agradable y personal especializado, amoroso y motivado.

Cecudi en Garari de Heredia
Cecudi en Guarari de Heredia. Un total de 106 niñas y niños entre los 6 meses y los 12 años, son atendidos en este centro, de lunes a viernes, de 7 a.m. a 5.30 p.m. FOTO: Germán Fonseca ampliar


Su asistenta administrativa, Sandra Piedra, cuenta que reciben a personas menores de edad en graves condiciones de riesgo social por la barriada que los circunda. “Muchos provienen del sector más pobre de Guararí, por lo que prácticamente todas las niñas y niños que atienden reciben una subvención del 100% del IMAS”, detalla.

Según nos cuenta, el perfil de usuarias del centro de cuido son madres solas, estudiantes, mujeres jóvenes y algunas familias tradicionales pero de escasos recursos.

Sin miedo al calor Cecudi de Nicoya

Parte de la inversión y el planteamiento de quienes gestaron la Red de Cuido, fue la de contar con edificios diseñados no solo para atender personas menores de edad, sino pensados según las características ambientales de la zona, porque no es lo mismo un Cecudi de Heredia, que uno en Talamanca o en Guanacaste.

Conocimos el de Nicoya, Guanacaste, dirigido por Krisley Salas de la Cooperativa de Servicios Educativos, organización que se encarga de administrarlo.

Cecudi en Nicoya
Cecudi en Nicoya. Parte de la inversión y el planteamiento de quienes gestaron la Red de Cuido, fue la de contar con edificios diseñados no solo para atender personas menores de edad, sino pensados según las características ambientales de la zona. FOTO: German Fonseca ampliar

Este centro se levantó en asociación entre el IMAS y la Municipalidad de Nicoya y se caracteriza por sus alegres colores, la disposición del edificio pensado para que el viento lo cruce, con grandes ventanales, corredores estilo deck y hoyos en las paredes que permitan airear la edificación y así aplacar el inclemente sol de la pampa guanacasteca.

En este Cecudi se atienden 54 niñas y niños, de lunes a viernes a de 7 a.m. a 5 p.m., aunque según Krisley, tiene capacidad para ver, sin problema alguno, a 65 infantes. Todos los que acuden a él tienen subvención del IMAS y son vecinos de la zona. Aunque solo hay un caso que recibe el 50% de la ayuda porque la familia poder correr con el resto de los gastos.

Aquí se atienden a infantes entre los 3 meses a los 6 años. La diferencia en esta zona es que, debido a las largas distancias que deben recorrer las madres y padres, a veces hay ausentismo.

En todos los Cecudi que visitó Perfil para conocer de cerca el proyecto estrella de la administración Chinchilla Miranda, pudimos verificar los rostros de satisfacción y tranquilidad de las mujeres –la mayoría— y uno que otro papá, así como las caritas de alegre cansancio que destilaban desde los bebés de meses hasta los púberes, tras socializar, comer, jugar y aprender en un edificio bonito y diseñado y equipado especialmente para ellos.

Y al igual que en los otros lugares de cuido visitados, todos cantaban a coro el “¡buenas tardes!”. Sin duda, estos centros enseñan y refuerzan modales que, en la primera infancia, suelen quedar sellados en el cerebro de los seres humanos, para siempre.

PUBLICADO: 09 de Abril, 2014 AUTOR: