La dama de la revolución

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Le dicen la primera dama de la revolución. Henrietta Boggs es revolución. No solo por lo que vivió como esposa de José Figueres Ferrer, sino también porque desde temprana edad sus pensamientos sobre el papel de la mujer fueron fundamentales para cambiar el rumbo de la historia femenina en Costa Rica.

A dos meses de cumplir 98 años de edad, Henrietta nos visitó, en este al que llama su segundo país, para exponer una charla en el pasado TEDx Pura Vida 2016 y también estuvo presente durante la presentación de un primer corte del documental sobre su vida y sus hazañas.El filme "Primera Dama de la Revolución" , dirigido por Andrea Kalin , se basa en el libro que Boggs publicó en 1992 con las memorias sobre sus años en Costa Rica, con el título "Casada con una leyenda: Don Pepe".

Una apasionante narración sobre la historia de nuestro país desde un punto de vista poco explorado: el de una mujer, y no una mujer cualquiera, sino desde la perspectiva de Henrietta, una dama que con solo verla causa admiración.

Ella es irreverente, elegante, crítica, lúcida, apasionante y llena de humor. En su rostro no hay ni la más mínima seña de desgaste a pesar de haber vivido en el exilio junto a su esposo “Don Pepe”, o de haber tenido que huir de la finca La Lucha con sus dos hijos a cuestas y bajo amenaza de ser fusilados, a pesar de los pesares. De su boca no sale ni una queja.

¿Cuál es el secreto para estar tan bien a su edad? “El secreto es portarse muy mal, ignorar todas las advertencias de los parientes y hacer todo para ser feliz. La felicidad es el fin de la vida, entonces cada quien tiene que buscar la manera y el camino, y seguir ese camino”, responde con total seguridad.

Según Henrietta, escribió el libro sobre su historia en Costa Rica por puro ego. “Todo el mundo escribía cosas de Don Pepe y nadie me mencionaba a mí, entonces pensé que yo iba a revelar mi punto de vista”.

Además, considera que era necesario rescatar los acontecimientos de la historia que instauraron la Segunda República de Costa Rica y de donde heredamos nuestra actual Constitución Política. “Me siento muy orgullosa de haber participado en la historia antes de la revolución y un poco después. Admiro a la gente que luchó por una nueva República, sobre todo Figueres que fue el motor de la revolución. Es una época muy gloriosa de la historia de Costa Rica pero que muy poca gente conoce”.

“Yo me quedo un poco sorprendida de que la historia de esa época se esté perdiendo. Ni en las escuelas ni en las universidades se está aprendiendo sobre estos acontecimientos. A mí me parece que ustedes deben estudiar, recordar y celebrar esa época”. Con la excusa del ego elaboró un apasionante libro con el cual es sencillo envolverse en los acontecimientos históricos. Su punto de vista humano, sensible y femenino, era lo que hacía falta para que fuera más rico comprender el porqué de la revolución y las ideas de Figueres.

Con base en su publicación, se está terminando de elaborar un documental que será también un impulso para conocer la historia. “¿Qué se siente que alguien esté trabajando en un documental sobre su vida?”, “yo me pongo más insoportable todavía”, bromea, y luego agrega sentirse orgullosa de que los ticos hayan aceptado tan bien la versión de una estadounidense para conocer el pasado de este país centroamericano.

En sus memorias sale a la luz que a Pepe lo consideraba un animal político y más que amor, por él refleja una gran admiración. Sin embargo, para un hombre de su personalidad era más fácil conseguir armamento y organizar un ejército que ponerse un smoking o escuchar a su esposa cuando esta le cuenta que visitó el médico. “¿Usted no cree que es difícil para los hombres oír a las señoras?”, pregunta Henrietta.

¿Feminista? "Sí, muy"

No lo duda ni un instante, ni en su libro ni durante la entrevista. La desigualdad y la violencia de género la preocupan. Los primeros capítulos de su narración cuestionan por qué las mujeres no pueden usar pantalones, deben usar medias largas o tienen que ser acompañadas por un chaperón.

A inicios de la década de 1940 llegó por primera vez a Costa Rica. Vino desde Alabama a visitar a unos parientes en sus vacaciones y la recibió un puerto de Limón lleno de carencias, un tren hacia San José que duraba siete horas y donde las gallinas eran un pasajero habitual, un escenario lleno de bananeras y de perros con las costillas resaltadas.

Además, era una Nación donde la mujer siempre estaba por debajo del hombre, no tenían derecho al voto y su único papel era el de casarse, producir hijos y administrar el hogar. Con nada de eso estaba de acuerdo y siempre resaltó por hacer las cosas de manera diferente, recordemos que su secreto para estar tan bien a su edad es "portarse muy mal, ignorar todas las advertencias de los parientes y hacer todo para ser feliz".

Para su suerte, ser estadounidense marcó una ventaja. "Como era extranjera, tengo la impresión de que me trataron de una manera diferente porque todo el mundo pensaba: bueno, es una macha loca, no se puede esperar que ella se porte como las otras mujeres", dice entre sonrisas.

Durante su matrimonio con "Pepe" tuvo innumerables discusiones sobre la importancia del voto femenino. "Para mí era una situación compleja, como extranjera no debía involucrarme demasiado; al mismo tiempo, mi marido estaba muy ocupado en los problemas de la revolución y el gobierno, y yo no quise hacer que él sufriera con críticas hacia mí. Sin embargo, recuerdo haber tenido muchas discusiones de pareja con Pepe cuando yo le decía: ¡cómo puede ser que en el siglo XX las mujeres no voten!". Este fue su tema a gritos.

Ahora, Henrietta nota un cambio profundo porque las mujeres están involucradas en todas las actividades del país. Sin embargo, sus preocupaciones también han evolucionaron. "Me da la impresión de que las mujeres muchas veces no se dan cuenta de la explotación sexual y la violencia doméstica que enfrentan, es una cosa trágica. Tenemos que concentrarnos en analizar cómo cambiar las condiciones para mejorar la vida de la mujer. Tenemos que seguir peleando."

Henrietta considera que hay varias cosas por mejorar como la igualdad de salario. "Esta es una cosa muy importante porque después de un divorcio 75% de las mujeres tienen un descenso en el nivel de vida, mientras que la de los hombres va para arriba, debido a que la mujer casi siempre se queda con los chiquitos". Otro asunto que menciona es la violencia doméstica, lo cual lo cataloga como un problema global.

De regreso a Alabama

Henrietta ha sabido hacer muchas cosas bien y una de ellas fue irse a tiempo. “¿Cómo se puede explicar por qué fracasa un matrimonio?”, cuestiona ella en su libro.

La relación con “Pepe” llegó a su fin y Henrietta se fue a casa de sus parientes en Alabama, pasó un año allá. Luego estuvo viviendo en Nueva York, donde sus hijos estudiaron, y finalmente se fue un tiempo a París con su hija Muni, quien estudió en la histórica universidad La Sorbonne.

Henrietta formó parte de la delegación de Costa Rica ante las Naciones Unidas, trabajó haciendo traducciones, se casó de nuevo y fundó una revista en Alabama, donde trabaja actualmente. Sí, a sus casi 98 años continúa trabajando como periodista y editora. “Yo voy a la oficina todos los días, trabajo unas horas escribiendo, editando, leyendo, corrigiendo errores y también grito a todo el mundo”, así describe su rutina, mientras inspira tanta ternura y paciencia que su broma sobre los gritos es más que inverosímil.

Su paz es el resultado de la experiencia y los años. “Con el tiempo uno ha aprendido qué le sirve y qué no: de gente, de ideas, concepciones y maneras de vivir. Uno puede vivir con más tranquilidad, ya los niños han crecido, las metas en el trabajo se han cumplido y lo que queda es ver cómo se puede contribuir a la comunidad. Involucrarse en cosas de bien social da tranquilidad y sentido de satisfacción”, asegura.

Henrietta sonríe mucho. “Es curioso, yo he visto los resultados de algunas encuestas que preguntan en cuál época de su vida fue más feliz y una mayoría decía que cuando cumplían 50 años empezaron a sentirse plenos. Es mentira que la juventud es la época más feliz. Si una gran mayoría dice que es más feliz después de los 50, imagínese cómo me siento yo que ya estoy casi a mis 100 años de edad. ¡Qué felicidad que tengo!”.

PUBLICADO: 15 de Abril, 2016 AUTOR:

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