La nueva directora de la AFP para Centroamérica no tiene fronteras

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Algunos días duraban 40 horas en Cuba. Cuarenta horas sin dormir era una afrenta contra la salud, pero Isabel sabía algo: sabía que Fidel Castro no renunciaba al poder todos los días, y que el día en que lo hiciera, ella no tendría derecho a acostarse porque las agencias de noticias no duermen. Mientras América Latina descansa, Europa y Asia están despiertos y hambrientos de información. Ese día, tardó una hora tratando de escribir un encabezado y fue entonces cuando aceptó que debía dormir. “Pensé: voy a escucharme un poco. Paré, dormí creo que 30 minutos, me desperté y me levanté porque tenía que entregar eso”.

El 19 de febrero de este año se cumplieron seis años de la renuncia de Castro. Isabel sigue recordando ese episodio como uno de los más fuertes de su vida. Aprendió que al cuerpo no se le puede pedir lo que no es capaz de dar.



Aunque sus textos se han publicado en miles de medios de comunicación alrededor del mundo y se han traducido a chino, árabe, alemán e inglés, Isabel es una periodista casi anónima, representada por una firma global de noticias: la Agencia Francesa de Prensa (AFP). Pero a ella eso es lo que menos le importa. “Detrás de esas iniciales de la agencia hay seres humanos, hay periodistas, hay historias, hay conflictos”, dice.

Ahora, Isabel es la primera mujer centroamericana directora de la AFP para la región, pero no deja de salir a reportear, a oler el mundo, a sentirlo, por nada. Quizás para muchos su vida sería imposible de manejar, pero ella tiene un switch para cambiar de tema y de realidad, instalado en el alma. Mientras está relatando la historia de Cuba puede estar contestando un mensaje en el celular, respondiendo un mail en la computadora y escuchando las noticias de las 5 en la radio.

Las metáforas
Luego de ocho años viviendo fuera del país –primero en Colombia y luego en Cuba– regresó a Costa Rica y decoró su casa con un puñado de figuras de Fidel Castro de todos los tamaños, muñequillos de Hugo Chaves a escala, hamacas colombianas, calacas mexicanas, máscaras guatemaltecas y carteles de cine cubanos.

Su casa es una metáfora de su vida nómada, arriesgada, viajera, diferente… Una vida en la que siempre hay que tener la valija lista, los zapatos puestos y el pasaporte al día; en la que hoy se puede estar en la oficina y mañana no se sabe. “Siempre hay que tener lista la valija. Si hay una emergencia a la 1, a las 2, a las 3 de la madrugada y alguien te llama o hay un sismo, hay que levantarse a escribir inmediatamente. Inmediatamente”, asegura Isabel.

Hay algo de costumbre en todo esto, reconoce, pero es la pasión lo que la mueve. Siempre hay una aventura detrás de cada historia, dice Isabel, pero también hay vidas en juego.

La conversación de esta reportera internacional es fluida hasta que alguien la llama por teléfono. A veces son los compañeros de la oficina que la llaman para tomar decisiones –¿subo esta noticia así o espero a la declaración de Casa Presidencial?, ¿me puedo ir ya?, ¿confirmo el desayuno de pasado mañana en Guatemala?– Esta vez es el corresponsal de Honduras, quien trabaja en un reportaje especial sobre pandillas en su país. Isabel le hace una advertencia cariñosa al final de la conversación: lo más importante es la vida. No se vaya a meter en ningún lugar en el que pueda correr peligro.



Por sobre todos los adjetivos que pueden saltar en una primera impresión, Isabel es una mujer cuidadosa. Observa sus palabras antes de decirlas: no dirá que su trabajo es un sacrificio, sino un desafío; no dirá que la información se vende o se compra, porque para ella la noticia no es un producto, es una responsabilidad.

El periodismo, en sí, es una responsabilidad. Contar una historia de manera equilibrada, que le explique al público, al lector o al usuario por qué en Centroamérica hay una nueva guerra sangrienta contra el crimen organizado y el narcotráfico, es lo que a ella le parece más importante, más necesario y más delicado de su función como periodista.

Ella, nicaragüense y costarricense en partes iguales, entiende mejor que cualquiera los conflictos que se han desatado en Centroamérica y la historia que se esconde detrás de ellos. Pero sabe también que las fronteras están dibujadas en líneas imaginarias, que esa realidad es relativa, que sus amigos son tan ticos como nicas y que los límites no existen si se trata de periodismo responsable.

PUBLICADO: 24 de Marzo, 2014 AUTOR: