Sin secretos, ni maquillaje: así evoluciona nuestro ideal de belleza

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Marilyn Monroe no sería considerada un símbolo de belleza en nuestros tiempos. Sus curvas, su frondosidad, su cabello corto y su pequeña cintura no bastarían para ser una imagen apropiada para una revista de moda, un comercial de belleza o para aspirar a Hollywood. Asimismo, devolver el tiempo y pensar en la supermodelo Gisele Büdchen como ícono de belleza en los 50 sería una locura. Su delgadez, cabello largo y carencia de voluptuosas curvas la harían hacer largas listas de espera en una agencia de modelos.

Esto se debe a cambios en nuestros cánones de belleza. Para Montserrat Sagot, socióloga, “son procesos muy complejos en los que participan actores, que van desde grandes corporaciones comerciales hasta sectores más conservadores que ayudan a crear y construir imágenes apropiadas para hombres y mujeres”. 

Marilyn Monroe.
FOTO: AFP ampliar

Asimismo, la imagen idealizada tanto en hombres como en mujeres está muy asociada con los roles diferenciados de género en la sociedad. Por ejemplo, las mujeres rollizas eran un símbolo de belleza en la edad media o en el Renacimiento pues entre más gruesas, más se asociaban a la maternidad y la reproducción.

“Se supone que con más grasa corporal la mujer es más fértil, más dada a los cariños y cuidados. Ser más rolliza era más propicia al abrazo de los más pequeños, entonces al cambiar ese proceso en los roles femeninos cambia también la belleza”, afirma Sagot. 

Hoy día, la mujer ya no solo se asocia con la maternidad, ni con los cuidados de la casa. Es además consumidora. Es capaz de tener sus propios recursos para construirse una corporalidad más adecuada que, precisamente, observa desde las revistas de moda hasta los productos farmacéuticos.

Cambios rápidos, belleza más lejana

La comunicación juega un papel muy importante para los cambios en esos cánones de belleza; inclusive, Ángela Hurtado, historiadora de moda, recalca que la revolución industrial (mitad del siglo XVII) va a ser un detonante importante para que el ideal de belleza empiece a cambiar rápidamente. 

Incluso en 1892, nace la primera publicación de moda de la revista Vogue, considerada hoy día el número más importante para mostrar tendencias de moda y belleza en los más de 20 países que se edita. 

Gisele Bündchen, 2000. Altas, delgadas, tonificadas y curvilíneas.
FOTO: AFP ampliar

Aunque la portada para ese momento eran ilustraciones, mostraban a las mujeres con caderas anchas, bustos más rellenos y con cinturas pequeñas, un detalle que lograban a través del corsé. “La gente creía que en la época victoriana por ejemplo, era más fácil porque se podía ser más gordita, es cierto, pero solo con los parámetros establecidos. Se les permitía ser rellenas de busto y cadera pero no de cintura, así que para restringirse utilizaban el corsé. Era indecente salir de la casa sin uno de estos”, explica la historiadora. 

Las fotografías que acompañan hoy a una portada no muestra mujeres en corsé pero de cierta manera utilizan otros métodos cosméticos y estéticos para lograr esa silueta de moda.

En Costa Rica, es hasta la década de los 80 en la que aparece la revista Perfil en el escenario mediático nacional como el medio especializado para la mujer, y es la que podríamos tomar en cuenta para hacer una retrospectiva de cómo se ha moldeado la silueta femenina costarricense en los últimos 30 años. 

Sin embargo, nuestros paradigmas o ideales de belleza no están tan alejados de los cánones mundiales. Sergio Bravo, sicoanalista y publicista, añade que de hecho estamos muy influenciadas por lo que vemos no solo en las revistas, también en el cine estadounidense y la moda. 

La década de los 80 se caracterizó por ser la de los ejercicios. Los famosos videos de Jane Fonda, se hacen populares para ayudar a las mujeres a moldear sus figuras, para que a finales de los 80 las modelos glamurosas como Linda Evangelista, Cindy Crawford, Naomi Campbell y Christy Turlington mostraran un ideal de belleza en el que la mujer perfecta es alta y curvilínea. 


“Asociado a las grandes transnacionales de la moda y la belleza están los productos de la industria farmacéutica. En un determinado momento, la imagen de una mujer atlética y con ciertas características de edad, etnia y corporalidad empieza a ponerse en el imaginario público en campañas multimillonarias propagandísticas. En los 80, surgen las supermodelos y la imagen de la mujer deportiva, con lo que se empieza a identificar la salud con la belleza. Y salud como un cuerpo juvenil, sin grasa y fit”, añade Sagot. 

Estos son procesos de construcción social llevados adelante por industrias que venden productos, tendencias e imagen y como lo aclara Sagot, en una sociedad capitalista consumista como en la que vivimos actualmente todo es un producto, hasta el cuerpo se convierte en un producto. 

Sin embargo, para Hurtado hay conciencia de la manipulación mediática, de los ideales que transmiten las diferentes compañías y de las campañas de concientización de belleza real controversiales por sus dos tipos de mensajes.

¿Cómo vemos la belleza? 

Como personas tenemos la sensación de que algo es bello, en cuanto mi entorno diga que así lo es. 

“El concepto de sí mismo se construye a través del espejo. Es decir yo me miro a mí mismo como otros me vean. Si yo miro en el despliegue propagandístico, en los discursos de los medios de comunicación, las imágenes que nos venden, yo baso a construir así. En ese espejo se incluyen estos elementos y en términos de las mujeres, la presión de las propias mujeres como pares y también la presión de los hombres en cuales se ven más atractivas sexualmente”, explica la socióloga. 


Las personas, dice Sergio Bravo, desean pertenecer al entorno y por eso corren a comprar el pantalón que luce espectacular la modelo pero, la industria cultural o lo incluye o lo excluye y eso lleva a una belleza patólogica o irreal. La que genera angustia por no ser alcanzable y hace que aquellos que se sientan rechazados aboguen por medidas menos saludables como los trastornos alimenticios. 

Seguimos pensando que dos kilos de más es un estrés, que las arrugas no deben existir, que las canas nos hacen ver feas pero la sociedad en general ha de sentirse completa por sí misma, libre de cremas y de constructos irreales. “Eso es lo que no quiere la industria cultural porque no genero consumo pero la belleza natural nos hace sentir libres”, aclara Bravo. 

Aunque en Europa se están guiando por parámetros más saludables para las modelos en pasarelas y en revistas, lo cierto es que como personas deberíamos sentirnos orgullosos de quiénes somos y dejar a nuestro cuerpo envejecer y ser como es, con dignidad. 

Fuentes: Sergio Bravo, sicoanalista y publicista. Ángela Hurtado, historiadora de moda. Montserrat Sagot, socióloga. www.huffingtonpost.es

PUBLICADO: 14 de Mayo, 2014 AUTOR: