Viuda a los 30

  • Conversemos

  •  

A mis 24 años, después de 2 años de noviazgo, me casé,  llena de ilusiones,  sueños y expectativas.

Disfrutamos al máximo nuestros primeros años de matrimonio y conforme llegamos a estabilizarnos pensamos en la posibilidad de tener hijos. Así fue como nació nuestra primera hija, Valeria. Fue una experiencia maravillosa. Los dos pensamos en que era mejor que yo dejara de trabajar y después de dos años y 9 meses vino nuestra pequeña hija Mariana, a quien también recibimos con mucho amor. 

Mi esposo empezó a escalar posiciones por lo que nuestra condición económica mejoró muchísimo, realmente estábamos en una etapa de nuestro matrimonio en que todo estaba muy bien, hasta que un día en la noche recibí una llamada de mi esposo. Él me dijo: “No te asustes gorda pero me caí jugando fútbol y me quebré una rodilla, voy para la clínica”.

Silvia Leandro y sus hijas.
Silvia Leandro junto a sus dos hijas. FOTO: Cortesía de Silvia Leandro ampliar

Lo operaron y todo transcurrió normalmente. Lo incapacitaron y para él eso fue terrible ya que siempre fue una persona muy dedicada a su trabajo. Una vez que llegó a la casa transformó el cuarto en su oficina, nunca descansó solo trabajaba, pero lo tuvimos en la casa por un mes y lo disfrutamos como nunca lo habíamos hecho durante mucho tiempo ya que por su trabajo viajaba mucho. Todo marchaba bien, hasta que llegó el peor día de nuestras vidas. El 17 de marzo del 2003, me llamaron de la casa de mi mamá que iba a haber un rezo para una cuñada que tendría una bebé en pocos meses. Yo no quería ir para no dejarlo solo pero él insistió en que me fuera tranquila y salí con mis hijas. Estando fuera lo llamé pero no me contestó. No duré mas de una hora y cuando volví lo encontré tirado en el piso sin ningún signo vital, llamé desesperada a la ambulancia, a familiares y a vecinos pero ya no había nada que hacer, él estaba muerto, había sufrido un infarto. 

Fue algo terrible, saqué a mis hijas de la casa y ahí empezó el peor capitulo de mi vida. Yo una mujer joven de 34 años viuda, con dos hijas, de 6 y 3 años. Fueron tiempos muy difíciles, yo no sabía hacer nada sola, para todo dependía de mi esposo, fue entonces cuando me sumí en una depresión profunda. No me levantaba, no comía, no me preocupaba por mi apariencia, en fin no tenia ganas de vivir. Hasta que con la ayuda de mi familia me di cuenta que me iba a morir y si eso sucedía mis hijas quedarían solas. Así fue como me buscaron ayuda profesional y empecé a salir adelante, replanteando mi vida. Gracias primero a Dios que me dio fuerzas, a mi familia, a mis amigos y a mis hijas que son el gran motor de mi vida pude salir poco a poco adelante. Hoy después de 11 años puedo decirle a todas esas mujeres viudas a los 30 que si se puede, que dentro de una está esa fuerza interna. Hoy yo puedo decir que se puede ser feliz nuevamente y que el amor es la clave del éxito para todo. Hoy creo en el amor y en Dios que puso en mi camino a una persona que también es viuda con 3 hijos y espero que Dios me permita lograr tener una familia nuevamente.