Manuel Obregón - Entre grillos, congos y árboles

Publicado el: 18 Jun 2010


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Música, cultura, ser humano y naturaleza. Todo entra dentro del mismo saco, para este artista que deja por un rato las tarimas de conciertos para asumir el cargo como ministro de Cultura.

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Manuel Obregón

Entre grillos, congos y árboles

Música, cultura, ser humano y naturaleza. Todo entra dentro del mismo saco, para este artista que deja por un rato las tarimas de conciertos para asumir el cargo como ministro de Cultura.

Por Mónica Morales* mmorales@nacion.com / Fotos Carla Saborío

Estábamos en medio del bosque seco del Área de Conservación Guanacaste. Cuatro de la mañana. Todos partíamos para el mirador de Santa Rosa. Arriba, el equipo de producción iba y venía con cables y micrófonos.

De pronto llegó, imponente, elegante, justo para colocarse en medio de la nada y a la vez en medio de todo un bosque que lo mira como intruso: llegó el piano, cargado por dos hombres  y lo acostaron debajo de las manos de Manuel Obregó.

Inmediatamente, músico e instrumento eran la misma cosa. Un solo elemento rodeado por el cantar de diversas especies de aves, por el ruido de los congos, el cuchicheo de los grillos, el sonido de decenas de libélulas que llegaron a verlo tocar  y un sol que poco a poco iba apareciendo.

Ni siquiera la nube de hambrientos zancudos logró  sacar a Manuel Obregón de lo que parecía un trance músico-natural. Ahí mismo iba componiendo y grabando lo que será una pieza más de su próximo disco y DVD: Simbiosis en bosque seco. A la vez, el sonidista Nano Fernández grababa todos los sonidos que salían del paisaje.

Esta es la segunda vez que el músico hace algo parecido. En 1998 salió el primer álbum Simbiosis. En aquella ocasión, compuso de la mano con los sonidos del bosque húmedo en medio Monteverde.

Grandes diferencias marcan a  Simbiosis de la otra. “El bosque húmedo es mucho más compacto, los sonidos son más graves, más cercanos; mientras que el bosque seco es más abierto, los sonidos son más agudos, da otra sensación”, explica tras terminar la grabación, poco antes de las siete de la mañana.

¿Por qué Obregón hace estas cosas? A lo que él responde, “más bien me parece raro no haberlo hecho antes, desde siempre el ser humano ha encontrado inspiración en la naturaleza. Somos más parte de este escenario que de la ciudad”.

Va diciendo todo eso, mientras camina por el Parque Nacional Santa Rosa como si fuera su casa. Nos dirigimos hacia el comedor del Parque a desayunar. Me va contando sobre sus interés por el comportamiento del ser humano y cómo su pasión por la música en realidad es un experimento por descubrir las reacciones que los acordes provocan  en las personas.

Manuel tiene mucho de antropólogo por dentro. “Algo así hubiera estudiado”, dijo. Luego me sacó una sonrisa cuando me dijo que también le hubiese gustado ser guardaparques. Sin embargo, era de esperarse, pues durante todo el camino interrumpe el silencio del bosque con frases como “mirá un pizote solo”, “allá va un tepezcuintle”, “a este árbol le dicen indio desnudo porque muda su corteza”, “uy mirá, son los restos de lo que parece ser una serpiente terciopelo”... y seguía caminando , ido en sus pensamientos.

Estimadas lectoras, ese es el señor Manuel Obregón. No hay una única manera de describirlo con fidelidad, pero creo que las escenas del bosque seco funcionan a la perfección.

Para conocerlo mejor, usted deberá saber que nació en 1961 (exacto, tiene 49 años),  en la ciudad de Santa Ana, cuando los ríos que recorren esa hermosa ciudad aún no estaban contaminados. Desde que tiene memoria toca el piano y toca el piano para no perder la memoria.

Aprendió al lado de su abuela paterna, Mercedes, quien era profesora de este instrumento y tenía un método bien interesante para obligar a su pupilo a estudiar. “Ella siempre tenía en su mano un lápiz afilado  y cuando uno se equivocaba le clavaba el lápiz. Era forma de disciplinar  que provocaba miedo al error. Conmigo funcionó porque yo era muy desordenado y el miedo al lápiz fue lo que marcó la diferencia”.

En realidad la efectividad del lápiz afilado salta a la vista. Manuel siguió sus estudios en  la Universidad de Costa Rica, luego en  el aula de Música Moderna y Jazz en Barcelona, España, y posteriormente en la Swiss Jazz School de Berna, Suiza.

Más de cerca
¿Por qué el pelo largo y suelto?

Es por unas antenas que tengo (risas). A veces me dan ganas de cortármelo, pero siempre lo he usado así de largo y se convierte en parte de la personalidad.

¿Vino tinto o vino blanco?

Tinto.

¿Zapatos o sandalias?

Guaraches o sandalias.

¿Habla de mae?

Sí.






¿Quién es Nango?

Es mi compañera desde hace 17 años. Una de las personas con las que siento que he tenido un mayor crecimiento espiritual. Es un apoyo enorme.

Ella es bailarina, yo hacía música para la compañía de danza. Ahí nos terminamos de enamorar, pero ya nos conocíamos desde hace mucho tiempo.

Ha sobresalido como solista, así como intregrante de Malpaís y director de la Orquesta de Río Infinito, de donde luego surgió el sello disquero Papaya Music.

Desde hace unos meses este señor y su característica cabellera han estado en el foco de medios de comunicación por su participación activa en lo que fue la campaña política de Laura Chinchilla, y su posterior nombramiento como ministro de Cultura.

Quizá la elección más irreverente de la presidenta, pues Manuel Obregón nunca ha sido un hombre de corbata ni de oficina. Sin embargo, también ha sido uno de los nombramientos que ha creado más  expectativa.

Manuel se defiende con sus ganas de trabajar por la cultura y dice que se llevará un piano a la oficina para casos de emergencia.

Vamos a ver qué pasa en estos cuatro años. La esperanza de artistas y espectadores está puesta en él. Al fin y al cabo, en ningún lado dice que para ser ministro hay que usar saco y corbata o estar bien peinado.

 

Entrevista con el señor ministro

*Adaptación para Perfilcr.com, el artículo completo se encuentra en la versión impresa.

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