Carmen Naranjo, legado de una artista completa

Publicado el: 24 Feb 2012

Generosidad, respeto y genialidad caracterizaron a la escritora costarricense.

Por Eunice Báez
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Fotos cortesía de Mïa Gallegos

 

Los ojos de Carmen Naranjo eran vivarachos, tanto en las imágenes de su juventud como en las de su madurez. Se trataba de una mujer generosa, brillante y con una empatía sin igual. Nació el 30 de enero de 1928 en una familia de Cartago. Al ser la menor y única mujer de cinco hermanos, era de esperar que rodearse de hombres endureciera su carácter y la formara para salir adelante. Prueba de ello fueron los múltiples papeles que desempeñó en un momento en que el machismo frenaba a todas las grandes mujeres.

Estudió en la Escuela República del Perú, la secundaria en el Colegio Superior de Señoritas y se graduó de licenciada en la carrera de Filología en la Universidad de Costa Rica (UCR). Además, se especializó con posgrados en la Universidad Autónoma de México y en la Universidad de Iowa, EE. UU..

Mujer de palabras
Fue en la década de los 60 que Naranjo empezó a publicar su trabajo. Según detalla la escritora y poetisa Mía Gallegos, durante ese período se dio un renacer de la literatura costarricense. “En los 60, Carmen Naranjo renovó absolutamente lo que se estaba escribiendo en Costa Rica” detalla.

Su apertura, su generosidad e interés en promover la cultura, ayudaron a muchísimos jóvenes creadores que se le acercaron buscando una guía. Ese caso fue del escritor Uriel Quesada, quien se convirtió en uno de sus pupilos.

“A Carmen la conocí cuando ella abrió su taller de narrativa en el Museo de Arte Costarricense, en La Sabana, en 1982. (…) Fue una persona de una gran generosidad, de una apertura enorme y gracias a ella empecé a entender, valorar y participar en causas. A ella le debo mis principios humanísticos, mi voluntad de lucha por lo que considero justo y mi curiosidad por asuntos políticos y de derechos humanos. También fue una persona que siempre me quiso como yo era y plenamente me aceptó como homosexual”, dice el Quesada.

La prolífera obra de Naranjo toca muchos temas e invita a la reflexión, no en vano obtuvo en dos ocasiones el premio Aquileo J. Echeverria de novela (1966 y 1971) así como el Premio Magón en 1986. A esos se suman los premios internacionales como el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Santo Domingo en República Dominicana y la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral concedida por el gobierno de Chile.

Sin duda, ese cambio que generó en las letras y en la vida de muchas personas quedará por siempre en la historia de nuestro país. “Carmen acogió a muchas personas de diferente condición, que buscaron en ella todo tipo de ayuda. Ella le abrió la puerta al disidente, al desplazado por la guerra, al político, al de creencias esotéricas, al loco, al intelectual… Muchos de nosotros le debemos a Carmen ser quienes somos ahora” concluye el escritor.

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