El poderoso gen del arte
Publicado el: 26 Apr 2012
En la familia Parra Thompson todos son artistas. Padres, hijas y hasta yernos se contagian de la creatividad y diversidad de conceptos y técnicas. Esta familia, que no deja de experimentar y crear, ya realizó su primera exposición conjunta y de seguro seguirán dando de qué hablar.
Por Eunice BáezMás notas del autor
“Llegaron las chiquitas a la escuela y les dijeron ¿Su papá en qué trabaja? Es escultor... sí, ¿pero en qué trabaja?” así cuenta Mario Parra, una de las muchas ocasiones en que sus hijas explicaron que su papá era un artista. Lo mejor es que Carolina, Leonor y Beatriz no solo tienen un papá escultor, sino que su mamá es Elizabeth Thompson, una artista plástica inclinada por la serigrafía, la pintura y el collage ¿El resultado? Una familia que vibra y vive arte.
Tal es su pasión y talento que recientemente fueron parte de la exposición “Vinculaciones” donde toda la familia, incluidos los esposos de dos de sus hijas, mostraron una pequeña parte de su trabajo en la Galería Sophia Wanamaker, del Centro Cultural Norteamericano en Los Yoses.
A pesar de las claras diferencias entre cada uno de los artistas de la familia, también se nota un punto de convergencia. Tal vez se trata de un terrible gen o una peligrosa bacteria.
“Nos conocimos en la Escuela (Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica), estuvimos cinco años juntos y el día de la graduación nos casamos. Fue terrible aquello” señala Mario, a la vez que saca de su bolso una escultura a medio tallar y una gubia. Su esposa Elizabeth cuenta como sus familias se opusieron en principio a sus elecciones de carrera, tal vez por eso ellos nunca se opusieron a las decisiones de sus hijas.
“El arte fue algo tan natural que yo no entendía otra manera de ser ¡Para mi lo difícil fue ingresar a un mundo donde la gente hace otro tipo de carreras! Entonces, aunque mis papás nunca me presionaron para que fuera artista, siempre hubo materiales, retroalimentación y bombardeo de imágenes” explica Carolina.
Esa vida rodeada de arte fue también la que la acercó a su actual pareja, Xavier Villafranca, quien también es artista plástico.
Leonor y Beatriz también son víctimas del gen artístico. A pesar de que sus rostros son idénticos, sus caminos y sus creaciones son muy diferentes. “Fuimos creciendo en un ambiente artístico, nunca nos obligaron a vincularnos con el arte, pero el desarrollo profesional de todas se dio por esa área”, detalla Leonor. También nos explica que su hermana está actualmente estudiando en Estados Unidos con su esposo, Randolph Gómez, quien también es pintor formado en la UCR.
Tal y como expone Elizabeth, que en una familia todos sean médicos o abogados parece normal, mientras si los siete miembros, incluyendo a los yernos son artistas plásticos, resulta inaudito.
“Lo que nos une y nos vincula es que todos tenemos una gran intensidad, entusiasmo y pasión por lo que hacemos”, añade Mario.










