La obsesión por “comer sano” también es un trastorno

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Probablemente la bulimia y la anorexia son los más conocidos, pero no son los únicos trastornos alimenticios que han surgido en una sociedad en la que los estereotipos mandan.

La ortorexia, por ejemplo, ocurre cuando las personas están obsesionadas por “comer sano”, según lo que ellas mismas definen en esa categoría.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la ortorexia afecta, hoy en día, al 28% de la población de los países occidentales, principalmente a adolescentes y a mujeres.

Según la Fundación UNAM, la ortorexia se define como una obsesión por mejorar el estado de salud a través de la alimentación. La palabra proviene del griego “ortos”, que significa recto y correcto, y “orexis”, que significa apetito.

Este trastorno comienza como un inocente intento de comer de manera saludable, pero, con el paso de los días, el ortoréxico se vuelve cada vez más exigente y obsesivo sobre qué come, cuándo come y cómo come.

La Asociación Suiza para la Alimentación ha afirmado que esta nueva ola de obsesión está alcanzado proporciones de cuidado.

Y según ha explicado el nutricionista y naturópata del Instituto Médico de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, su prevalencia podría ir en aumento en los próximos años.

“La sociedad actual tiende a los extremos y tienden a la autodestrucción con la comida, como ocurre con la obesidad", comentó.

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¿Cuáles son los síntomas?

Siempre se encuentran preocupados por los alimentos; pasan horas del día pensando, planificando y preparando sus comidas; siguen reglas estrictas en cuanto a la comida y eliminan por completo ciertos alimentos, como el azúcar refinado o el aceite hidrogenado y otros.

A diferencia de las demás personas con algún trastorno de la alimentación, los ortoréxico se enorgullecen de su alimentación y lo comentan sin ningún problema.

Además, menosprecian a los que no siguen reglas dietéticas.

¿Cuál es el problema de comer demasiado bien?

Como todos los trastornos alimenticios, la ortorexia también tiene sus complicaciones, comenzando por excluir a la persona de sus actividades de interés porque no puede ir a comer a lugares donde no se siguen sus reglas, hasta malnutrición y carencias de nutrientes necesarios para la salud producto de la exclusión de algunos alimentos.

Además, suele ocasionar la pérdida de peso porque la selección limitada conduce a la restricción de la ingesta de calorías, lo que conduce a la pérdida de peso.

¿Qué hacer?

Detectado el transtorno, se requiere un tratamiento psicológico, psiquiátrico y nutricional.

El psicólogo se encargará de la terapia, probablemente cognitiva-conductual, para ayudar a la persona a mejorar los síntomas obsesivos. A veces se pueden requerir fármacos también.

El nutricionista se encargará de educar a la persona sobre la importancia de tener una alimentación balanceada para cubrir sus requerimientos nutricionales mínimos y sobre los efectos negativos que generan comer cantidades desmedidas o insuficientes de ellos.

Los alimentos se irán incluyendo en la alimentación diaria en las proporciones adecuadas, según la tolerancia y evolución de cada paciente.

Especialistas estiman que este tratamiento suele ser más difícil y puede tardar varios años que una persona consiga mantener una buena alimentación sin normas rígidas ni calculadas.

No obstante, como sucede con cualquier padecimiento, lo conveniente será un diagnóstico certero y temprano, y mejor aún, mantener un estilo de vida balanceado, sin llegar a caer nunca en los extremos.