Monserrat Solano
Monserrat Solano
Jorge Arce

En el 2004, en una entrevista para optar por una beca de posgrado en Inglaterra le preguntaron dónde se veía en 10 años, ella sin dudarlo contestó que en la Defensoría de los Habitantes. La periodista ganó la beca y se especializó en derechos humanos. Entre otros lugares, trabajó en la Federación Internacional de Derechos Humanos con sede en Holanda, las grandes ligas en esa materia. Pero nunca perdió el deseo de regresar a su país a ejercer la defensa de derechos.

Con unos meses de diferencia de lo que había pronosticado en aquella entrevista, su nombre fue elegido entre los 90 candidatos que buscaron ocupar la silla que dejó Ofelia Taitelbaum, quien renunció meses antes, tras cuestionamientos sobre el pago de impuestos.

Así llegó Monserrat Solano Carboni a una Defensoría, cuyo nombre tendría que sacudir de cuestionamientos y recuperar la credibilidad.

Monserrat Solano
Monserrat Solano
Jorge Arce

La madrugada que conoció de su nombramiento, se encontraba en Austria, en una investigación sobre violaciones a los derechos humanos. Su día a día la llevaba a países como El Congo, Ucrania y otros en conflictos de guerra, con cultura e idiomas muy distintos al nuestro.

Por ello, el reto de la Defensoría no pareció inquietar a la joven de 38 años. Al cumplirse el primer año de su periodo, reflexionó con Perfil sobre lo que ha significado este cambio, tanto para ella como para el destino de la institución que abandera los derechos de los costarricenses.

¿Cómo ha sido el primer año de su gestión?

No he tenido grandes sorpresas, tal vez porque vengo del mundo de los derechos humanos, lo que ha sido un reto es adaptarse a la función pública costarricense, porque es una cultura laboral distinta a la que estaba acostumbrada.

Yo soy más ejecutiva y funciono más por objetivos y la administración pública no necesariamente. Los presupuestos de la gestión pública hasta ahora están comenzando a cambiar a un esquema por objetivos. Ha sido un periodo de ajuste tanto para la institución como para mí. Yo tengo que lograr algo todas las semanas, o si no siento que no logré nada. Quiero llevar a la institución a un sistema en el que funcionemos todos por objetivos.

¿En lo personal como ha sido su regreso?

Soy muy introspectiva, analizo todo por fuera y por dentro. Me he asombrado de lo que uno cambia fuera y se da cuenta cuando regresa. Me volví más directa, sobretodo en Holanda y eso puede sonar muy rudo a veces. Venía de una cultura en donde las reuniones no tardan más de 30 minutos, se va con una agenda de los tres puntos que quiere lograr. Aquí la gente quiere que uno lo escuche, no necesariamente quiere lograr algo. Es cuestión de adaptarse, son culturas diferentes.

He pasado por lo que pasa todo el mundo cuando regresa o se va a un país. Entusiasmo al principio, después uno vuelve a ver las cosas malas y luego se comienza a readaptar.


Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad, pero yo creo que es la confianza y eso se ve en pueblos que han pasado por la guerra

¿Cuál es la diferencia en su gestión?

Yo me meto más en los temas de fondo, reviso todos los expedientes, lo leo todo. Me gusta estar al tanto de lo que está pasando. Me gusta aplicar el derecho por el Derecho. Poco a poco en los expedientes se está viendo el cambio y estamos pasando a recomendaciones que intentan solucionar lo problemas de fondo, es mejorar a largo plazo la vida de la gente y cambiar el actuar del estado.

¿Cómo ve el tema de los derechos de la mujer?

Hay un historial de una cultura machista, nos guste o no. A la mujer se le piden requisitos más allá de su capacidad intelectual y profesional, se le juzga por cómo se ve, se le paga menos por el simple hecho de ser mujer. Hay una cultura que acepta ciertas formas de violencia contra la mujer.

A ver... a usted y a mí nos ha pasado, no caminamos tranquilas en la noche por San José, o por lo menos no tan tranquilas como un hombre por el simple hecho de ser mujer, tememos que nos pase algo.

Todos los mueren mujeres por violencia y lo que más me preocupa es la falta de indignación de la sociedad, eso tenemos que cambiarlo.

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¿Cuáles considera que son las principales formas de violencia contra la mujer?

El acoso callejero es un tipo de violencia, yo creo que lo hemos sufrido muchas mujeres. Eso es una forma de violencia; el no poder andar por las calles tranquilas y tener que aguantar el acoso de los hombres que no se pueden controlar y que creen que le pueden decir insultos que reducen a las mujeres a objetos. Ahí empieza la violencia contra la mujer, sigue en la violencia intrafamiliar y concluye en los feminicidios que es la peor forma de discriminación.

¿Cómo actúa la Defensoría en estos casos?

Estos casos requieren de un cambio social, de cultura y de conducta, que se dan a largo plazo y la Defensoría lo que intenta es educar a los funcionarios públicos sobre este tema. Tenemos que evaluar los proyectos de ley que están saliendo, tenemos un mandato legal con relación al hostigamiento sexual. Evidentemente la mayor parte de las víctimas que llegan son mujeres y les damos el seguimiento para ver si el Estado investiga adecuadamente estos casos. Todavía falta mucho por hacer.

¿Cuál es su punto de vista en temas como la Fecundación in Vitro o el matrimonio homosexual?

Hay que hacer una aclaración. Cuando la gente habla de derechos humanos se limita a estos temas, pero en realidad hay muchos otros: vivienda, acceso al trabajo, reforma fiscal, también son temas en los que la mujer sigue siendo discriminada.

Lo que defendemos es el estado de derecho. Costa Rica apostó por resolver conflictos internos a través del estado de derecho y no de la fuerza. Entonces, la ley se aplica por igual a todos. No se vale que el Estado ahora diga cuáles sentencias cumple y cuáles no.

¿Cuál es su bandera en el tema de derechos humanos?

La lucha por la discriminación en cualquier motivo. Es un proyecto de ley marco en contra de la discriminación y el otro es trabajar en el enfoque al desarrollo basado en derechos humanos, esto implica que cada vez que analizamos una política pública esta sea transparente, exista consulta a la ciudadanía, rendición de cuentas.

¿Cómo se define usted fuera del papel de defensora?

Yo soy tímida, bastante introvertida, directa. No doy tantas curvas para decir las cosas y eso le puede caer muy mal a la gente. Soy terriblemente despistada, pero muy concentrada. Tengo la mala costumbre de pensar en voz alta. Soy creativa para buscar soluciones, tengo un estilo muy coreano, primero resuelvo el problema y luego averiguo quien es el responsable.

Me gusta el silencio. No me considero una persona materialista. Mis tesoros son otros, amo mis libros, me encantan las novelas sobre todo de lugares con los que he trabajado. Me apasiona lo que hago.

¿Qué le han dejado los sitios donde ha estado?

Más bien es qué he dejado. Porque he dejado el corazón desperdigado por todo el mundo, con cada persona que conozco sobre todo con las víctimas. Hay lugares que aún tengo pendiente ir como Afganistán, donde por razones de seguridad no me dejaban ir. También dejé un pedazo en el Congo, un país terriblemente corrupto, destrozado por la guerra, donde la gente desconfía. Dicen que la primera víctima de la guerra es la verdad, pero yo creo que es la confianza y eso se ve en pueblos que han pasado por la guerra. Pero eso sí, una vez que uno se gana la confianza y empieza a escuchar el dolor y las historias es imposible no dejar el corazón perdido ahí.

En Breve Monserrat Solano Carboni

Desde el 9 de setiembre de 2014 ocupa el cargo de Defensora de los Habitantes

Graduada de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica, realizó estudios de derecho en la Universidad Escuela Libre de Derecho y cuenta con una Maestría en Leyes en Derecho Internacional de los Derechos Humanos de la Universidad de Essex.

Ha llevado cursos de Derechos Humanos en la Universidad de Oxford y cursos avanzados de Derecho Internacional Humanitario en la Universidad de Harvard.

En materia de derechos humanos trabajó en la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Federación Internacional de Derechos Humanos, la Fundación para el Debido Proceso legal, (DPLF) y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos.

Como periodista trabajó en el periódico La Nación, El Semanario Universidad y en la revista Rumbo.

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