Cuidadoras de otros deben empezar a cuidar de sí mismas

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Las mujeres son las principales responsables de velar por el bienestar de personas con alguna dependencia física o mental, como ancianos, personas con discapacidad o enfermos mentales; sin embargo, olvidan que su salud también está en juego.

Dolor de espalda, insomnio, ansiedad, alteraciones en la vida familiar, cansancio, depresión y disminución del tiempo de ocio son algunas de las consecuencias que padecen quienes dedican su tiempo a cuidar de otro ser humano.

Un cuidador es quien presta atención a las necesidades de otra persona, generalmente son pacientes de demencias como alzheimer, adultos mayores que han perdido habilidades motoras o mentales, personas con alguna discapacidad, enfermedades temporales o permanentes que les impiden realizar sus tareas básicas con autonomía.

Se les debe ayudar en todo, desde preparar los alimentos, ayudarles a comer, asearse, vestirse, tomar medicamentos e incluso, ir al baño.

Generalmente esta carga recae en una sola persona que no recibe retribución económica por su rol de cuidador, suele ser un familiar, amigo o vecino cercano. Sin embargo, los estudios señalan que la mayoría de las cuidadoras son mujeres (generalmente hija del paciente) en edades entre los 45 y 69 años de edad.

Este es un trabajo arduo que provoca sobrecarga física y emocional, tanto que la mujer se puede convertir en una enferma secundaria y padecer de lo que se denomina "el síndrome de cuidador", que se caracteriza por el agotamiento y estrés constante.

Cuanto mayor sea la dependencia del paciente, más las consecuencias en la salud de la cuidadora. Las personas que padecen de alteraciones en la salud mental presentan más dependencia y para sus cuidadores es más difícil la labor comparado con velar por alguien que tiene afectación física.

Aumento del estrés.

La tarea puede provocar un estrés financiero, pues muchas mujeres deben dejar su trabajo para volcarse a atender a su familiar. Esto puede provocar que eviten invertir en sí mismas, como tener un control médico constante o ir a cita con nutricionistas, con tal de evitar los gastos médicos que esto implica o tener que pagar tratamientos. Un factor adicional que poco ayuda a la salud de la cuidadora.

Una de las afectaciones más comunes que vive el cuidador es el estrés. La sicóloga Claudia Guillén explica que "cuando se produce una situación de alerta nuestro cerebro envía un mensaje a las glándulas adrenales para que liberen cortisol, esta hormona hace que el organismo libere glucosa a la sangre para enviar cantidades masivas de energía a los músculos que nos permitirá huir o luchar, de esta manera el individuo puede manejar eventos que ocasionan mucha presión".

"Cuando la situación de estrés es puntual, una vez superada la emergencia los niveles hormonales y los procesos fisiológicos vuelven a la normalidad. El problema radica cuando el ser humano está expuesto a niveles de estrés constante y prolongado, como es el caso de las cuidadoras, esto eleva los niveles de cortisol y al ser el único proveedor de glucosa del cerebro, éste tratará de conseguirla por diferentes vías, bien sea destruyendo tejidos, proteínas musculares, ácidos grasos y cerrando la entrada de glucosa a los otros tejidos", detalla Guillén.

Por su parte, la sicóloga Andrea Aguirre recomienda tomar periodos de descanso mínimo una o dos veces al año y que sean una verdadera desconexión de la rutina. "Hay que apoyarse de los grupos familiares para que el cuidador principal tenga su tiempo libre y se desvincule", señala.

"Si esa persona ya está sufriendo el síndrome del cuidador, es momento de que haga un alto en el camino y empiece a tomar acciones para cambiar la situación", recomienda Aguirre.

Asimismo, investigaciones demuestran que las cuidadoras tienen mayor riesgo de presentar problemas médicos como: abuso de alcohol, tabaco y drogas, trastornos de ansiedad, cáncer, diabetes, enfermedades cardiacas, acidez estomacal, infecciones, obesidad, dolores musculares o de cabeza, estrés y depresión.

Por ello, es importante que las personas que velan por otros, empiecen a velar también por sí mismos y tengan sus controles médicos al día.

¿Cómo cuidar al que cuida?

Hay medidas que pueden beneficiar la salud de la persona que cuida de otro. Lo principal es estar consciente de que necesita prestar atención a su bienestar. Estas son algunas maneras de hacerlo:

Mantenga una buena alimentación. Puede consultar con un nutricionista e incluso compartir alimentos con la persona que cuida, quien también requiere de una dieta sana y equilibrada.

Haga ejercicio. Si tiene que ayudar a movilizar a la persona que cuida, necesitará que sus músculos estén fortalecidos para evitar lesiones. Por eso, y por salud general, es importante que realice ejercicio de 4 a 6 veces por semana. De esta manera también botará estrés, aumentará sus defensas y tendrá más energía para enfrentar sus tareas. Caminar entre 30 a 60 minutos diarios es una buena rutina.

Evite el tabaco, alcohol o drogas. El estrés la podría llevar a consumir sustancias que parecen hacerla sentir mejor, pero a la larga afectarán su salud.

Busque terapia sicológica. Puede que usted se sienta bien pero siempre es bueno conversar con un profesional que le ayude a lidiar con la carga y canalizar el estrés de manera correcta.

Mantenga sus chequeos médicos al día. Aún si no cree estar enferma, es importante que se realice los exámenes periódicos de rutina para descartar problemas de salud o detectarlos a tiempo.

Tómese un descanso. Ser cuidador principal a veces es un trabajo de 24 horas, los siete días de la semana, por todo el año. Esto no es saludable. Busque una red de apoyo para que usted tenga sus días libres, para que vaya de vacaciones y descanse. Pida ayuda entre sus familiares o recurra a centros médicos especializados.

Descanse. Asegúrese de dormir el tiempo necesario para que su cuerpo recargue energías. Aproveche las horas de siesta de la persona que cuida para que usted también tenga su periodo de descanso.

Mantenga su pasatiempo. Dedíquese tiempo a sí misma, ya sea que le guste pintar, leer, bailar, ver películas, cocinar o recibir alguna clase. Debe buscar la manera para continuar su vida cotidiana y tener sus momentos de dispersión.

Realice técnicas de relajación. Aprender a respirar, hacer yoga, meditar, colorear libros pueden ser mecanismos para sobrellevar mejor las etapas de estrés.

Repercusiones al cuidar a otras personas

Dolor de espalda

Menos tiempo libre

Cansancio

Mayor irritabilidad

Mal dormir

Sensación de impotencia

Alteración de la vida familiar

Pérdida o aumento de peso

Dedica menos tiempo al cuidado personal

Toma analgésicos

Abandono del trabajo

Practica menos ejercicio

Disminución de las relaciones sociales

Reducción de la economía

Fuentes: Sicóloga Claudia Guillén (tel.: 8488-2649), sicóloga Andrea Aguirre del Hospital Clínica Bíblica (tel.: 2522-1000) y la investigación "Impacto del hecho de cuidar en la salud de los cuidadores familiares", año 2000, de la Universidad de Barcelona.

PUBLICADO: 18 de Septiembre, 2017 AUTOR: