Siete consejos orientales que le cambiarán la vida

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Los antiguos jamás se imaginaron que sus ciencias y sus prácticas llegaran a tomar tanta relevancia en la cultura occidental, me dice la instructora de ejercicios orientales Ineke Lamey después de una práctica. 

En un mundo en el que buscamos el éxito a como dé lugar y en el que deben de haber más libros de autoayuda que gente feliz, la filosofía oriental ofrece herramientas para aceptar el cambio. El mensaje es claro: el secreto del éxito es que, en su búsqueda, nos damos cuenta de que lo más importante no es alcanzar la meta sino seguir caminando. Ineke me ha ayudado a entender esto y con ella escribimos los siguientes consejos orientales capaces de cambiar vidas: 

Los ejercicios orientales son fluidos pero lentos
Los ejercicios orientales son fluidos pero lentos FOTO: María Fernanda Cruz ampliar

  • Cuidar nuestra salud antes de tener que cuidarnos por la enfermedad. Hace algunos siglos, los médicos orientales definían su notoriedad así: mientras menos pacientes tuvieran, más buenos eran. Hoy la tortilla se dio vuelta y los hospitales no dan abasto. ¿Por qué preferimos tratar la enfermedad que prevenirla? Tratar el cuerpo antes de enfermarnos tiene mucho más sentido y nos ahorraría mucho dinero. 
  • La felicidad es un termómetro. La alegría que se siente por dentro y que se mantiene a pesar de los pesares es el indicador primario de que nuestro cuerpo está funcionando de la mejor manera. Sentir es esencial ante los cambios y las decisiones, es indispensable para entendernos. 
  • Somos muchas etapas a la vez. El cuerpo, el alma y la mente son una sola cosa. Un fuerte dolor de espalda, por ejemplo, puede deberse a un problema emocional o de estrés que no estamos detectando a tiempo. Si la mente se relaja y entra en estado de meditación podremos identificar de dónde viene el dolor, pero además, podremos prevenirlo antes de que suceda. Para lograr armonía y balance el primer paso es comprender esa integración. 
El chi kung es una práctica oriental milenaria que incluye rutinas como la del tai chi
El chi kung es una práctica oriental milenaria que incluye rutinas como la del tai chi FOTO: Germán Fonseca ampliar

  • La lentitud es la clave. El corre y corre diario nos impide observar y observarnos. Solo en calma y silencio podemos identificar lo que nos está pasando en la mente, el alma y el cuerpo. La lentitud es una palabra estigmatizada por un mercado laboral en el que premia la inmediatez y la eficiencia, pero ir despacio no quiere decir que vamos con pereza sino todo lo contrario: si vamos lento es porque vamos conscientes de cada paso. ¿Cuántas veces ha dejado olvidada la llave del carro, la de la casa, el celular o la billetera antes de salir para el trabajo? La distracción es un efecto claro de la ensalzada rapidez. 
  • La vida es movimiento. Antes de estar sentadas frente a una computadora todo el día, la vida de los seres humanos era sinónimo de movimiento, de ejercicio, de estiramiento. La trampa de la vida moderna es que pensamos que no necesitamos movernos para vivir y entonces llegan los gimnasios que se repletan en enero y las terapias para aprender algo tan básico como respirar. ¡Ya se nos olvidó hasta cómo se respira! El movimiento (¡levántese de ese escritorio y saque a pasear al perro!) es indispensable para el balance. Todo en el mundo está en constante cambio porque así es la naturaleza de las cosas: no hay nada que se quede quieto, ni siquiera el planeta mismo.

  • La "mente positiva" puede ser una trampa. El mundo es un lugar de dualidades, de ying y yang, de blanco, negro y muchos grises. Ver a los demás y vernos a nosotroas mismas sin etiquetarnos de "buenas" o "malas" es una forma de aceptar que el mundo cambia y que necesitamos de la oscuridad para que exista claridad. Pensar que siempre todo va a salir bien puede ser un autoengaño. Es mejor alejarse de los problemas, aceptar que existen y pedir sabiduría para distinguir entre lo que se puede cambiar y lo que se debe mantener como está. 
  • Todos los viajes empiezan con el primer paso, aún los más largos. Un pequeño paso puede ser un gran cambio o un gran inicio para lo que sea que esté en el destino. En el camino cambiaremos de dirección algunas veces. Eso es natural y hay que aceptarlo porque lo más importante no es llegar a la meta sino el camino que seguimos. 

Fuente: Ineke Lamey. Teléfono: 2234 2680

PUBLICADO: 07 de Julio, 2014 AUTOR: