Schiaparelli regresó a las pasarelas llena de fantasía y excentricidad

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Schiaparelli no había desfilado desde 1954, pero el lunes 20 de enero del 2014 la legendaria casa de modas regresó a las pasarelas de la alta costura en París, con 19 modelos llenos de fantasía y excentricidad.

Los invitados tenían cita en la plaza Vendôme, cerca de la histórica tienda Schiaparelli.

Para acceder al desfile, caminaron sobre una alfombra fucsia extremo al que quedó asociado el nombre de la marca.

Luego atravesaron una jaula en bambú dentro de la cual hay un cerezo en flor, igual que en la tienda original de Elsa Schiparelli.


La italiana formó parte de la renovación de la moda a principios de los años treinta. Diseñadora audaz, rodeada de artistas como Cocteau o Dalí, influenciada por los surrealistas, fue además la gran rival de Coco Chanel.

Su fantasía estuvo muy presente en el desfile, sobre todo en los sombreros.

No es de sorprenderse: Schiap’, como la llamaban los franceses, era conocida por sus sombreros excéntricos, como uno famoso con forma de zapato.

Las modelos tenían el pelo teñido de azul, otras llevan plumas en la cabeza o un sombrero puntiagudo.

También hubo mucha fantasía en los vestidos, muy modernos y fáciles de llevar.

El primer modelo, de hombros descubiertos, es un vestido largo drapeado de seda.

El estampado pintado a mano --como en las demás  siluetas--, se llama el cielo estrellado.

Un vestido bustier de seda azul y dorado se acompaña con una bata de muselina de seda azul oscuro.

Hubo sorpresa en el calzado: las modelos llevan sandalias chatas. Lo elegante era el material ( cocodrilo y plumas en algunos casos).

Si tuviese que resumir la colección en dos palabras, Marco Zanini, nombrado director creativo de la casa en septiembre, hablaría de excentricidad y elegancia.

"Partí de las telas y estampados exclusivos de la casa y trabajé con los talleres de París. Es una forma de trabajo artesanal", cuenta el creador italiano, ex creador para la casa Rochas.

Para la colección, hizo trabajar a las casas de bordado, incluyendo Lesage, firma con la que ya trabajaba Elsa Schiaparelli.

El especialista en plumas Lemarié también participó. Igual que la casa Fabre, para los guantes y Stephen Jones, para los sombreros.

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