Mónica Morales.11 junio

Pecado 1: ¿Alguna vez usted ha fingido un orgasmo? Sea sincera. Es triste pero la realidad es que el placer femenino no siempre es prioridad en la cama, así que cuando ya estamos aburridas o nos sentimos incómodas… fingimos terminar.

El problema en parte es él, pero en otra buena parte somos nosotras. Si su pareja cree que está logrando hacerla llegar al clímax, entonces seguirá con la misma (e insatisfactoria) receta. El truco es guiarlo hacia las cosas que la estimulan y usted concentrarse en su propio placer.

La comunicación en pareja es clave para dejar de fingir los orgasmos y empezar a experimentarlos.

Pecado 2: Esperar a que él tenga la iniciativa. Nos han hecho creer que las mujeres tenemos que ser recatadas y hacernos de rogar. Por suerte, esos estereotipos se han ido rompiendo y ahora tenemos todo el derecho de propiciar una relación sexual cuando tenemos ganas y sentimos erotismo. ¡Somos humanas!

No tenga miedo a tomar la iniciativa. Póngase ropa sexi, mándele un mensaje de texto para hacerle saber sus intenciones para esta noche, planee una salida romántica o una segunda luna de miel. Su pareja estará más que agradecida.

Pecado 3: Castigar con el sexo. Muchas mujeres utilizan el sexo como si fuera un premio o un castigo. Si su pareja no hace lo que quiere o si hay un problema marital, automáticamente se ponen un calzón de hierro. A ver, el sexo no debe ser un castigo, las diferencias se solucionan conversando y no con castigos que al final de cuentas nos hacen sufrir a nosotras también.

Pecado 4: No ponerle ganas. Si usted cree que su bella desnudez es suficiente para impactar a su compañero sexual… está equivocada. Eso puede ser suficiente las primeras veces, pero cuando ya convivimos con nuestra pareja (por más lindas y tonificadas que estemos), desnudarnos no tendrá el mismo impacto visual.

¿Cuál es la solución? Ser creativas. Una lencería sexi, un masaje con aceite, una caricia distinta o una postura nueva puede hacer que su desnudez esté acompañada de las técnicas necesarias para llegar al punto máximo del placer.

Pecado 5: Hacerlo con la luz apagada. A veces se vale, no decimos que no, sin embargo si la razón de que siempre queremos total oscuridad es porque nos avergonzamos de nuestro cuerpo, es probable que la relación íntima no sea tan placentera para ambos.

Usted estará incómoda pensando en si se echan de ver los kilitos de más, la arruguita o la bandida estría, y él no podrá disfrutar de todas sus curvas. ¡Los complejos fuera de las sábanas!

Aprenda a amarse y desearse tanto como él lo hace. Al final, si su compañero la eligió como su pareja sexual es porque su cuerpo le excita.

Pecado 6: Pensar que el sexo es pecado. ¿Se horroriza ante nuevas propuestas de posiciones sexuales, caricias diferentes o de utilizar algún juguete erótico? Tenga en cuenta que la sexualidad entre dos personas que se aman y se respetan nunca debe ser un pecado ni un tabú. Al contrario, es una excelente muestra de confianza querer innovar en la cama con nuestra pareja y además, aleja la rutina y el aburrimiento.

Disfrutar cosas nuevas genera complicidad y más cercanía entre las parejas. No tenga miedo, atrévase a probar y si no le gusta, cambien de juego.

Pecado 7: Olvidarse del orgasmo femenino. Este es un pecado de hombres y mujeres: si creen que el sexo se acaba cuando él eyacula, están muy equivocados. A veces, él termina pero nosotras estamos en pleno momento de excitación. La relación sexual puede continuar con las manos, la boca o con juguetes eróticos.

Otra alternativa es procurar que sea la mujer la que alcanza el clímax primero. Un gran reto para los caballeros, pero sabemos que lo asumen gustosamente.

La mayor regla de las mujeres empoderadas en la cama es que nosotras también tenemos derecho a nuestros orgasmos.

Pecado 8: Asumir que los hombres son los encargados de los condones. Mujeres, vamos un paso adelante. No nos atengamos a que sea él quien anda los condones, es mejor (por nuestra propia seguridad) ser precavidas y tener a mano preservativos. Incluso, podemos optar por comprar condones femeninos.

Pecado 9: Criticar su físico o su rendimiento. Si apenas él se desnuda, usted cuestiona el tamaño de su miembro o la amplitud de su barriga, si se molesta porque él no logró una erección, o si una vez que termina usted hace un drama porque los segundos fueron insuficientes… está cometiendo un pecado.

A veces las cosas no salen tan perfectas como en las películas románticas, pero eso no quiere decir que siempre vaya a ser así. Hay que ser comprensivas y saber conversar con la pareja. Recuerde que hay muchas formas de complacernos en la intimidad y no todo depende de lo genital.

Las críticas físicas o del rendimiento son uno de los matapasiones más devastadores que hay.

Pecado 10: Pensar que el hombre siempre quiere sexo. A veces a ellos también les da dolor de cabeza, tienen sueño o el estrés les impide excitarse. Que el hombre no quiera sexo no necesariamente significa que ya no la desea, que dejó de amarla o que la engaña. Hablen: esa es la clave para evitar cualquier malentendido. Es probable que simple y sencillamente hoy no sea un buen día para el sexo, pero sí para dormir acurrucados.

Pecado 11: Comparar con sus ex. En toda relación de pareja debe haber una regla: no haga lo que no quiere que le hagan. ¿A usted le gustaría que su compañero la pase comparando con los movimientos que hacía Fulanita o la flexibilidad de Sutanita? Exacto, sería odioso. Entonces, deje de compararlo con sus exparejas y empiece a disfrutar lo que él le ofrece.

Pecado 12: Descuidar su sensualidad. ¿Hace cuánto no compra lencería erótica?, ¿cuándo fue la última vez que se depiló?, ¿se ha vuelto a poner ese minivestido que a él tanto le gusta? Es cierto que la convivencia en pareja o los años de confianza hace que se pierdan ciertas costumbres de conquista que tenían cuando eran novios, pero nunca es un mal momento para retomar la sensualidad. No solo por él, sino también para que usted se sienta guapísima y disfrute aún más de su intimidad.

Fuentes: Sitio web de la sexóloga Alessandra Rampolla (www.universoalessandra.com) y el libro “El club del buen sexo” de la autora Esther Balac.