Ana María Velásquez Durán.15 junio, 2018

La vida de Lina Hernández, de 20 años, dio un giro inesperado después de un simple swipe (deslizar el dedo en la pantalla de un celular). En diciembre de 2014, mientras pasaba unos días de descanso en Cartagena, decidió descargar la app de citas Tinder.

Lo hizo -dice- por curiosidad, pero pronto se dejó envolver en la dinámica de las nuevas plataformas para conocer gente. Si usted no la conoce, las aplicaciones como Tinder se basan en la simplicidad: solo hay que ver las fotos de los contactos que la app le muestra según su ubicación. Cuando alguien le gusta, usted desliza su dedo hacia la derecha y lo arrastra a la izquierda en caso contrario. Si ambas personas hacen swipe a la derecha se logra un match y así se abre la posibilidad de establecer un contacto.

Aunque para muchos este puede ser el comienzo de un simple encuentro casual, para otros ha sido el inicio de verdaderas historias de amor. Lina lleva un año casada, después de mantener una relación a distancia durante seis meses con Jeremy Flinter, un canadiense de 29 años a quien conoció por Tinder.

“A veces uno no tiene el ciento por ciento de interés en la pantalla, solo deslizas a un lado y al otro y ya. Nunca lo imaginé, pero ha sido el mejor corazoncito que he dado en Tinder”, dice entre risas.

Una experiencia similar le ocurrió a Vanesa Mena, una periodista mexicana de 32 años que comenzó a usar apps de citas hace cuatro años. Tras dos años y nueve meses de relación, se va a casar con su novio, a quien también conoció gracias a un match. “Al principio no lo tomas tan en serio pues es una forma de protegerte y de no involucrarte mucho hasta no conocer las intenciones de la persona, tal y como pasa en la vida real”, dice.

De hecho, Mena considera que aunque las personas tienden a satanizar este tipo de sitios, la dinámica no es muy diferente a la de conocer a alguien en una fiesta o en un bar. “No tienes idea de qué va a pasar o qué tipo de persona es. Es un riesgo similar”, afirma. Lo importante, dice ella, es ser prudente, establecer límites y no exponer todos los detalles de su vida. “Usted es responsable de lo que quiere compartir. Es muy fácil saber si estoy hablando con alguien real. Solo el hecho de hacer una videollamada y mostrar a sus familiares ya da garantías”, agrega Hernández.

Cambio en las relaciones

Lo cierto es que el uso de este tipo de apps ha cambiado por completo la forma cómo se establecen los vínculos sociales. Sergio Llano, doctor en Comunicación y profesor de la Universidad del Norte en Colombia, señala que la tecnología ha potenciado el establecimiento de las relaciones. “Hay más posibilidades de concretar contactos y te expones más socialmente”, dice.

Llano apunta que el uso de apps como Tinder, Badoo y Happn ha llevado a que la estructura social se vuelva más densa y, por ende, se cree una sociedad en donde las relaciones son más enredadas. Hay un furor, todos quieren pertenecer y, según los especialistas, se forma un “terremoto de cita” en medios digitales.

“La forma como nos presentamos en los medios virtuales es maquillada. Elegimos las mejores fotos y mostramos aquellas facetas que más nos gustan. El estar más expuestos nos obligaría a ser más transparentes, pero a veces no hay coherencia entre lo que somos y lo que queremos mostrar”, dice.

Aplicación Tinder no es tan amigable para las lesbianas.
Aplicación Tinder no es tan amigable para las lesbianas.
Menos timidez

Pero quizás uno de los cambios más importantes que han generado estas apps en las dinámicas sociales es la posibilidad de eliminar los miedos que se generan en las relaciones convencionales. Las personas se vuelven cada vez más desinteresadas en los vínculos tradicionales y se sienten más cómodas con la tecnología, pero, según Sandra Moreno, psicóloga clínica, esto hace que a quienes se les dificulta entablar relaciones con otros logren autenticidad y puedan comunicarse más fácil.

“El empezar a hablar por videollamada, por ejemplo, baja la tensión porque ya sé cómo piensas. Entonces el encontrarse frente a frente después de semanas sí le da mucha ventaja a lo que uno quisiera entablar”, añade Hernández.

La clave para tener éxito en estas plataformas, dice la joven, es ser auténtico de principio a fin. Por eso, en sus videollamadas con Jeremy llegaron hasta a jugar el famoso juego de “stop” “Si no se muestra como es en la cámara, cuando se encuentra con esa persona va a ser un gran desastre”, dice.

Advierte, no obstante, que es vital no entrar a Tinder con la intención de encontrar al amor de su vida porque en vez de eso seguramente se chocará con una gran desilusión. “Es como una ruleta rusa, si le cae le cae”, concluye.