.19 junio, 2018

Hace dos décadas, para un adolescente conseguir pornografía era casi misión imposible. Había que hundirse en un mercado negro de material gráfico que solo se conseguía por el compañero que le robó la revista al hermano mayor. Además, la pornografía se limitaba a una revista pasada de tono o alguna imagen de una mujer desnuda.

Hoy en día, las escenas de sexo (videos explícitos, ya no simples fotos) están al alcance de un clic. Personas de todas las edades pueden acceder de manera gratuita a este contenido, basta que le den aceptar a la advertencia de que el contenido es para mayores de 18 años. En el caso de los niños y jóvenes, es una mentirilla que les puede traer grandes implicaciones psicológicas.

“Los chicos de hoy están viendo pornografía desde pequeños y lo ven en video porque hay canales como PornTube o Pornhub (que son los más fuertes en este momento y son gratuitos) pero además de eso, en las redes sociales, ellos tienen acceso a la pornografía. Tienen chat donde pueden compartir fotos, tienen un contenido sexual totalmente diferente al de nosotros”, explica Elaine Féliz, educadora sexual de República Dominicana.

En su país, Féliz creó una plataforma de educación sobre sexualidad para adolescentes y sus padres, pues ella considera que la información que se maneja es carente de valores. Además, le preocupa que los padres no estén hablando con sus hijos de sexualidad ni los riesgos que conlleva iniciar una vida sexual antes de estar preparados para enfrentar las consecuencias, tales como una enfermedad o un embarazo.

La especialista considera que esta situación se ha agravado en la era digital pues los adolescentes de esta generación nacieron o crecieron con la invención de Internet.

“Eso ha hecho que la información les llegue de manera espontánea a sus dispositivos electrónicos y no necesariamente ha sido filtrada por sus padres o adultos responsables que les cuidan”, explica.

Pornografia en celulares. Fotografía: Alejandro Gamboa Madigal.
Pornografia en celulares. Fotografía: Alejandro Gamboa Madigal.

¿Cuál es el problema de recibir tanto material mediante Internet? Una consecuencia es que lo mismo que recibe un adulto de 30 años, lo puede ver un niño de 10, sin que éste tenga la madurez para discriminar o juzgar el contenido.

“El problema es que su cerebro quizá no está listo para asimilar esa información”, enfatiza la educadora sexual.

Cuando un niño crece viendo escenas sexuales donde hay actores fingiendo un papel, puede llegar a creer que así es la realidad. Además, muchas veces tales escenas están cargadas de estereotipos y violencia.

Padres y madres responsables

Según la educadora sexual, muchos adolescentes de hoy en día han sido educados por la pornografía porque papá y mamá no hablan del tema.

Las preguntas sobre sexualidad las está respondiendo la pornografía o Google, sin embargo, esa información no tiene valores ni tiene el componente de la prevención, lo que hace es que los jóvenes se expongan a situaciones de riesgo.

Ver el sexo como un tema tabú, evadir las preguntas de los niños o jóvenes y confundir el tema de sexualidad con el morbo, son los principales errores de los padres.

Papá y mamá deben tener la capacidad de escuchar las inquietudes de sus hijos y empezar a hablar con ellos desde sus preguntas y no solo de lo que los padres quieren hablar. Esto es importante porque muchas veces los jóvenes pueden saber más de un tema que los propios adultos; recordemos: ellos ya lo buscaron en Google.

Pero además, los padres son los responsables de hablarles de valores, de respeto, de tolerancia, de mantener relaciones saludables con las demás personas, de saber alejarse de situaciones de riesgo.

“Nosotros como adultos tenemos que comunicarles el riesgo del sexo y lo que puede suceder cuando tienen relaciones sexuales, debemos aportar lo que no dice la pornografía, para que ellos puedan dimensionar las consecuencias y que adopten un comportamiento responsable”, señala Féliz.

Pornografia en celulares. Fotografía: Alejandro Gamboa Madigal.
Pornografia en celulares. Fotografía: Alejandro Gamboa Madigal.
Consecuencias de la pornografía

La pornografía y la violencia, son contenidos normalizados para las generaciones jóvenes y esto ha tergiversado lo que es una relación sexual. Esto puede crear mucha frustración cuando se enfrenten a una relación sexual real, con cuerpos reales y sin escenas planeadas cuadro a cuadro.

Además, el material erótico, que incluso se comparte en redes sociales y chats, ha hecho que los adolescentes piensen que tener relaciones sexuales desde edades tempranas es algo normal.

La razón por la cual se inicia la vida sexual activa puede llegar a ser la incorrecta: porque quiero experimentar lo que vi en un video pornográfico o porque todos mis compañeros lo están haciendo; el vínculo afectivo, está quedando relegado. La actividad sexual deja de ser una fuente de conexión entre lo profundo del ser y la persona amada.

Por otro lado, la pornografía es un mundo de ficción pero a veces, los jóvenes no distinguen entre la realidad y lo que es virtual. Cuando alguien ve pornografía, crea un lazo de intimidad con algo artificial, con un mundo irreal y puede perder la habilidad de crear lazos con personas reales.

Se necesita que los jóvenes entiendan que el contenido de la pornografía no es real y también se necesitan padres que se conecten con ellos para que puedan hablar el mismo lenguaje”, dice Féliz.

Aunque al principio el uso de la pornografía pueda resultar excitante, con el paso del tiempo va generando una sensación de vacío, baja autoestima y una profunda soledad.

En tema de autoestima tenemos la generación más deprimida de la historia porque se están comparando con esas vidas perfectas y esos cuerpos perfectos que aparecen en internet y los papás están ausentes porque muchos no saben el contenido que sus hijos están viendo”, señala la educadora sexual.

Finalmente, en la pornografía no aparecen las consecuencias de esas escenas. Para una joven o un joven, las enfermedades de transmisión sexual o un embarazo son situaciones que les pueden cambiar la vida e incluso truncar su futuro.

Fuente: Elaine Féliz, educadora sexual (www.elainefeliz.com).