Andrea González Mesén.21 junio, 2018

No ha empezado a llover cuando ya se empiezan a esconder entre los pies, se meten en los armarios y no dejan de temblar. Es muy posible que le suene familiar, ya que la fobia por las lluvias y los truenos que viven los perros es más común de lo que imaginamos.

Un estudio de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), publicado en la revista científica Applied Animal Behaviour Science afirma que entre un 15% y un 30% de los caninos le temen a las tormentas, generando cuadros de estrés.

Laura Loría, médico veterinaria del Hospital Veterinario San Antonio, explica que el rango de audición de los perros es más sensible que el del humano por lo que los ruidos como el de la lluvia y los truenos son disparadores de alertas.

Se calcula que un perro puede diferenciar sonidos de hasta 60.000 hertz, frente a los 20.000 que escucha el ser humano.

Los investigadores de la Universidad de Pensilvania analizaron muestras de saliva de un total de 19 canes a los que se les había diagnosticado pánico a la lluvia. Los niveles de las hormonas cortisoles (una respuesta del estrés) aumentaron un 200% durante la tormenta, acelerando el ritmo cardiaco, la frecuencia e intensidad de la respiración.

Para ayudarles es importante tratar de relacionar la llegada de la lluvia o días grises con eventos positivos, como juegos o recompensas. Hacerles ver que la vida continúa y que están acompañados se puede lograr con música.

Loría afirma que una vez llegada la crisis lo principal es no premiar conductas de miedo, ansiedad o agresividad. Es decir, no chinear a la mascota.

Se les puede hacer un “thundershirt” que es como un chaleco, camisa que genera una leve presión en el torso de pecho para bajar ansiedad que activa mecanismos internos que liberan hormonas como las endorfinas.

En casos de mucha ansiedad se pueden acudir a tranquilizantes caninos, pero esto dependerá de cada paciente. Así que mejor consultar al veterinario.

Una terapia de desensibilización con ayuda de algún etólogo veterinario es una alternativa en los casos que definitivamente no se pueden controlar en casa.