Andrea González Mesén.24 abril

Los cambios en las dinámicas diarias como quedarse en casa, reducciones económicas, cuidar a los niños mientras trabaja y la franca realidad de no tener claro lo que va a pasar a futuro puede generar emociones como la tristeza, la incertidumbre y la ansiedad que muchas veces mal dirigimos hacia la comida.

Rondar la cocina cada cinco minutos en busca de qué picar o repetir sin autocontrol son solo algunas señales a las que deberíamos de prestarle atención. Podría tratarse de alimentación emocional.

Esta situación se presenta cuando las personas comen por saciar una emoción y no porque están verdaderamente hambrientos.

¿Por qué reaccionamos de esta forma? Bueno, es porque la acción de comer libera millones de neurotransmisores que nos hacen sentir bien momentáneamente y que nos ayudan a disminuir la ansiedad, aunque luego aparezcan los sentimientos de culpa.

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Comida para pensar

Intentar cubrir nuestras emociones con comida podría llevarnos a caer en un círculo vicioso. Debemos de entender que el problema no está en el acto de comer, sino en la misma ansiedad.

“Debemos de ser muy minuciosos e ir al fondo de lo que nos está generando esa ansiedad y entender que claramente comiendo no vamos a solucionar esa sensación que estamos teniendo ni a corto ni a largo plazo”, comentó la nutricionista Marianela Obando.

Generar conciencia de que lo que está sucediendo y aceptar las emociones negativas que estamos teniendo puede ayudarnos a liberar la presión que ponemos sobre la comida.

Identificar el hambre de la ansiedad es otra herramienta que se puede desarrollar. Esta aparece repentinamente, se genera en la mente con recuerdos de sabores o texturas particulares, y luego de comer no nos sentimos saciados.

Disminuir la ansiedad es quizá la clave para no dejarse vencer ante la comida.

10 consejos que le pueden ayudar
  1. Haga un cronograma de su día. Incluya además de sus tiempos de alimentación, el momento en el que va a leer, el rato de ocio, la hora para hacer ejercicio, y hasta el horario de trabajo, para los que están trabajando desde el hogar.
  2. Trate de ajustarse a esa rutina. No caiga de nuevo en la ansiedad de no tener una planeación.
  3. Identifique las sensaciones que está percibiendo. ¿Es hambre de verdad, es ansiedad, estamos aburridos por tener más tiempo disponible?
  4. Intente tener una alacena bastante ordenada y planificada. No tener acceso a alimentos ultra procesados le ayudará a no comer por impulso cuando aparezcan los picos de ansiedad.
  5. Tomar bastante agua durante el día.
  6. Trate de disminuir el consumo de alimentos ricos en azúcar, ya que como medida de compensación la harán necesitar más azúcar durante el día.
  7. Prefiera alimentos ricos en proteína y fibra para estar más saciados por más horas.
  8. Sea más consciente del momento en el que se alimenta; evite comer frente al televisor o a la computadora.
  9. Incorpore el ejercicio en su rutina diaria, incluso podría incluir algunas prácticas de meditación y respiración para controlar un poco esos impulsos.
  10. Piense en comer más saludable, se sentirá mejor con usted mismo y fortalecerá el sistema inmune.

Fuentes: Dra. Marianela Obando, nutricionista (tel.: 4000-2171, www.nutrifitcr.com) y sitio web Sicología y Mente. psicologiaymente.com