El Tiempo, GDA .4 junio

El mundo de las dietas es de lo más incierto y variable que existe. Por cada dieta que desaparece o deja de estar de moda surgen otras tantas que prometen resultados instantáneos y milagrosos. La última en catapultarse como el régimen alimenticio del momento se llama keto o cetogénica, y ha logrado captar la atención de famosos y gente de a pie por igual. Entre los primeros, las cantantes Jennifer López y Beyoncé, la influenciadora Kim Kardashian y la actriz Halle Berry son solo algunas de las personalidades que se declaran seguidoras de la keto.

La promesa detrás de este plan es, sin duda, muy apetecible: perder 12 kilos en un mes sin que los vegetales y las frutas sean la principal fuente de alimentación. Y convence: en 2018 fue la dieta más buscada en Google.

La keto consiste en un consumo diario predominante de alimentos ricos en grasa, cuya ingesta varía entre el 70 y el 80 %, dependiendo de la persona. Las proteínas hacen su aparición entre el 20 y el 25 %. En cambio, se prescinde prácticamente de cualquier tipo de azúcar, carbohidratos y alimentos con almidón, que se incluyen entre el 5 y el 10 %.

Todo esto para que el cuerpo entre en un estado de cetosis, por el cual el hígado deja de emplear la glucosa como fuente de energía y la sustituye por las grasas. A partir de estas, el órgano produce unas pequeñas moléculas de energía, llamadas cetonas, que el resto del organismo emplea después como principal fuente calórica. Es decir, el cuerpo termina funcionando única y exclusivamente a partir de grasa, por lo que, dicen los promotores de la dieta, “se vuelve más fácil acceder a los depósitos de grasa corporal para quemarlos”. Es parecido a lo que sucede en el organismo cuando se ayuna.

Alimentos permitidos y restringidos

Sobre los alimentos que se deben consumir, aquí vale una aclaración: no se permite cualquier tipo de grasas, por supuesto, sino aquellas que proceden de pescados (azules ricos en omega 3) y algunas de origen vegetal y animal, como ciertos quesos, leche, aceite de oliva, frutos secos, aguacate, semillas, salmón, mariscos, huevo y las carnes magras, especialmente las de las aves y los fiambres.

La presencia de verduras se hace esencial, pero no todas están permitidas porque muchas contienen almidón. Se recomiendan las que “crecen en la superficie de la tierra”, como el brócoli, la coliflor y las berenjenas, y no “las que crecen bajo tierra”, como papa, zanahoria, cebolla, remolacha y camote.

En contraste, la lista de alimentos “que no se deberían comer”, que es aún más extensa si cabe: cero frutas, pasta, arroz, dulces, comida ‘chatarra’, como hamburguesas, perros calientes, pizzas, y las gaseosas, aunque sean dietéticas. La lógica es que cuantos menos carbohidratos, mejor.

El alimento permitido que quizá llama más la atención en esta dieta es la mantequilla, proscrito durante años en los planes de alimentación más estrictos. Con la keto se puede consumir por su alta presencia en “grasas de calidad”. ¡Ah! Y el chocolate negro puro, rico en antioxidantes.

En cuanto a los líquidos, se aceptan, además del agua, el café (solo con un poco de leche), el té y el mate, preferiblemente sin ningún tipo de edulcorante. Líquidos que ayudan a acelerar el metabolismo. También se acepta una copa de vino de vez en cuando, indican quienes la respaldan, pero no la cerveza.

¿Funciona?

La premisa detrás de la dieta cetogénica, que no es otra que una bajada de peso en tiempo récord, efectivamente, se cumple, explican Liliana Ladino, nutricionista y directora del Centro de Investigación y Educación en Nutrición (CIENutrition), en Colombia, y Erika Ochoa Ortiz, nutrióloga y directora del Departamento de Nutrición y Bienestar Integral TEC de Monterrey, México. El problema es que ni es sostenible en el tiempo ni es saludable para el organismo.

De hecho, nunca fue creada –en los años 20– con el objetivo con el que se trata de vender ahora de forma masiva. “Surgió para controlar las convulsiones de los pacientes con epilepsia, especialmente en niños, que no respondían a los fármacos. También se usa en casos muy puntuales con personas que padecen de un error innato de metabolismo, jamás para controlar el peso”, indica Ochoa.

“Existe evidencia científica de que funciona, sí, pero únicamente en esos casos descritos que nada tienen que ver con la pérdida de peso, sino para controlar las convulsiones”, añade Ladino de forma enfática.

Las dos especialistas insisten en que este tipo de dietas que surgen bajo el indicativo de ‘milagrosas’ (como la Atkins o la Dunkan en su momento) no cuentan con ningún respaldo médico en relación con sus efectos en el largo plazo. Al contrario, pueden atentar seriamente contra la salud porque se basan en la restricción de nutrientes esenciales para el buen funcionamiento del organismo. “La keto puede desencadenar deficiencias de vitaminas y minerales, pérdida de masa muscular, problemas hepáticos severos, hígado graso y déficit proteico, entre otras secuelas. Es muy peligroso”, subraya Ladino. Sin olvidar el efecto rebote, dice Ochoa: “Nadie puede sostener este régimen en el largo plazo. Cuando retomas tu estilo de alimentación normal, recuperas el peso anterior de nuevo porque tu cuerpo empieza a almacenar los nutrientes de los que se le ha privado”.