Pilar Bolívar.13 mayo

Comer todo lo que le genera disfrute, no pensar en la balanza, en porciones ni macros y, al mismo tiempo, conectarse con las señales que le envía su cuerpo en torno a uno de sus instintos primarios, como la alimentación, son claves de la tendencia de comer intuitivamente, una práctica que puede seducir a muchos. Sobre todo durante estos días en los que la nevera está más cerca que nunca y el cerebro y la conciencia hacen de las suyas, reforzando los ‘regordimientos’ y sentimientos de culpa por romper la dieta.

Es cada vez más frecuente ver en redes sociales esta tendencia, que promueve la alimentación intuitiva como un enfoque nutricional más allá del plato, que garantiza salud física y mental al romper las obsesiones por bajar de peso y, en cambio, hacer las paces con la comida y con el reflejo del espejo. De ahí que sea la ‘no dieta’.

En este sentido, abundan publicaciones con habituales exquisiteces culinarias, ya no acompañadas de las epistolares preparaciones paso a paso, sino de etiquetas que aluden a la intuición y a la autocompasión, como #intuitiveeating (que traduce ‘alimentación intuitiva’) o #eatbetternoless (‘come mejor, no menos’).

La nutricionista y dietista Johanna Losada dice que este concepto “lejos está de ser una dieta, de hecho rechaza esta cultura, la fuerza de voluntad o los regímenes restrictivos. Se centra en escuchar al cuerpo y entrar en sintonía con sus señales que guían al instinto de comer, como el hambre y la saciedad”. Y destaca, entre sus beneficios, el lograr comer de forma consciente lo que el propio cuerpo necesita y lo que el gusto desea (sin sesgos por influencias externas, cumplir un estándar estético o seguir modas impuestas por los personajes fit), ‘legalizar’ los alimentos y dejar de cuestionarse sobre las dietas y las prácticas que se venden como saludables, pero que siguen dándole todo el peso al peso.

“Como nutricionista -agrega Losada- aplico algunas técnicas de la alimentación intuitiva útiles para que las personas olviden la mentalidad de dieta y dejen de juzgar los alimentos y, en cambio, descubran el placer de comer permitiéndose incluir todo tipo de alimentos, aprendan a encontrar la saciedad y vean el ejercicio como un medio de disfrute y no como autocastigo”.

Conciencia y autocompasión

Con el auge de las tendencias budistas asociadas a la conciencia plena (o mind-fulness), la alimentación intuitiva se viralizó al derivarse del mindfulness eating (aplicación del concepto del aquí y el ahora a la alimentación), pero sobre todo por seguirles los pasos a las tendencias de inclusión y belleza en todos los formatos, como el body positive y Health At Every Size, o salud en todas las tallas (Haes, siglas en inglés).

Para la médica especialista en nutrición clínica y mindfulness eating Ana Patricia Salgado, “es una vía a la aceptación y la autocompasión. Pero no todo lo que publican como #intuitiveeating aporta. Así suene muy íntimo, es bueno ir de la mano de alguien que trabaje desde el mindfulness hasta la nutrición”.

Salgado explica que ser intuitivo “no es justificarse en: ‘Hoy no iré a trabajar y me quedaré haciendo ejercicio’ o ‘comeré 50 brownies’ con la excusa de: ‘Mi cuerpo y mi intuición lo piden’. Convertiríamos una herramienta que busca el autocuidado en algo que perjudica”, y destaca que no se debe ver este enfoque como la forma de comer de todo, sin engordar.

“No permite adelgazar -dice Salgado-. Como herramienta compasiva y de autoaceptación no busca cambiar el cuerpo para ser más atractivo ante los ojos de los demás”.