Andrea González Mesén.20 agosto, 2015
A direfencia de la obesidad quienes sufren de megarexia no logran identificar el problema de sobrepeso.
A direfencia de la obesidad quienes sufren de megarexia no logran identificar el problema de sobrepeso.

Verse a sí mismo saludable, con un peso adecuado y en buen estado físico es una buena percepción solo si refleja la realidad. Pero si quien se percibe de esta forma tiene sobrepeso y una mala alimentación, podría estar ante un posible trastorno alimenticio y de personalidad.

Hablamos de la megarexia, una perturbación de la imagen corporal que distorsiona la forma en que la persona se percibe a sí misma, la cual está convencida de que cuenta con una condición saludable cuando no la tiene. Quienes sufren este padecimiento sienten satisfacción al aumentar de peso y no llevar un estilo de vida saludable.

La nutricionista Mariel Laitano explica que este fenómeno inicia en personas sedentarias con obesidad. La principal diferencia entre la megarexia y quienes sufren de sobrepeso radica en que las segundas sí tienen consciencia de su mal.

A direfencia de la obesidad quienes sufren de megarexia no logran identificar el problema de sobrepeso.
A direfencia de la obesidad quienes sufren de megarexia no logran identificar el problema de sobrepeso.

Se identifica cuando la persona obesa deja de preocuparse por su alimentación y empieza a manifestar frases como "soy un gordo feliz, me siento sano". Suelen tener un índice de masa corporal mayor al 40%. Son personas que no quieren tener un estilo de vida saludable.

"Tienen alterada la percepción de la realidad, se dicen a sí mismos estoy súper sano y guapo, cuando realmente no es así. Y claramente pueden llegar a tener anemia porque no comen frutas ni vegetales. Pueden sufrir mareos y presión baja, es un círculo vicioso", comenta la experta.

Como ocurre en otros casos de trastornos alimenticios, la megarexia tiene sus raíces en problemas sicológicos.

La sicóloga Sandra Ayales asegura que la megarexia se puede presentar por consecuencia de deformaciones en la identidad de las personas y evidencia la presencia de un conflicto interno que esconde una baja autoestima y que se oculta a través de la comida. No se puede confundir una buena seguridad y autovaloración con conformarse a tener una salud inadecuada.

"Viene de edades muy tempranas. Es gente que empieza siendo obesa o pasados de peso y desarrollan luego la megarexia, porque es más fácil olvidarse del problema. Además, la comida representa placer, confunden el autoestima y se conforman con su mala condición de salud", dice la sicóloga.

Las consecuencias de este mal se pueden evidenciar principalmente en cambios físicos debido al aumento de peso y grasa, por llevar una dieta alta en azúcar, carbohidratos, comida chatarra, postres y frituras.

Las relaciones sociales es otro aspecto que se ve distorsionado, gracias a que no se logran establecer vínculos afectivos sanos sino que están mediados por la inseguridad y pueden desarrollar patrones de conducta de emotividad excesiva y búsqueda de atención, con el propósito de ocultar un posible rechazo social.

Ayales advierte que debido a esta búsqueda de aceptación es posible convertirse en objetos sexuales sin desearlo.

Trastornos como la megarexia se hilan con el tiempo, no se presentan de la noche a la mañana. Situaciones como el abuso sexual o bullying en la infancia pueden ser detonantes.

"Yo haría un llamado a los padres para que trabajen en el fortalecimiento de la autoestima. Una manera es dedicar tiempo a actividades no académicas para el desarrollo de destrezas sociales, estar pendiente de las cualidades de los hijos y trabajar en superar las dificultades. Cuando se cuenta con una autoestima fuerte se tiene la capacidad para lidiar con las cosas duras de la vida. La obesidad está asociada muchas veces a la carencia de afecto y se sustituye el afecto por comida", advirtió la sicóloga.

Ayuda. Salir a flote no es tan simple. Para lograrlo se requiere de la ayuda de un equipo profesional interdisciplinario y el apoyo de la familia y amigos.

Lo más complejo, según las expertas, es convencerlos de que requieren ayuda. Laitano comenta que los pacientes presentan periodos de lucidez muy cortos que pueden ser esenciales para intervenir.

"Muchas personas asisten a consulta por exigencia de la familia, aseguran que una caja de pizza y helados los satisface más que sus seres queridos", comentó Laitano.

La tarea de la familia es ayudarlos a tomar conciencia del problema. Si la familia intenta resolverlo por sí solo es posible que se generen más conflictos, no se trata de someterla a dieta estricta, lo que requiere es que toda la familia ingrese en un estilo de vida saludable y busque alternativas recreativas sin que medie la comida.

"Es un trastorno que está en estudio que puede ir en aumento", concluyó Ayales.

Fuentes: Mariel Laitano, nutricionista MLC Care Center. (Tel.: 7133-1218). Sandra Ayales, sicóloga. (Tel. 8838-4765).