Andrea González Mesén.13 marzo

María tiene más de 50 años de comer de todo lo que se le antoja. Limitaciones no tenía, en una época no pudo comer tomate porque le caía mal al estómago, pero nada de qué preocuparse. Hace un par de meses esa libertad dejó de existir. Cualquier cosa que comiera era sinónimo de vómitos y diarreas. Se volvió alérgica a casi 95 productos de consumo básico como el trigo, el maíz y el huevo.

Luego de tratarse médicamente, superar la crisis y volver paulatinamente a una dieta habitual se dio cuenta de que su mal tenía una justificación: la desintegración familiar.

En otras palabras, su cuerpo reaccionó así debido al mal manejo de la tristeza que María no le supo dar a una situación personal.

Carlos Alvarado Cantero, académico de la Universidad Nacional y decano de sicología de la Universidad de Lasalle, afirma que efectivamente existe una relación directa entre las emociones y las reacciones del cuerpo, debido a que este último es el núcleo de la personalidad.

2/02/2018. San José. En lugar de rebotar entre polaridades, los líderes deberían aprender a incrementar su “rango de movimiento” a través de diferentes desafíos y presiones de liderazgo.
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Se trata de una necesidad humana de depositar los sentimientos no visibles en algo tangible. De pequeños, por ejemplo, cuando sentimos amor primero lo sentimos y luego lo logramos decir. Como el lenguaje es limitado el cuerpo nos hace hablar. En ese sentido, los síntomas físicos funcionan como medios de expresión. Lo ideal es poder pasar de esos síntomas físicos para poder verbalizarlos”, asegura el sociólogo.

Por su parte, la sicóloga Fernanda Sánchez, dice que el mal manejo de la ansiedad lleva a las personas a sufrir de las llamadas enfermedades sicosomáticas, que al no saber cómo interpretar una situación el cuerpo la trasforma en angustia que luego la intenta liberar a través de un malestar que se presenta en algún punto de debilidad que ya de por sí tenga el organismo. Un ejemplo de un padecimiento producido por el mal control de las emociones es la fibromialgia.

La ansiedad es un aspecto que nunca va a salir de nuestra vida. Lo mismo que el estrés. La ansiedad más patológica es la que continúa una vez que ha pasado lo que suponíamos era el foco de preocupación. En este caso es cuando tengo que aprender a manejar mejor las emociones en momentos de crisis”, asegura Sánchez.

Los expertos concuerdan en que las mujeres están limitadas a sentir ciertas emociones como el enojo o la cólera.

Esa censura por expresarse “agresiva” se transmite al cuerpo como tristezas, auto reproche, cansancio, sueño excesivo, dolores de cabeza, hombros, contracturas, resfríos, depresión.

El momento de la menstruación es quizá de los pocos espacios en los que se justifica el enojo de la mujer. No se le pone atención a qué es lo que está diciendo, sino a si está con la regla o no”, señala Alvarado.

El sociólogo afirma que los niveles de depresión en las mujeres son mucho mayores, principalmente por verse permitidas a sentir tristeza. El problema es que se vuelve un estilo de vida. En casos extremos llega el deseo de autoeliminación nutrido por querer dejar de sufrir. Esta misma necesidad es la que lleva a más mujeres a consumir sustancias como tranquilizantes.

El manejo adecuado del estrés le puede evitar males futuros.
El manejo adecuado del estrés le puede evitar males futuros.

Los males son mensajes del cuerpo, una realidad invisible. Son un correlato de lo emocional.

Cuando un mal es persistente uno debe cuestionarse por qué se presenta con tanta regularidad. El cuerpo grita lo que calla el alma”, sentencia el experto.

Las reacciones físicas llegan cuando la persona se ha quedado sin otro recurso y principalmente por no aprender a interpretar lo que sucede.

Los hombres no están exentos. Sus represiones se focalizan en la incapacidad de reconocer sus sentimientos y luego expresarlos. Es mucho más complejo lograr que un hombre asuma lo que siente sin culpabilizar.

Que un hombre diga no quiero verte hablando con fulanito es sinónimo de que no está siendo responsable de los sentimientos. Pero si dice: tengo miedo de perderte, está asumiendo la realidad”, ejemplifica.

El hombre en su caso focaliza esa represión de los sentimientos en el trabajo. A él se le dificulta manejar la alegría, el miedo y la tristeza, porque el hombre debe ser fuerte y valiente. Mientras que a la mujer le cuesta manejar el enojo, por un tema de represión.