Andrea González Mesén.16 noviembre

El cuerpo depende de las grasas para una serie de funciones. Son fuente de energía para las células, para el almacenamiento de energía y protección de órganos vitales, recubren los nervios para una mejor comunicación entre neuronas y a partir de ellas el cuerpo produce vitamina D y otras hormonas. Por ello, es importante incluirlas en la comida diaria eligiendo las adecuadas como parte de una excelente alimentación.

Mariela Parajeles, experta de Consultas Nutrición, explicó que los ácidos grasos consisten en una cadena de átomos de carbono unidos a átomos de hidrógeno con una pequeña cantidad de átomos de oxígeno. Lo que hace a uno diferente de otro es la cantidad de átomos de carbono y el cómo se conectan.

Estos se dividen principalmente en cuatro categorías principales:

Grasas saturadas: El término “saturado” significa que los átomos de carbono en una cadena contienen la mayor cantidad posible de átomos de hidrógeno. A temperatura ambiente, son sólidas, se pueden observar, por ejemplo, en la superficie de una olla de carne al enfriarse o en el sartén después de cocinar tocineta. Diversos estudios señalan que aumentan considerablemente el colesterol LDL o llamado malo, el cual podría favorecer el proceso de obstrucción de las arterias. Se encuentra en la carne y grasa animal, leche y productos lácteos. También en algunos aceites vegetales como el aceite de palma y el aceite de coco.

Grasas monoinsaturadas: A temperatura ambiente, las grasas monoinsaturadas son liquidas. Las grasas monoinsaturadas reducen el colesterol LDL. Están en los aceites vegetales, incluidos el aceite de oliva, en el aguacate y en la mayoría de las nueces.

Grasas poliinsaturadas: Se pueden subdividir en los grupos omega-3 y omega-6. Nosotros no producimos grasas poliinsaturadas, por lo que necesitamos obtenerlas a través de aceites vegetales como el aceite de maíz y aceite de soya, chía, linaza molida, nueces y pescados grasos como las sardinas, el salmón y el atún. Son necesarios para el crecimiento celular, la función cerebral y sistema inmune.

Grasas trans: Se forman de manera industrial al convertir el aceite líquido en una grasa sólida. Su efecto no es nada alentador, pueden aumentan los niveles de LDL y trigliceridos, bajan el colesterol HDL o colesterol “bueno”. Promueven la formación de coágulos sanguíneos, lo que puede desencadenar en ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Se localizan en aceites parcialmente hidrogenados, en repostería, alimentos fritos y procesados.

En resumen: las grasas insaturadas son buenas para la salud, las saturadas no son tan buenas y las trans son dañinas.

Para consumir grasas responsablemente revise la etiqueta de lo que compra. Aunque posea poca grasa hay que analizar las cantidades de azúcar u otros almidones que se usan para sustituirla. El cuerpo digiere rápidamente estos carbohidratos refinados afectando los niveles de glucosa en sangre resultando en aumento de peso y riesgo de enfermedades.

Dé un buen uso a sus aceites al cocinar. Elíjalos tomando en cuenta la preparación y cuide la temperatura, si empieza a humear significa que el aceite se está degradando y generando compuestos dañinos para la salud.

Idealmente no reutilice los aceites y almacénelos en una botella de vidrio de color oscuro y bien cerrado y no los guarde muy cerca de la cocina y horno.