Andrea González Mesén.10 mayo

El agotamiento emocional se refiere a la sobrecarga afectiva que tenemos. Es cuando se da un exceso de nuestras defensas y recursos afectivos.

Asumir las responsabilidades de otros, desear resolver las necesidades de la familia, exigirse en el trabajo en todo momento sin nada a cambio podrían terminar en este tipo de fatiga. No es algo que ocurre de un momento a otro, es un proceso que por lo general se manifiesta cuando se da un punto de quiebre en el estado emocional; y es en ese momento cuando la persona siente que ya no puede dar más ni física ni emocionalmente.

“Cada individuo tiene una capacidad única de enfrentarse al estrés. Cuando se excede su capacidad, el sistema puede dejar de funcionar correctamente”, afirma Marcela Valle Cuéllar, sicóloga logoterapeuta, en una publicación del diario El Tiempo.

Se puede detonar por una sobrecarga de sucesos estresantes, como la ruptura de una relación, la muerte de un ser querido, la búsqueda de empleo sin éxito –o la posibilidad de perderlo– o por asumir la totalidad de las cargas familiares.

La sicóloga Sandra Ayales aclaró que no se debe confundir con el síndrome de agotamiento o burnout. Éste se refiere al agotamiento laboral, mientras que el emocional se ve reflejado por muchas situaciones de la vida: en la familia, el trabajo y las relaciones de pareja.

También es necesario marcar distinción con la depresión, aunque pueden parecerse. Una de las características de la depresión es la desesperanza, no encontrar salida; eso no se da en el cansancio emocional.

En la depresión las personas tienen un cambio en el estado de ánimo. En el caso del agotamiento emocional, los síntomas se sienten más a nivel físico.

Signos de alerta

Aunque el origen es emocional va de la mano con las afecciones físicas. “Somos uno cuerpo y espíritu. El cuerpo se va resintiendo y puede dar origen a enfermedades sicosomáticas, depresión o insomnio. Además, va acompañado de una gran fatiga física”, detalla Ayales.

De hecho explica que el primer acercamiento es al médico general, por el tipo de dolencia o malestar. Sin embargo, al descubrir que no existe una enfermedad física de fondo se empieza a pensar alternativas de tipo emocional.

La persona puede sufrir de nerviosismo, agotamiento físico y mental, angustia, impotencia, dolor de cabeza o muscular, problemas digestivos, palpitaciones, insomnio, desmotivación, irritabilidad, intolerancia, temores múltiples.

“Cuesta mucho diagnosticarlo, porque la mayoría de las personas consulta en el primer nivel de atención cuando ven las manifestaciones físicas, pero no hay nada aparente. Es aquí cuando se profundiza en la razones emocionales que son las que están provocando ese desbalance”.

Para la experta el llamado agotamiento emocional no es otra cosa que el desequilibrio generado por dar más de lo que se recibe.

“Se origina entre la gente que da mucho. El desequilibrio se genera entre nuestro esfuerzo, lo que damos y lo que recibimos. Se da en un tipo de personalidad muy altruista y entregada a los demás, muy preocupada por los otros y que dejan de lado sus propias preocupaciones”, comenta la experta.

En nuestro contexto tiende a darse más en mujeres. Primero por el tipo de profesión, ya que las mujeres tienden a trabajar más con personas en puestos de salud o servicio social. “Trabajar con gente agota más”, asegura Ayales.

Sin olvidar que la gran mayoría de mujeres asume una doble carga laboral. Además, por características culturales, las mujeres expresan menos sus necesidades y tienden a satisfacer primero las necesidades de sus hijos, de su pareja, familiares y amigos. Es una enfermedad muy relacionada con el autocuidado.

Obligarse a descansar

Lo mejor siempre es prevenir. Tenemos que aprender a escuchar nuestras propias necesidades, validar nuestro agotamiento y –si es necesario– obligarnos a descansar.

El nivel micro es quizá el más importante. Diariamente dedíquese un espacio para usted misma, no se trata de horas, sino de tomar unos minutos para relajarse.

Programar el día de tal manera que durante la jornada tengamos espacios para descansar, donde hagamos algo solo para nosotras. No tiene que ser nada complejo: ver televisión, leer un libro, no hacer nada, sentarme en una mecedora; en fin, algo que le genere satisfacción personal. Esto tiene que ver con la validación de las propias necesidades.

Esta validación pasa primero por el autoconocimiento: qué necesito, qué quiero, para qué estoy aquí. En la medida en que le encontremos sentido a lo que estamos haciendo nos alejamos del agotamiento emocional.

Ese aporte día a día incluye aprender a vivir con conciencia plena. Hacer las cosas en modo automático le quita sentido a la vida y eso nos lleva al cansancio emocional.

Igualmente practicar ejercicio, comer bien, dormir adecuadamente y mantener buenos vínculos sociales eleva nuestra autoestima y nos ayuda a llevar una vida más plena y feliz.

Fuente: Sandra Ayales, sicóloga Torre Médica Momentum Pinares. (tel.:88238-4765). Diario El Tiempo / GDA.