Andrea González Mesén.6 octubre, 2017
Niños
Niños

Despertar acelerado, saber que debe correr para bañar a los niños, prepararles desayuno, jugar dos segundos con ellos pero en su lugar le da el celular para poder alistarse usted también. Salir de casa, dejarlos en la guardería y que esperen ahí hasta que al final de la jornada logre en medio de presas pasar por ellos, darles de cenar, de nuevo el celular y a la cama.

Esta seguidilla de actividades, el corre y corre de cada día es lo que lleva –evidentemente sin intención– a que los niños vivan solos aunque estén acompañados y a que a cortas edades se sumerjan en cuadros de estrés, ansiedad y hasta depresión.

Al igual que a un adulto, el ritmo de vida acelerado afecta su estado emocional. Para reducir esos efectos, los expertos recomiendan tomar una pausa y enfocarse en lo que está pasando en este momento, y vivir el presente mediante la atención plena.

Una estrategia para lograrlo es la técnica del mindfulness, que según la definición dada por la Sociedad Mindfulness y Salud se trata de "la capacidad básica de poder estar en el presente y de recordar estar en el presente, es decir, constantemente estar viviendo en el aquí y ahora".

A través de esta práctica se reconoce lo que está sucediendo mientras está pasando, mientras se acepta activamente la experiencia que se está viviendo. Esta aceptación incluye tanto momentos desagradables como los que se disfrutan, ahorrando el sufrimiento añadido de tener que lograr que lo desagradable desaparezca.

Esta práctica permite quedarse solo con lo que se experimenta, sin agregar sufrimiento o incertidumbre. Es vivir el momento.

En palabras más simples, la atención plena significa prestar atención de manera consciente a la experiencia de ese preciso momento, eso sí con interés, curiosidad y aceptación. Estrategia que se logra en niños.

En los pequeños el proceso de aprendizaje de este estilo de vida puede iniciarse a edades muy tempranas. El Luleid Kinder Garden es un ejemplo de la aplicación de esta técnica en niños de entre dos a cinco años de edad en Costa Rica.

El mindfulness para niños es una técnica que procura que ellos aprendan a elegir qué hacer con lo que sienten o piensan y, de ese modo, sepan cultivar la compasión y la resistencia a los fracasos o dificultades.

Su aplicación favorece la concentración, un incremento en la sensación de calma y tranquilidad, disminución del estrés y la ansiedad. Además, mejoran la capacidad de controlar impulsos, incrementado la autoconciencia de quiénes son ellos y de conocer su cuerpo.

"Desarrollan respuestas asertivas a emociones difíciles. En lugar de dejarse llevar por el momento, aprenden a manejar sus emociones como las que se generan en una enfermedad o ante el enojo con los padres", detalla Allan Barbosa, experto del Centro Costarricense para Mindfulness.

La práctica del mindfulness en niños pequeños ha influenciado positivamente la empatía y el entendimiento hacia los demás, efectos que en adultos no toma mucha relevancia debido a que la gente suele enfocarse en el control de las emociones y la concentración.

A diferencia de los adultos, lo ideal es realizar este tipo de programas en grupo y no de forma personalizada. De esta manera es mucho más fácil llegar a todos los niños, al tiempo que se sienten mucho más cómodos con sus pares.

"En los contextos escolares se han visto dos alas de influencia: una es la atención, es decir el incremento y la mejoría en la concentración, y la otra es el tema de la autorregulación, el control de impulsos y emociones. Sin dejar de lado otros factores como empatía, bondad, estar bien, generosidad y compasión", reitera Barbosa.

El experto dice que estos aspectos positivos se evidencian por ejemplo cuando hay niños enfermos y llegan después de tres o cuatro días de ausencia, los otros niños se acercan a ese pequeño y se interesan por saber cómo está y volver a integrarlo al grupo.

"Los niños llegan pidiendo hacer mindfulness en sus casas, aunque no sepan ni pronunciarlo. Ellos se quedan en silencio un ratito o se acuestan a sentirse la pancita mienstras están respirando. Ellos mismos lo están apreciando", detalla Barbosa.

Durante este tiempo en silencio los pequeños buscan estar con ellos mismos, estar con sus emociones, estar con su cuerpo, a sentir su barriguita como sube y baja cuando respira, aprenden a sacar un ratito para ellos.

Con los niños se trataba de forma repetitiva, de forma más conductualmente. Son consientes a otros nivel.

En una de las prácticas del mindfullness se empieza siempre apreciando la respiración, y en los niños es difícil decirles que sientan cómo el aire entra por su nariz, cómo se expanden sus pulmones y demás, en los pequeños se logra apreciar esta conducta cuando los acostamos y colocamos un saquito de arena sobre su abdomen, ellos logran concentrarse en esa parte del cuerpo, sienten lo que sucede y empiezan a tomar conciencia: "mi cuerpo realmente se mueve cuando respiro", dicen.

"Es darles las mismas herramientas pero de acuerdo a su madurez y desarrollo", detalla Barbosa.

En adolescentes, esta técnica va más allá del compañerismo. Les da las herramientas necesarias para que aprendan a valorar el tiempo a solas y a no refugiarse en el mundo de las tabletas, celulares o la televisión.

Más que aprendido

La empatía, la compasión y la bondad son naturales del ser humano. El mindfulness no les enseña a tener estas cualidades, lo que sí logra es mantenerlas vivas.

"Lo que consigue es un reencuentro de estas cualidades a través de prácticas. Por ejemplo, al empezar el día si falta algún niño le pedimos al resto que piensen en él y le deseamos que esté bien, que ojalá se recupere, o si todos llegaron y nadie está enfermo le enviamos todo el amor a los papás, abuelos, al papa o al presidente. Se tratan de ejercicios de pura bondad o compasión, donde más que sembrar esa semilla lo que hacemos es irrigarla", detalla Barbosa.

El experto asegura que la atención plena es apta incluirla desde los primeros años de vida. En España desde hace unos años forma parte del plan de estudios en instituciones públicas y privadas. Proyectos más desarrollados se ven en Australia y Estados Unidos. En nuestro país se limita a algunos centros privados.

A casa

El gran reto de trabajar estas técnicas en el niño no está en el propio niño, sino en su entorno, en su familia. Darle durabilidad a este tipo de práctica es complejo cuando en casa no se conoce de ellas, lo mismo sucede con lo aprendido en cualquier otra materia.

"Ellos llegan a pedirles eso (practicar mindfulness) a los padres. Lo que significa que el niño lo está apreciando, no lo está haciendo por repetir, algo le gustó", asegura el experto quien tutela la ejecución de este método en una guardería.

Es de esperarse que a tan corta edad el niño no pueda explicar que sintió una gran calma en el pecho o que se percibe equilibrado, pero hablan y relacionan las cosas, por ejemplo, dicen "me sentí como flotando en las nubes" es aquí donde entra el experto para lograr interpretar esas relaciones que salen a la luz después de cada práctica.

El mindfulness también funciona como apoyo al trabajo de otras disciplinas como la sicopedagogía y la sicología.

Rompiendo cadenas. La implementación del mindfulness en entornos conflictivos ayuda a romper cadenas de agresión como el conocido bullying.

El estar en el presente les ayuda a controlar más esa ansiedad, lo que sí hay que tener claro es que el mindfulness no quita la ansiedad o el enojo, esos sentimientos son parte de nosotros; lo que alcanza la atención plena es autoregular ese enojo.

Cortar con las cadenas de agresión como el bullying es uno de los factores que más se ha estudiado, detectando una reducción bastante significativa.

"Todo tiene que ver con autoconocerse. Si reconozco que estoy en este momento enojado o con mucha tristeza, que mi cuerpo está caliente y estoy temblando, solo ese momento de reconocimiento va a cambiar lo que va a pasar después", sentencia el experto.

Con la práctica constante se llega a tomar conciencia de lo que somos, de lo que sentimos, pero para llegar a ello se debe primero poner atención. Con niños funciona igual, solo que ellos no saben que son impulsivos, con ellos el resultado simplemente se empieza a ver.

En adultos se habla de una forma más abstracta, tenemos más capacidad de entrar a ese pensamiento, analizar, ver y llegar a conclusiones. El niño no, pero ello lo hacen por conducta. Si le repetimos una conducta varias veces y le seguimos repitiendo él va a seguir haciéndolo.

"Trabajar en niños no es complejo. Ellos no ponen resistencia, los adultos tiene toda una vida de historia, ellos no tienen obstáculos ni temores", concluye el Barbosa.

Fuentes:

Allan Barbosa, experto del Centro Costarricense para Mindfulness (Tel: 2228-6562) / Sociedad Mindfulness y Salud, www.mindfulness-salud.org