Andrea González Mesén.17 septiembre

Todas las personas tenemos autoestima. Aquello de un alta, baja o media debe quedar atrás. Es casi imposible medir como si de una cinta métrica se tratara. Lo que sí se puede trabajar es la calidad de esa autopercepción.

El autoestima es la forma en que una persona se percibe y cuantifica su valía. Este concepto sobre sí mismo, se crea a partir de los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias, respecto a su interacción con el medio (ambiente familiar, social, laboral, educativo) y la aceptación que perciba.

El siquiatra Óscar Barquero explica que se forma por una interacción de nosotros mismos y el entorno. De esa conciencia de quién soy, qué tanto me critico, qué tanto tolero las situaciones en las que no me siento amado y qué tanto me acepto.

Los problemas de autoestima aparecen al dejar en manos de otras personas la construcción de ese concepto. El sicólogo Carlos Bonilla explica que la inseguridad se refleja al dejar que la valoración de otros influya más que la autovaloración.

Explica que esa necesidad de aprobación y validación de nuestra propio concepto a través de los demás viene desde la crianza. Los niños dependen de la guía de sus padres y se verán atravesados por sus opiniones y valoraciones: que lindo, no tiene derecho a hablar, su percepción siempre es errónea, sus notas son malas, no es buen estudiante... A partir de aquí el autoconcepto va por mal camino.

“Tener valor y confianza en las cualidades y capacidades de uno mismo lo llevarán a cruzar curvas de aprendizaje que mejoran la autovaloración, atención y permiten mayor concentración. Por el contrario, quedarse en el círculo de no puedo o el usted no es capaz, hundirá a la persona”, afirma Bonilla.

El sicólogo lamenta que el autoestima esté ligado al concepto básico del narcisismo donde se busca solventar las expectativas que tienen los otros de uno y busca responder a la pregunta ¿qué quiere el otro de mí?

Esta búsqueda de complacer se exacerba en las mujeres al cargar vínculos relacionados con el género como los papeles de cuidador y sumisión, que claramente pueden deformar el autoestima. Esta carga de roles y la necesidad de cumplirlos a la perfección provoca que las mujeres coloquen en el último puesto de la fila de prioridades sus propias necesidades, su autovaloración.

No lograr la “tarea” se convierte en una nueva arma de ataque, que nuevamente lesionan el autoestima.

“En ese momento es necesario que la persona esté segura de sí misma, y que no se base en lo que dice su marido o su compañero de trabajo y aferre sus valoraciones a los conocimientos adquiridos en su vida”, afirma Bonilla.

¿Belleza?

Los bombardeados por la búsqueda del perfeccionismo físico han dado mayor valor a cómo nos vemos, y han dejado de lado lo que realmente vale el ser humano, generando insatisfacción personal.

Un reciente estudio realizado en Chile por la fundación La Rebelión del Cuerpo, con relación al auto estima arrojó que son las entrevistadas de entre 18 y 25 años quienes presentan promedios menores de satisfacción con su apariencia física y satisfacción con su atractivo sexual.

“Cuando basamos nuestra autovaloración en la belleza y aspectos físicos, nos vamos a ver destrozados en algún momento. La inseguridad, ansiedad y las relaciones con los demás se verán afectadas por no lograr cumplir con el ideal. Vivimos en la época de las cosas lindas, pero con los años todos envejecemos, cambiamos”, explica el sicólogo.

El experto afirma que es necesario sentirse y creerse bella, entender que no es la pareja la que dice si se ve linda o no. Es la mujer misma la que tiene que saber que debe que amar su cuerpo, que le pertenece a ella y que es la única que decide sobre su cuerpo. Al lograrlo, se consigue una autoestima saludable.

Como todo en la vida el exceso no es bueno. Tener exceso de autoestima puede llevar a la persona a engañarse, a entrar en conformismo, a tener síntomas de superioridad, de admiración excesiva y exagerada por sí mismo, por su dotes y aspectos físicos. Que a fin de cuentas son nido de problemas sociales.

Fuentes: Óscar Barquero, siquiatra, Torre Médica Momentum (tel.:2272-9455); Carlos Bonilla, sicólogo y sicoanalista, Torre Médica Momentum (tel.: 2234-5495); Débora Baum, máster en sicología clínica. Centro Médico Momentum Escazú (tel.: 2100-5044).