Mónica Morales.26 abril

Dolor en las plantas de los pies y talones, dolores de espalda baja, particularmente en la zona lumbar, que se alivian con la actividad física, y rigidez matutina en la espalda son algunos de los síntomas que los pacientes con espondilitis anquilosante experimentan y que frecuentemente confunden con otras enfermedades.

“El desconocimiento de la enfermedad hace que muchas personas no tengan un diagnóstico apropiado; visitan al especialista incorrecto o se automedican en un intento por disminuir el dolor, sin lograr una atención adecuada de su condición", explica la Dra. Yendry Rojas, Gerente Médica de Novartis para Centroamérica y el Caribe.

¿Qué es? La espondilitis anquilosante es una enfermedad crónica que causa dolor e inflamación en las articulaciones ubicadas entre las vértebras y las articulaciones sacroilíacas (la región donde la columna vertebral se encuentra con la pelvis). En ocasiones, los brazos y las piernas también se pueden verse afectados. Cerca del 70% de los pacientes con espondilitis anquilosante severa pueden experimentar una fusión vertebral, lo que reduce significativamente su movilidad y su calidad de vida.

¿Qué la causa? Las causas de la enfermedad aún no son del todo claras, sin embargo, se ha demostrado que está relacionada con la hiperactividad del sistema inmune y de manera directa, con la citocina IL-17A. Esta citocina es amplificadora de la inflamación del área en la que se unen el hueso y tendón.

¿Es progresiva? El progreso, así como los síntomas y la severidad de la enfermedad varían de paciente en paciente. En cualquiera de los casos, la detección temprana puede hacer la diferencia.

¿En quiénes es más común? Los primeros síntomas de la enfermedad suelen manifestarse entre los 17 y 35 años; solo el 5% de los pacientes presentan síntomas después de los 45 años. Además, la espondilitis anquilosante es 3 veces más común en hombres; las mujeres también pueden padecerla, aunque evoluciona más lentamente en ellas.

¿Cuál es el tratamiento? Aunque es una enfermedad que no tiene cura, un diagnóstico temprano puede prevenir tratamientos erróneos y disminuir la progresión de la enfermedad. Un reumatólogo es quien debe diagnosticar la enfermedad a través de la valoración de los síntomas, exámenes de sangre y radiografías. Iniciar el tratamiento médico adecuado puede minimizar los síntomas y reducir el riesgo de discapacidad y deformidad. Actualmente, existen tratamientos biológicos novedosos que pueden ayudar al paciente.